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Cultura

“‘Triple Concierto’ no es un concurso de piano, sino de la vida”: Valdés Kuri

Fotos de José Juan de Ávila y video de Natalia Plascencia

Claudio Valdés Kuri volvió a la UNAM después de su montaje del oratorio Juana de Arco en la hoguera, con otro espectáculo multidisciplinario que literalmente saca a los actores y los vuelve concurso y música de piano, en una sublimación de su frustración como pianista.

Triple Concierto, escrita por él en su tercera colaboración con Mónica Hoth, se estructura a partir de una competencia de piano, con músicos reales que tocan fragmentos de los conciertos más famosos del instrumento: los de Grieg, Beethoven, Tchaikovski, Mozart…

Ambos autores trabajaron alrededor de siete meses con Edwin Calderón, Sasha Cortés, Sebastián Espinosa Carrasco, Konstantin Evmenkin, Mario Mendoza y Naomi Ponce de León, un elenco de músicos profesionales de conservatorio que hacen de esta sátira sobre la visión de la cultura mexicana, la competencia, una divertida lucha por hallarse a sí mismos.
El resultado simplemente es magistral, magnífico, un master class de artes escénicas y de música para piano.

Claudio Valdés Kuri, en su casa con piso diseñado por Francisco Toledo.
Claudio Valdés Kuri, en su casa con piso diseñado por Francisco Toledo.

El director de escena, músico, cineasta y terapeuta conversa sobre su Triple Concierto, que expande el escenario del teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario, donde se presenta de jueves a domingo del 23 de agosto y al próximo 13 de octubre.

—Triple Concierto es un pendiente que tú traías con el piano, me parece.
– Yo fui estudiante de piano de adolescente con Erika Kubacsek, una muy importante músico, que hizo mucho por la música en México, mucha gente se formó en la música y el canto con ella.  Yo me formé con ella pero llegué tarde al piano, de tal manera que mis manos no dieron para ello, sin embargo es una fascinación que tengo por este instrumento, y le encontré una salida que es a través de esta obra. Triple Concierto emula o articula un concurso de piano en sus fases tradicionales, que son eliminatorias, piano solo, piano trío y piano y orquesta. Y en este contexto se dan todas las relaciones humanas que ocurren en un encierro, como son los concursos de música o los Juegos Olímpicos, en los cuales no nomás estás solo, sino que el contrincante, la familia, los amigos, los maestros se vuelven parte de una comunidad que interactúa y puede alterar, favorecer o enriquecer el resultado.

Es tu tercera obra escrita en colaboración con Mónica Hoth. ¿Cómo lograste atraerla hacia este mundo tuyo que es el del piano, el de la frustración por no haber llegado a ser pianista? ¿Cómo logras esa comunión con ella?
– Mónica Hoth es una muy importante autora, sobre todo de público joven, ha ganado varios premios de dramaturgia nacionales y sus obras siempre están montándose, como Martín y los hombres pájaros, que es una obra que siempre está en algún lugar representándose. Yo me senté con ella para hacer El Quijote, vencedor de sí mismo, la primera obra que hicimos juntos, justamente porque se buscaba un público joven. Después Baja la voz, que tenía un tema familiar, las familias ensambladas, y para esta obra, Triple Concierto, la invité por dos cosas: primero, por su poesía, la manera en la que escribe, entiende muy bien el lenguaje cotidiano, sabe muy bien bajar a palabras cotidianas las cosas que yo quiero decir; y luego fue invitada a participar en un proceso creativo de hacerlo en construcción, de laboratorio; la obra se hizo en un laboratorio con seis músicos durante seis meses. El texto, Mónica y yo teníamos la estructura de un concierto, había ciertos temas de los que se quiere hablar, pero lo demás fue alimentado con la vida misma de los músicos, que participan utilizando su biografía y citando las biografías de otros.

Eso como que es muy voyerista. Digo, el elenco no es de actores, sino son músicos.
– Son seis muy buenos músicos, cinco mexicanos y un ruso. Y fue un intenso trabajo de seis meses de estar explorando sus facetas, como músicos, como jueces, aunque no lo son, pero han estado expuestos a maestros y jueces; cómo será un juez, su maestro, por decirlo así. Y de ahí se fue nutriendo y salió toda la anécdota. O más bien: las interrelaciones que se dan. Todos tienen un poco de ellos pero con el volumen muy ampliado, es decir pueden tener como la gesta de un tipo de carácter que en la obra de teatro tiene que amplificarse, porque las grandes emociones son para el escenario.

