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“Trump busca impulsar reindustrialización de EU con retorno de la Doctrina Monroe; no habrá invasión, pero sí presión”: experta
A inicios del mes de diciembre, la Casa Blanca hizo pública la nueva «Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de América», que establece el relanzamiento de la “Doctrina Monroe” por el gobierno de Donald J. Trump. Dicha visión plasmada en un documento oficial ha sido minimizada por algunos políticos como Ricardo Monreal Ávila, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, no obstante, hay otros que desde la academia llaman a no perder de vista tal anuncio.
En entrevista, Arlene Ramírez Uresti, académica de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, explicó que la “Doctrina Monroe” es una doctrina de política exterior de Estados Unidos, la cual se utilizó durante el final de la colonización europea en América. Resaltó que esta establecía como una prioridad el mantenimiento de la influencia estadounidense sobre la región, lo cual se convirtió en un eje constante al juntarse con el “Destino Manifiesto”, mismo que delineó intervenciones, posicionamientos y la relación con los otros países del continente.
“El documento que acaba de publicar la Casa Blanca tiene un corte expansionista en términos de mercado y en términos de seguridad [está] hablando de una posible intervención en casos como Venezuela, Colombia o México. [Pero] en realidad la Doctrina Monroe como tal no hablaba de eso, sino de mantener fuera las potencias europeas, de propiciar la independencia de América Latina y respaldar esos regímenes para forjar un sistema de alianzas. Es un poco diferente, pero ha evocado esa idea”, diferenció la también doctora en Relaciones Internacionales y maestra por el Colegio de Posgrados de la Ciudad de México. y maestra en Diplomacia con especialidad en Terrorismo por la Universidad de Norwich
El documento más disruptivo desde la Segunda Guerra Mundial
Durante la entrevista, la integrante del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Iberoamericana CDMX, resaltó que la “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de América” se trata del documento más disruptivo desde la Segunda Guerra Mundial. Apuntó que su importancia histórica –y operativa– radica en que cambia la percepción de la relación del país norteamericano respecto a varios actores, principalmente Europa. Recordó que desde la Segunda Guerra Mundial vio al “Viejo Continente” como su aliado e incluso le brindó ayuda económica y financiera para su reconstrucción tras la culminación del conflicto bélico.
Cuestionada sobre el motivo que está llevando a Trump a promover esta política exterior, apuntó que más que por cuestiones de seguridad citadas, lo que realmente le interesa es voltear hacia América Latina para lograr su objetivo de reindustrializar a Estados Unidos. Precisó que no podrá lograr esto si China tiene mucha más importancia en los mercados de países donde tradicionalmente tenía el liderazgo. Enfatizó que en el caso mexicano, el país vecino perdió en los últimos años una gran capacidad manufacturera que ahora quiere recuperar.
“Este plan es de política exterior, pero de fondo tiene el objetivo de la reindustrialización de Estados Unidos y fortalecer las cadenas productivas, recuperar el mercado que hoy además vemos bajo la influencia ideológica política de China en la región”, recalcó la experta.
Los riesgos del “retorno” de la Doctrina Monroe y las consecuencias ya vistas
La maestra indicó que el hecho de que Estados Unidos vuelva de manera importante a influir en la región pone en riesgo la gobernabilidad de los países americanos, tal como sucedió en Panamá, Chile, Nicaragua y El Salvador en tiempos de la política de “El Gran Garrote” o en el marco de la “Guerra Fría”. Recordó que entonces hubo un surgimiento de regímenes que aparentemente emergieron de la necesidad de estabilizar, pacificar o fortalecer la parte democrática, pero en realidad buscaron constituir instituciones bajo las condiciones de Estados Unidos y no de los latinoamericanos.
“Esto ya ha pasado antes, es una serie de problemas políticos en América Latina que vimos en los años setenta y ochenta: golpes de Estado, guerrillas, insurrecciones y una parte de inestabilidad política acompañada de ciclos de inestabilidad económica”, sumó a su exposición.
La académica de la Ibero CDMX pidió no desestimar las consecuencias de la nueva «Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de América», definida por Donald Trump como una “hoja de ruta” para garantizar que la suya siga siendo la nación más grande y exitosa de la historia de la humanidad. Abordada sobre qué podría suceder a partir de la publicación de dicho plan, que contempla el retorno de la “Doctrina Monroe”, opinó que no necesariamente surgirá un escenario de guerra o invasiones –pues el país de las “barras y las estrellas” no tendría dinero para eso– pero sí se vería más agresivo en la parte comercial y presionará mucho más en rubros como la operatividad de temas de seguridad.
Para ella, aunque el gobierno mexicano tiene un discurso oficial negando que México siga siendo el “patio trasero” estadounidense, en la parte operativa sí se está haciendo lo que pide el vecino del norte. Como ejemplo puso la imposición de nuevos aranceles por parte del Congreso de la Unión para importaciones desde países con los que no hay acuerdos comerciales, que afectan a productos chinos importados. “No es mera coincidencia”, recalcó.
“Entre más cercanos a China y otros que amenazan la balanza comercial de Estados Unidos, seguiremos viendo más presiones, sobre todo de cara a la negociación del T-MEC y las mesas resolutivas para la continuación del T-MEC hasta 2036. Hay muchos compromisos qué cumplir y a los que ha faltado [México] operativamente; tendrá que apuntalar al cumplimiento de esto y ver la forma en que México no solamente optimice el tratado, sino buscar equilibrar la estructura comercial para evitar sanciones o este intercambio discursivo”, agregó.
Advirtió que mientras que el gobierno mexicano no logre disociar el binomio “aranceles-seguridad”, seguirá habiendo presión estadounidense. En tanto, opinó que el gobierno mexicano ha descargado la presión comercial precisamente a través de acciones en materia de seguridad y migración bajo los términos trumpistas.
¿Y ante este escenario, ahora qué?
El final de la entrevista para La Hoguera, planteó que México hoy no tiene una doctrina de política exterior clara, a diferencia de EU, pues si bien se evoca mucho la “Doctrina Estrada”, no opera como tal, dado que el gobierno mexicano tiene injerencia en asuntos importantes como la guerra en Ucrania, Venezuela o el premio Nobel de la Paz para Corina Machado. En tanto, estimó necesario forjar una política exterior con viraje económico, que permita lograr estabilidad, desarrollo y posicionar a México como un actor global, a fin de que las decisiones estadounidenses afecten menos en temas internos.
“Por supuesto esa, debería ser de amplio alcance para trabajar junto a esa política pública la de seguridad, migración, salud –como en mucho tiempo se hizo como parte del plan de desarrollo– con ejes transversales y que la política exterior sea algo que trabaje a favor de otros ejes de políticas públicas en México”, esgrimió.
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