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Cultura

Francisco Sosa: El esbozo histórico de un lugar llamado Coyoacán

Francisco Sosa, un esbozo histórico de Coyoacán
Foto: Especial

Coyoacán es uno de los sitios más atractivos de Ciudad de México en la actualidad. En las distintas colonias de esta Alcaldía convive infraestructura moderna junto a vestigios de aquellas épocas doradas en donde esta zona de la ciudad era “las afueras” y fungían como espacios de dispersión para muchas familias a inicios del siglo XX. Sin embargo, también sobreviven vestigios de las etapas prehispánicas, virreinales y de la Reforma.

Ejemplo de ello es el centro de Coyoacán. En este pequeño espacio es posible observar la casa de Hernán Cortés, edificio que hoy funge como albergue de las oficinas principales del gobierno de la alcaldía, teniendo como su explanada parte del Jardín Hidalgo, en donde luce un quiosco que data del porfiriato y se junta con el atrio de la iglesia de San Juan Bautista la cual también data del siglo XVI.


Cruzando este, rumbo al Jardín Centenario, inicia el trazado de la calle Francisco Sosa, una de las calles más representativas de la historia de la vieja villa. La calle ha tenido distintos nombres desde su origen. Primero fue conocida como la Calle Real de Santa Catarina, posteriormente bajo el nombre de Ayuntamiento, después como el Paseo de Iturbide y hasta entrado el siglo XX como Avenida Juárez.

El jueves 20 de diciembre de 1990, Coyoacán hizo de una de las páginas del Diario Oficial de la Federación (DOF) una página escrita “con letras de oro” en su propia historia, dado que se publicó el decreto que declaraba una zona de monumentos históricos en la Delegación. El documento firmado por el entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari, declaraba que 1.64 kilómetros cuadrados, el cual comprendía “86 manzanas que comprenden 50 edificios con valor histórico, construidos entre los siglos XVI al XIX”.

Entre esos espacios e inmuebles, se mencionan en el decreto, se encuentran algunos lugares emblemáticos de la hoy alcaldía como los ya mencionados, anexando la plaza “de la Conchita”. Sin embargo, la mayoría de propiedades consideradas “monumentos” se encuentran en la calle que hoy nos atañe, puesto que se especificó la dirección de más de 20 de ellos, lo cual le suma importancia y la destaca de otras pertenecientes a la demarcación.

El nombre que desde 1951 ostenta hasta la actualidad es en honor al escritor y biógrafo Francisco Sosa, quien viviera en la casa marcada con el número 38.

Pero ¿Quién fue este personaje?

Fotografía de: Iconoteca Nacional, Icoavs, AML
Foto: Internet

Francisco Sosa fue un periodista, historiador y biógrafo que nació en Campeche el 2 de abril de 1848. Con apenas 16 años inició su participación en el diario La Esperanza de Mérida, Yucatán, donde también estudió filosofía y derecho. Durante esta etapa fue cuando se relacionó con personajes importantes de la literatura mexicana del siglo XIX, como Ignacio Ramírez El Nigromante y con el poeta Juan Mateos.

Posteriormente viajó a la ciudad de México, en donde continuó con la labor periodística en publicaciones como El Federalista, La Juventud Literaria, El Nacional y la Revista Nacional de Letras y Ciencias. En la década de 1870, Francisco Sosa se declaró militante del Partido liberal, iniciando directamente su participación en la política. Uno de los legados que dejó para la ciudad de México, aún disfrutable, fue la idea de colocar estatuas de personajes históricos sobre una avenida, de manera que cada entidad federativa tuviera una representación de dos monumentos en esta, teniendo el apoyo de Porfirio Díaz. Hoy esa avenida es conocida como Paseo de la Reforma.

En su etapa adulta, Sosa ocupó la silla V de la Academia Mexicana de la Lengua a partir del 31 de marzo de 1892, ocupando posteriormente el puesto de Director de la Biblioteca Nacional de México del 19 de marzo de 1909 al 26 de octubre de 1912, cuando decidió dejar el cargo por problemas de salud que se incrementarían junto a los económicos hasta el día de su muerte el 9 de febrero de 1925 en Coyoacán, siendo enterrados sus restos en el panteón del pueblo de Xoco.