¿Esta obra la empezaron a concebir y escribir antes de Juana de Arco en la hoguera?
– Después. La empezamos propiamente a escribir en enero, que empezaron las últimas audiciones, hicimos talleres audiciones para elegir a los músicos. Y ahí empezamos a preconcebir el texto, algunas escenas, textos fueron sometidos a ellos, algunos son nada más provocación, pero realmente fue a la par con ellos, de tal manera que un día antes del estreno estábamos entregando la escena final, a ese grado. Porque no había que enterarles del final, es un concurso, ellos tienen que sentir que están concursando. Yo por mí les habría dado la obra el último día, pero no, se las dimos el penúltimo día, para que me entiendas cómo funcionó este laboratorio. Realmente fue a partir de entregas.

De hecho, eso se ve en el juego de la botella, porque ahí hay azar, a quien le toque, tiene que improvisar.
– Exacto. Así es. Ahí tocas un punto interesante, porque los trabajos que hemos hecho, hay algunos que requieren una exactitud absoluta como El automóvil gris, que es una película que va corriendo y las actrices hacen el soundtrack en vivo, entonces tienen que ser de una precisión absoluta, porque tienen que mover la boca igual que el actor que está en pantalla, no hay tanto rango de improvisación. Pero yo creo que la frescura de la improvisación, de lo vivo es muy importante en la puesta en escena. Y lo que he hecho en esta y otras obras es que hay como un sistema de reglas, hay unas reglas las cuales todos tienen que cumplir, pero dentro hay mucho campo de improvisación, de actualización, de novedad. En esa escena de la botella, hay ciertos textos básicos, que tienen que salir, el resto es lo que se trae ese día, ese tipo de frescura es muy importante para un montaje. Es una mezcla de exactitud, el piano tiene que ser exacto, las notas tienen que ser precisas, porque además estás con una orquesta, pero en el texto se pueden jugar muchas cosas.

Y al final cada función tendrá así que ser diferente dependiendo de a quién apunte la botella.
– Claro, ahí será donde cae.

Valdés Kuri ante una pieza de Javier Marín
Valdés Kuri ante una pieza de Javier Marín

Sólo he visto tres obras que has montado tú, la ópera El juego de los insectos, Juana de Arco en la hoguera y ahora Triple Concierto, que además es de tu autoría. Y lo que a mí en lo personal me impresiona mucho es ese dominio que tienes del escenario y su expansión, esta última obra se me figura la más ambiciosa en ese rubro. ¿Por qué te interesa expandir el escenario, sacarlo de espacio tradicional?
– No sé, a lo mejor tiene que ver con mi educación y mi naturaleza. Pero sí, para este asunto de la escena expandida, me parece muy interesante decir que no nada más es el escenario, siento la necesidad propiamente de llevarlo a otros lugares del edificio teatral, ahora no fue posible, pero sí pensamos en la posibilidad de un intermedio para esta obra, y que la gente saliese en el intermedio como ocurre en los concursos a esperar el resultado, lo hicimos de otra manera y porque el tiempo no daba, pero sí había esa intención, y de alguna manera ocurre también, la escena está extendida a las butacas en esta puesta en escena.

También me refiero a esta inversión que haces del mismo espectador, de repente el público ya no está al frente del telón, sino tras bastidores.
– Así es, ciertamente. En este caso de Triple Concierto es un mundo muy conocido para mí, lo viví desde muy niño, estaba en un coro sinfónico, que también dirigía Erika Kubacsek, y ese asunto de estar en las orquestas, estar en los teatros, adelante, atrás, es un mundo muy conocido, y es interesante develarlo, que el público vea por detrás qué está ocurriendo. Estamos viendo qué ocurre realmente en sus vidas, porque lo hacemos entre fase y fase del concurso, en las cuales se ve cómo interaccionan, cómo se dan las amistades, las enemistades, los amores, pero también estamos ahí develando su interior. Y también conoce uno el backstage, estamos viendo desde las piernas, desde las bambalinas, como se suele decir, al fondo de una escena, todo lo que ocurre atrás, que lo que ocurre atrás muchas veces es más interesante que lo que ocurre enfrente, todo lo que se arma atrás para que funcione una obra de teatro, un concierto, puede ser muy sorprendente. En esta misma obra, hubo 27 problemas en el estreno, y un equipo de 40 personas atrás solucionándolos para que funcionara, mientras que enfrente tú ves a una persona tocando una obra de Chopin sin mayor problema, pero atrás está ocurriendo todo. Es sumamente interesante, a todos los niveles, a nivel acción, hasta de comedia, y hasta nivel interior.

