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Cultura

Melville apantalla en su centenario a cinéfilos

Foto: Especial

En Au bout de souffle (Sin aliento, Godard, 1960), la bellísima Jean Seberg se hace pasar por reportera y participa en la rueda de prensa de aeropuerto de un filósofo rumano que llega a París, monsieur Parvulesco, que no es otro que el director, productor y actor francés Jean-Pierre Melville (1917-1973).

¿Cuál es su más grande ambición en la vida?”, pregunta Patricia Franchini a M. Parvulesco, con su encantador acento que la consagró como voceadora del New York Herald Tribune en Champs Elysées.

Volverme inmortal… y después morir”, contesta el filósofo al que encarnó uno de los más influyentes cineastas franceses de todos los tiempos, a quien la Cineteca Nacional y la embajada de Francia en México han dedicado una retrospectiva con toda su filmografía en conmemoración de su centenario.

El ciclo «Todo Melville» arrancó la noche del martes 17 de octubre con Sous le nom de Melville (Bajo el nombre de Melville, Olivier Bohler, 2008), el primer documental sobre este realizador que consideraba justamente al nombre como “un barniz moral que uno porta siempre” y que influyó no sólo directamente en la Nouvelle Vague de Jean-Luc Godard, Claude Chabrol o François Truffaut, que se lo colgaron como santo patrón, sino su repercusión puede rastrearse en las películas de culto de cineastas estadounidenses como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Jim Jarmush o Quentin Tarantino.

El documental, presentado en la Cineteca Nacional por el mismo Bohler, aborda las repercusiones que tuvo la Segunda Guerra Mundial y la lucha de la Resistencia francesa en vida y filmografía de Melville, en la que la amistad y la lealtad son valores supremos, incluso entre los gángsters y otros delincuentes.

La naturaleza humana es corrupta y tenemos que tolerarla”, dice Jean Paul Belmondo, en Léon Morin, prêtre, la película de 1961 de Melville. “Larga vida a los mafiosos”, exclama otro de sus antihéroes. “El ejercicio de la prostitución mide el nivel de la civilización”, sentencia el mismo realizador parisino e inmortal convertido en un reportero francés en Nueva York en Deux hommes dans Manhattan (1959).

Ya en septiembre se presentó en Cineteca el extraordinario documental de tres horas Voyage à travers le cinéma français (Viaje a través del cine francés), de Bertrand Tavernier, quien rinde un larguísimo y profundo homenaje-retrato a su maestro de juventud, el primero con el que trabajó en su vida, no exento de críticas. Melville, cuenta Tavernier, tenía dos caras: era encantador, apasionado y un narrador extraordinario; pero en el plató era el hombre más dictatorial del mundo, que causaba pavor al equipo.

Las cintas de Melville, como bien recuerda Tavernier, son esencialmente policíacas, alimentadas por la fascinación que tuvo desde niño por el cine estadounidense negro. Para sus gángsters, antihéroes y prostitutas, contó con Jean-Paul Belmondo, Alain Delon, Gian María Volonté, Yves Montand, Lino Ventura, Michel Piccoli; o del lado femenino Simone Signoret, Catherine Deneuve y Stefanía Sandrelli.

Durante la presentación del ciclo, Nelson Carro, director de Programación de Cineteca, hizo una semblanza de Melville. “Cinéfilo desde su infancia, era un gran admirador del cine clásico estadounidense y de su efectividad narrativa. Después de un inicio un tanto titubeante –ya que ni en Los niños terribles (1950), sobre la obra teatral de Jean Cocteau, ni en el melodrama romántico Cuando leas esta carta (1953) es posible descubrir  las constantes temáticas y estilísticas de sus obras posteriores– encuentra su propio camino en Bob, el jugador (1956): una historia policiaca ambientada entre gangsters, jugadores y borrachos, un atraco perfecto que no sale como estaba planeado y una serie se estereotipos que serán desarrollados en sus mejores películas de los años sesenta”, indicó Carro.

Morir matando (O El confidente 1962), Hasta el último aliento (1966) y El samurái (1967) están ambientadas en el mundo del crimen y pobladas por personajes cuyo comportamiento está regido por estrictas reglas morales y condicionado por un cierto fatalismo. En El samurái, protagonizada por Alain Delon, el universo de Melville está construido con una precisión casi matemática y estilizado al máximo; mientras El ejército de las sombras (1969) es la tercera incursión del director en los años de la Ocupación, después de El silencio del mar y Un cura / Léon Morin, sacerdote (1961), pero a pesar de estar basada en hechos y personajes reales, se encuentra más próxima a sus thrillers negros que a una epopeya heroica”, abundó el funcionario de la Cineteca Nacional y crítico de cine.

Creo que comete un grave error de psicología; nada puede modificar la naturaleza profunda de un hombre”, dice uno de sus personajes en esos escasos diálogos de las películas del cineasta francés, siempre literarios. “El silencio nunca traicionó a nadie”, sostiene Belmondo en otro de los filmes.

Jean Pierre Grumbach nació en París el 20 de octubre de 1917, dentro de una familia alsaciana de origen judío, pero en la década de los 40 adopta el apellido que lo haría famoso por la admiración que sentía por Herman Melville, curiosamente no tanto por Moby Dick sino por Pierre; or, The Ambiguities.

Comparada con Chabrol, por ejemplo, la filmografía de Melville puede parecer escasa, pero en ella se cuentan varias de las obras de culto del cine, incluso desde sus primeros trabajos como Les enfants terribles, de 1950, basada en la obra de Jean Cocteau, y que incluso contó con la voz del dramaturgo.

Sus filmes son Ving-quatre heures de la vie d’un clown (24 horas en la vida de un payaso), Le silence de la mer (El silencio del mar), Les enfants terribles (Los niños terribles), Quand tu liras cette lettre (Cuando leas esta carta), Bob, le flambeur (Bob, el jugador), Deux hommes dans Manhattan (Dos hombres en Manhattan), Léon Morin, prêtre (Léon Morin, sacerdote), Le doulos (El confidente), L’aîné des Ferchaux (El guardaespaldas), Le deuxième souffle (Hasta el último aliento), Le samouraï (El samurai), L’armée des ombres (El ejército de las sombras), Le cercle rouge (El círculo rojo) y el último, de 1972, poco antes de su muerte el 2 agosto de 1973, Un flic (Crónica Negra o El policía).

La retrospectiva oficialmente comienza este miércoles 18 de octubre en Cineteca Nacional con Le cercle rouge (1970), con Alain Delon, André Bourvil, Yves Montand y Gian Maria Volonté, y Le silence de la mer (1949), con Howard Vernon y Nicole Stéphane; el jueves está programada Les enfants terribles (1950), con Nicole Stéphane, Edouard Dermithe, Renée Cosima y Jacques Bernard.

Le Cinéma del Instituto Francés de América Latina (IFAL) también conmemorará a este cineasta cuya máxima ambición era ser inmortal y después morir. Este miércoles 18 se proyectará a las 11 am el documental de Olivier Bohler y a las 12:30 este cineasta ofrecerá una master class, ambos gratuitos.

Durante noviembre, parte de la retrospectiva podrá verse en Le Cinéma IFAL, en la calle de Río Nazas 43, colonia Cuauhtémoc, indicó Clémentine Mourau-Ferreira, agregada audiovisual de la embajada de Francia, que patrocina el ciclo junto con la Cineteca Nacional y la fundación Jean Pierre Melville.

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