Un recorrido por Francisco Sosa

Recorrer esta calle es recorrer varias de las etapas de Coyoacán que en ocasiones chocan entre sí. En el inicio de la misma se encuentra la “Casa” de Diego de Ordás, militar español que participaría junto a Cortés en la conquista de Tenochtitlan, conocido también por ser el primer europeo en subir al Popocatépetl, de acuerdo con las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, y por su travesía por el río Orinoco, en Sudamérica. El actual edificio, ubicado frente al Jardín Centenario, data del siglo XVIII por lo que las posibilidades de que el conquistador español haya vivido en ese lugar son nulas, sin embargo, la antigüedad del inmueble hace que posea un valor histórico para el lugar.

Sobre esta importante calle del corazón de Coyoacán se levanta también la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles, nombre que rinde homenaje a uno de los artífices del sistema político y electoral que rigió a México durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX. Este nombre no es casualidad, sino que responde a que fue el presidente Miguel de la Madrid quien donó la propiedad para que fungiera ese centro cultural, sin embargo, la historia del mismo se remonta hasta la época del virreinato.

Esta casa se ubicaba levantaba en el antiguo lugar llamado Izotitlán. Para 1780, la propiedad pertenecía a Juan de Luna Celis, quien instaló en el lugar una fábrica de papel. El movimiento de independencia volvería a causar cambios en el lugar, pasando la propiedad a manos de la familia Espinoza de los Monteros, una de las familias acaudaladas de Coyoacán junto a los Cosío, Dubernard y los Armida, quienes pasarían a ser los inquilinos de esta casa en 1912.

El regiomontano, Francisco Armida García fue quien vivió en este lugar con su esposa Concepción Cabrera, quienes contrajeron matrimonio en 1885. Estos procrearon a 9 hijos, siendo Manuel Armida Cabrera quien se dedicaría a la vocación eclesiástica. Esto no era casualidad, dado que doña Conchita Cabrera, mujer originaria de San Luis Potosí, siempre fue apegada a la religión católica, llegando a manifestar que había tenido una visión del purgatorio y del Sagrado Corazón de Jesús, de quien recibió el mensaje de que su misión era “la de salvar almas”. El apego a la religión fue tal que tuvo su recompensa en 2018, cuando el papa Francisco la ungió como la nueva beata mexicana.

La ubicación de la casa puede no haber sido fortuita, dado que delante de ella se levanta la iglesia de Santa Catarina de Siena, que dio nombre al barrio en su tiempo, datado del siglo XVII. No obstante, como otros sitios, han sufrido transformaciones, especialmente después del periodo de Reforma y las revoluciones mexicana y cristera, quedando aún algunos vestigios de su pasado, pero con una presente identificación con los vecinos de la zona.

Las historias de la calle Francisco Sosa no paran, así como los sitios emblemáticos. Al avanzar sobre esta calle, también podemos encontrar “La Casa del Sol”, dado que existe esta figura incrustada en la pared y en donde cuentan que Venustiano Carranza redactó el primer borrador de la Constitución de 1917, documento que consolidó muchas de las demandas del movimiento social armado de 1910 y que aún sigue siendo base de la actual política mexicana.

Otro edificio importante es la “Casa de Pedro de Alvarado”, en donde supuestamente vivió el conquistador, sin embargo, este dato es falso dado que la antigüedad del inmueble no es tan grande. No obstante, este no pierde relevancia, dado que pertenece a las construcciones del siglo XVIII, ornamentada con técnicas árabes a través de la influencia andaluza y morisca que también podemos observar en algunos de los edificios del centro de la CDMX (Museo de la Fotografía, República de Guatemala 34, Centro Histórico; inmueble ubicado en Isabel la Católica esquina con Av. 5 de Mayo).