—Bueno, ahora hasta los tramoyistas terminan participando de la escena.
– Vaya que sí.

Otra cosa que me gustaría abordar es la temporalidad en Triple Concierto. Tú estudiaste cine y la última escena es sumamente cinematográfica, de tres planos en diferentes tiempos, porque los tres conciertos no pueden ocurrir simultáneamente, salvo en esta puesta en escena tuya.
– Lo captaste perfecto. De hecho, a la obra la concebimos como una especie de documental, y por eso hay varias escenas en las que se presenta el actor supuestamente hablando a cámara e informando, que de otra manera no habría encontrado la manera de informar esas cosas. Habla un juez, el director de la orquesta, cada uno de los chicos, en un formato de documental. Y ciertamente viendo documentales de concursos de piano, pues cortan de un concierto a otro, del de Grieg al de Beethoven o de Tchaikovski, y vas cortando de uno a otro.

Con perdón de usar un género, que ya están un poco anquilosados los géneros en las artes escénicas en la actualidad, yo veía Triple Concierto como una sátira de la cultura mexicana, de la misma frustración, me hablas de tu frustración como pianista, y ahora la sublimas en esta obra. ¿En qué género circunscribirías Triple Concierto?
– Fíjate que yo nunca me preocupo mucho del género, creo que el género lo impone mucho el intérprete, por qué, porque se crea con el intérprete. Y el mexicano, en efecto, tiende mucho a la comedia, a la sátira, a la ironía, está muy en nuestras venas. Entonces creo que en muchas obras he puesto el género por el elenco mismo, otras según la temática, han sido más serias, más dramáticas, pero en este caso sí tiene un tinte de comedia curioso pero por esta cosa de reírnos de nosotros mismos, que existe mucho, ya sabemos que en México cualquier tragedia pronto se convierte en un chiste.
Sin embargo, cada uno de los seis participantes del concurso personifica una manera de acercarse a una situación límite o a un concurso, porque no estamos hablando de un concurso de piano, es el concurso de la vida, la competencia de la vida, tan solo en el ámbito universitario todo es competencia, en el académico, por supuesto en el deportivo, estamos muy expuestos a la búsqueda del mejor, que es un poco absurdo pero tiene sus partes buenas. La obra en realidad habla del escuchar, qué decidimos escuchar, lo que escuches va a definir tu manifestación, definitivamente, si te llenas de miedo, miedo es lo que se verá manifestado de tu parte. Estamos en un tiempo en que parece que no hay filtro para escuchar lo que sea. Como nunca estamos expuestos a una cantidad enorme de impulsos. Todo entra sin filtro, y entonces estamos llenos de sensaciones, pensamientos, acciones, palabras, que yo diría que no son nuestras. La obra es una invitación a decidir qué es lo que escucho de esa realidad, o a eso que llamamos realidad, y por tanto qué resultados, qué manifiesto, qué vivo, que hago, qué pienso. Ese es el gran enunciado de la obra. Uno de los personajes habla siempre de Nikola Tesla y las vibraciones, está comprobado que según como vibres el pensamiento se materializa. Si entiendes la vibración, dice el Kybalión, eres el dueño del poder, tienes el cetro del poder.
El personaje de Mario ve eso, digamos que es el pensamiento más sutil de la obra, pero hay también la competencia por encima de todo, por encima de las relaciones, del amor: yo voy a ir y no me voy a detener, también tiene su parte buena, porque ninguna cosa es totalmente negra y totalmente blanca. Porque también el humano ha logrado cosas que no habría podido sin la competencia. Sin ese contexto de competencia no habríamos llegado en el 69 a la Luna. La competencia tiene algo también valioso.
Pero vivir en la competencia también es de cuidarse. Un personaje dice: “Este concurso me dio más de lo que yo pensaba, porque me di cuenta que no quiero hacer esto, pero por fin en esta situación límite, me doy cuenta de que lo que amo es otra cosa, y sólo dedicarme toda mi vida para demostrarle al otro que soy mejor, no es lo mío. Esa persona descubre su ganancia, a través de descubrir sus reales necesidades. Hay muchos que están haciendo algo sin saber por qué lo hace. Cuando son niños, los pianistas o músicos, o lo ves mucho en el deporte, alguien decidió por ellos, se les metió a clases desde niños, y son adultos que están haciendo piano porque no saben hacer otra cosa, pero ninguno se ha planteado seriamente: si no hago piano qué hago, como dice uno de los personajes.

