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Opinión

El trabajo doméstico precario en México

El trabajo doméstico precario en México
Foto: Cuartoscuro

Este texto tiene como finalidad develar cuáles son los factores que influyen en la crisis vivida dentro de la sociedad mexicana en lo que respecta al trabajo doméstico remunerado precario. Este análisis presentará una solución generada con base en las teorías feminista y marxista, debido a que, éstas son las más adecuadas de acuerdo con este problema profundamente arraigado en la sociedad mexicana. La importancia de este análisis recae en la necesidad social por un cambio en el paradigma económico y en las relaciones sociales, los cuales, durante el 2020 fueron el centro de la crítica por su ineficiencia para tener una estructura social y económica que posibilite el bienestar de los distintos individuos y sectores que integran la sociedad.

Para iniciar este análisis cabe aclarar qué se entiende por el uso del concepto trabajador doméstico remunerado: es la persona que recibe un salario por realizar las actividades del hogar; estas comprenden, según el artículo 331 de la Ley General del Trabajo, los servicios de aseo, asistencia y demás propios o inherentes al hogar de una persona o familia. Este es el criterio a partir del cual se dará este análisis al problema y su solución.

Ya con esto en mente, se añade a este análisis el papel central que carga el género dentro de la problemática. Según encuestas del INEGI (2018), se plantea que en el país son cerca de 2.3 millones de personas las que laboran como trabajadores domésticos del hogar, de los cuales, 9 de cada diez son mujeres. Es por esta razón, que este trabajo se enfoca en las trabajadoras domésticas remuneradas. A raíz de la pandemia se dio a conocer, a partir de información proveniente del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de Hogar, que la pandemia causada por el Covid-19 había dejado a este tipo de empleadas sin seguridad social, puesto que estas mujeres forman parte del sector del trabajo informal del país. Los bajos salarios, la falta de interés por parte del empleador para registrar a las empleadas en el IMSS, los despidos sin liquidación, la ausencia de prestaciones, etcétera, son características de lo que se entiende como trabajo precario.

El problema, siendo este las precarias condiciones para las trabajadoras domésticas, encuentra una intrínseca relación con los roles de género que influyen en la división social del trabajo, considerando que, según las encuestas realizadas en el país, la mujer sigue siendo la parte mayoritaria que conforma a este sector laboral.

Foto: Cuartoscuro.

El patriarcado: el aliado perfecto del capitalismo

Para comprender cuál es el valor que se le da al trabajo doméstico es necesario hacer un trazado histórico que señale cómo fue que se restó importancia y valor al trabajo doméstico, el cual según los postulados de Engels (1884), formaba parte de las actividades de las mujeres dentro de la familia. La industria era comprendida como asunto del hombre dado que este participaba en su producción y en la obtención de las materias primas. A la mujer se le relegó de importancia dentro de sus tareas en la producción:

Esta división del trabajo continuaba siendo la misma, pero ahora trastornaba por completo las relaciones domésticas existentes por la mera razón de que la división del trabajo fuera de la familia había cambiado. La misma causa que había asegurado a la mujer su anterior supremacía en la casa -su ocupación exclusiva de las labores domésticas- aseguraba ahora la preponderancia del hombre en el hogar: el trabajo doméstico de la mujer perdía ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre. (Engels, 1884, p.275)

Ya teniendo en cuenta cómo fue que se dio un papel secundario a la labor doméstica, la cual se asignaba a la mujer por cuestiones de género, se puede comprender cómo se da una división dentro de la clase trabajadora. Se aplica una jerarquización a partir de la raza, edad y el género – siendo esta última la que interesa para el fin de este ensayo-, permitiendo así una coexistencia y dependencia del patriarcado para sostener esta estructura de división del trabajo (Federici, 2004).

Soluciones radicales para tiempos desesperados

Dicho lo anterior, se puede entender que esta problemática tiene su origen en la estructura capitalista y patriarcal de la sociedad contemporánea, estructuras que, históricamente, han servido para sostener la explotación contra las mujeres. Federici (2004) menciona que a partir del surgimiento de la propiedad privada se ha propiciado un sistema de explotación contra los cuerpos femeninos, de ahí que la respuesta a este problema no se puede dar solo a partir de la implementación de una política pública, por lo cual es necesaria una abolición del capitalismo.

Consideremos ahora que el modelo económico capitalista ha sido el que ha propiciado la migración del campo hacia las urbes, dado que, a los ojos del capitalista, no se busca invertir en lo que genere una mayor cantidad de trabajo productivo, de modo que, se guía con el interés de invertir en el área que le genere mayor ganancia (Marx, 1844). Como resultado — y con soporte en las cifras del INEGI–, es el capitalismo la razón por la que las mujeres de comunidades rurales se ven en la necesidad de migrar a las ciudades en busca de trabajo.