En este lugar vivió la arqueóloga Zelia Nutall, desde la primera década del siglo XX hasta su muerte en 1932, junto a su hija Nadine describiendo a Coyoacán como un lugar donde podía contar “con alimentos, una tranquilidad perfecta y maravillosa, un gran jardín y una casa espaciosa pagando un alquiler muy bajo comparándolo con California”. Sus investigaciones fueron dedicadas a comprender el posible origen geográfico de los mexicas (Aztlán) y aspectos de la vida cotidiana como la vestimenta y utensilios militares, sin embargo, también dedicó esfuerzos hacia otros grupos culturales como los mixtecos, siendo reconocido este trabajo al “bautizar” uno de los códices que estudió como códice Zouche-Nuttall. Hoy el lugar es ocupado por la Fonoteca Nacional.

Al final de la calle, en los límites de la alcaldía Coyoacán con la alcaldía Álvaro Obregón, se encuentra la entrada del camino que conectaba al pueblo de Coyoacán con el de San Ángel. En una de las esquinas que hoy se forman del cruce entre Francisco Sosa y Avenida Universidad se encuentra la capilla de San Antonio de Panzacola.

Esta data de finales del siglo XVII, siendo una de las más antiguas del lugar. La historia de la construcción de la misma se desconoce, sin embargo, hay una leyenda que cuenta que por la zona deambulaba un grupo de asaltantes, los cuales fueron apresados para recibir un juicio por sus actos; en ese momento, la madre de uno de ellos pidió a San Antonio que protegiera a su hijo para que no recibiera la pena capital, siendo el único en no recibir este castigo, por lo que en agradecimiento de ese milagro, la madre mandó a construir el pequeño centro religioso.

El lugar a la vez, es escenario de una de las primeras pinturas del artista italiano Eugenio Landesio en México: “El puente de san Antonio en el camino de San Ángel, junto a Panzacola”. Esta pintura, que actualmente se encuentra en exhibición dentro del Museo Nacional de Arte (MUNAL) en la Ciudad de México, muestra una escena en la que varias mujeres se encuentran lavando ropa en uno de los cauces del río Magdalena que cruzaba justo detrás de esta iglesia. En la actualidad, esta parte del río continúa estando visible, sin embargo, la visible contaminación del agua que corre por el lugar impide que en este se realice cualquier actividad.

La calle Francisco Sosa puede ser considerada una de las más emblemáticas de Coyoacán y de la capital mexicana dada la cantidad de inmuebles históricos que en ella se ubican, pero, ante todo, por un sinfín de historias que en ella se han tejido y trascendido más allá de la vieja villa.

La arquitectura y el empedrado que acompaña a la calle aún causa que, por momentos, algunos de sus habitantes y vecinos de mayor edad aún relaten con la nostalgia del recuerdo de otros tiempos que los coyoacanenses saben que son imposibles que vuelvan, pero cuyos restos buscan preservar ante lo que hoy parece el final de esa etapa dado que esta zona ha sido alcanzada por el desarrollo inmobiliario, el cual justifica su accionar con la “modernidad” como en otros antiguos pueblos de la Ciudad de México.

Fuentes

Academia Mexicana de la Lengua (Página Oficial).

Diario Oficial de la Federación (DOF)

Alcalá Álvarez, Elsa Raquel, Coyoacán: una historia en el tiempo, un encuentro de fin de semana, Tesina, UNAM, Ciudad Universitaria, México, Mayo de 2004.

Barciela, Carlos, López, M Inmaculada y Melgarejo, Joaquín (Eds.), Los bienes culturales y su aportación al desarrollo sostenible, Universidad de Alicante, España, 2012.

Foulard, Camille, “Hacia los límites del cuerpo: Prácticas penitenciales de una mística católica en la revolución mexicana” en Trace, 72, Julio 2017, México, pp. 9 – 33.

Lara Barrera, Emmanuel, “Una aproximación a la historia de la vida de la rodela azteca (Chimalli) del Museo Nacional de Historia” en García-Alonso Alba, Lilian y Román Torres, Rosa Lorena (Coords.), Conservación de Arte Plumario, Conaculta , INAH, 2014

Reveles, José, “En Coyoacán llegó el PRI y arrasó hasta los recuerdos”, Proceso, 28 de noviembre de 1981

Ruiz Martínez, Apen, Zelia Nuttall e Isabel Ramírez: las distintas formas de practicar y escribir sobre arqueología en el México de inicíos del siglo XX, Cuadernos Pagu, 27, Brasil, julio-diciembre 2006, pp.99-133.

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