 De ‘Triple concierto’. Crédito Barry Domínguez
De ‘Triple concierto’. Crédito Barry Domínguez

¿Es el personaje más parecido a ti?
– Pues sí, de alguna manera. Todos tienen algo de mí y de Mónica, también mucho. Por ejemplo, este personaje está en el deber y el querer, aunque no, yo elegí el arte porque yo lo elegí, nadie eligió por mí, pero sí me podría ver reflejado en él en el deber y el querer (…) Juntar el deber y el querer da un inmenso poder, y da otra manera de abordar la vida. Ese es un personaje muy interesante, que es el que junta los pianos, tiene que juntar su deber y su querer, como en las cartas del tarot, que está el carro, está el conductor conduciendo dos caballos bizcos, uno es el deber y otro el querer, y cómo los juntas, ese es el gran problema de la vida, cómo juntas el deber y el querer.
Perdona la galería de personajes, pero hay dos más, uno que es el que ya se encuentra con las limitaciones físicas, ya no le dan, ya no le dan, y eso ocurre muchísimo; y ahí vienen otros chicos de 11 años, 14, que ya lo hacen mejor, no digo que la interpretación sea mejor, pero técnicamente pueden más, se da mucho por supuesto en la danza, llegados ciertos años, sobre todo en la danza muy clásica como el ballet, pues ya hasta ahí dio el cuerpo y las limitaciones físicas. Y luego los que no saben qué quieren en la vida, que hay muchos, y digamos que los grandes ejércitos están llenos de eso, pues donde sea mejor, donde caiga, tengo talento para esto y otras cosas, pero donde caiga, otro de los personajes habla de eso, le preguntan: “Si no fueras pianistas, ¿qué serías?” “No sé. ¿Tienes algo para mí?” Falta ese matiz que hace el cambio de un oficio y el artista que devela otras cosas de la realidad, porque el arte lo que hace es que revelar otros aspectos de esta realidad elegida.

En el caso de la danza que platicabas, hay una parodia en tu obra que tiene nombre y apellido, o yo lo estoy interpretando, y es una crítica a cómo se ve la cultura desde México. Si se triunfa en Alemania o en Inglaterra…
– Sí, es así. Ojalá sólo habláramos de México, pero en realidad existe esto de siempre estar volteando al otro y pensar que el otro es mejor, el concurso de afuera, el concurso del norte. Y es una falacia rarísima. Yo lo pienso como director de teatro, que por muchos años volteé al resto del mundo y viajé muchísimo, con esa intención, y te das cuenta que el público es el público. ¿Qué público es mejor? Si se trata de transmitir un mensaje, ¿quién va a ser mejor qué otro? Pero esta cuestión de pensar que el en otros países es mejor, es muy común en todos los ámbitos y en muchísimos países.

En esa escena irremediablemente uno piensa en Elisa Carrillo e Isaac Hernández, por todos los elementos que hay en esa parodia de Triple Concierto.
– Bueno, la palabra malinchista, empecemos por ahí; estás volteando a otro lugar, y siempre va a ser mejor lo europeo. Sí hay parámetros, claro, entre más reconocido estés, tienes más valor, si eres reconocido estás hablando de que tu trabajo está siendo eficaz, está dando eficacia, pero siempre estamos pensando que lo de afuera es mejor.

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