Llegados a este punto es necesario remarcar la necesidad de la eliminación del modo de producción capitalista para que la mujer trabajadora del hogar no viva sublegada a los intereses del capitalista ni a merced de las posibles buenas intenciones de éste. Como se ha mencionado anteriormente, las opciones para que los burgueses participen en el mejoramiento de las condiciones de vida de sus empleadas se han dado, no obstante estas no configuran dentro de las prioridades del poseedor de capital.

Precisamente es el comprador de la fuerza de trabajo el que la consume, llevando esto a que el trabajar sea lo vendido (Marx, 1867), esta condición es la que ha posibilitado la acumulación de capital, acción propia del capitalista. Es así que en el caso de las trabajadoras del hogar, esto se ve reflejado en la influencia que tiene para que la economía se mantenga a pie. Tal como señala Peterson (2005), el funcionamiento de la economía capitalista no sería posible sin el trabajo doméstico, remunerado y no remunerado, realizado por las mujeres.

La trabajadora no puede vivir de forma digna dentro de una lógica que lleva a su alienación para garantizar una existencia dentro de una sociedad que no le garantiza los medios ni recursos necesarios para vivir dignamente. Su existencia se ve dependiente de la obtención de un salario, el cual es obtenido a partir de ofrecer su fuerza de trabajo como si fuera una mercancía.

Tan pronto, pues, como el capital se le ocurre -ocurrencia arbitraria o necesaria- dejar de existir para el trabajador, deja éste de existir para sí: no tiene ningún trabajo, por tanto ningún salario, y dado que él no tiene existencia como hombre, sino como trabajador, puede hacerse sepultar, dejarse morir de hambre, etc. El trabajador sólo existe para sí como capital, y sólo existe como trabajador en la medida en que existe para él un capital. (Marx, 1844, p.153)

Con el fin de dar conclusión a mi argumentación, busco señalar que no se le puede denominar feminista a un mundo en el que la explotación hacia otros cuerpos es vigente. El comprender la estrecha relación entre el patriarcado y el capitalismo es una tarea de las juventudes, para así luchar por un futuro más equitativo, en el que ya no se busque plantear un imposible capitalismo feminista con una perspectiva ecológica. Las soluciones a los problemas contemporáneos se encuentran en una sociedad sin propiedad privada -condición necesaria para que la mujer deje de fungir como presa y servidora a los intereses del hombre-. Todo dentro de una lógica que elimine la posición de la naturaleza tratada como una mercancía, que deje atrás las enajenaciones actuales y de paso a un ser humano que está en contacto con la naturaleza sin explotar a otros individuos y a su entorno. Ante el panorama actual es necesario replantear lo que se desea del orden social, para dar paso a la colaboración entre mujeres y hombres de la sociedad con el fin de alcanzar una posible, y muy alcanzable, sociedad más justa.

Referencias
Bensusán, G. (2019). Perfil del trabajo doméstico en México. INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS. Recuperado a partir de https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/12/5871/3.pdf

Condiciones laborales de las trabajadoras domésticas. (2021). Recuperado 22 January 2021, a partir de http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/TH_completo_FINAL_INACCSS.pdf

Engels, F. (1884). El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. Madrid: Alianza Editorial.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], (2018). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Primer trimestre de 2018.

LFT (2018). Ley Federal del Trabajo, Artículo 331, México. Recuperado a partir de: http://www.diputados.gob.mx/servicios/datorele/cmprtvs/2PO2/Abril/leyfedtrabajo.htm#:~:text=Art%C3%ADculo%20331.,de%20una%20persona%20o%20familia.

Marx, K. (1867). El Capital, tomo I, vol. 1. México, Siglo xxi Editores.

Marx, K., & Llorente, F. R. (1844). Manuscritos: economía y filosofía. Madrid: Alianza Editorial.

Peterson, S. V. (2005). How (the meaning of) gender matters in political economy. New Political Economy, 10(4), 499-521.

Ríos, E. (2021). Sin seguridad social más de 2 millones de trabajadores del hogar en México: Sinactraho. Noticias Locales, Policiacas, sobre México y el Mundo | El Sol de Toluca | Edomex. Recuperado 22 January 2021, a partir de https://www.elsoldetoluca.com.mx/finanzas/sin-seguridad-social-mas-de-2-millones-de-trabajadores-del-hogar-en-mexico-sinactraho-6176366.html

Trabajadoras del Hogar. Recuperado a partir de http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/Ficha%20TH.pdf

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