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Nación

¡Las mujeres lo hacen otra vez! Marea morada inunda las calles de la Ciudad de México

Foto: Elia Cruz

Entre mares de mujeres ataviadas con prendas color moradas, se escuchaba gritar “¡Calladita no nos vemos más bonitas!”, una de las principales consignas que ellas dejaban escuchar a las miles de personas que veían pasar su marcha multitudinaria. Según lo narrado por las presentes en carteles o de voz, su presencia se debió a que lo mismo han vivido episodios de violencia física, como sexual, o el asesinato de alguna hija, madre o amiga.

“No somos una, no somos cien, pinche gobierno cuéntanos bien”, exigían las asistentes a la conmemoración por el Día Internacional de la Mujer en la Ciudad de México, capital de un país envuelto en violencia y testigo de 948 feminicidios el año pasado. Y esas sólo son los números oficiales, sin contemplar la cifra negra, o que tan solo en enero de este año ya acumula 68.

Los colectivos  emitieron convocatorias separadas, algunas llegaron desde la 1:00 p.m al Monumento a la Revolución para de ahí partir hacia el Zócalo capitalino; otras más esperaron sumarse a la más grande congregación programada para las 4:00 p.m. desde la “Glorieta de las Mujeres que Luchan”, antes «Glorieta de Cristóbal Colón». Pese a los diversos llamados, algo claro quedó y es que  la expectativa se superó y fue alrededor de las 3:00 p.m. que inició un recorrido de los contingentes que nunca paró.

Una tras otra, decenas, cientos, miles de mujeres recorrieron las calles de la ciudad. Primero Paseo de la Reforma, después Juárez, 5 de Mayo, para posteriormente arribar a la Plaza de la Constitución donde Palacio Nacional y la Catedral Metropolitana lucían amuralladas por una enormes vallas de acero de poco más de dos metros de altura.

“¡Se va a caer, se va a caer, el patriarcado va a caer!”, gritaban durante su recorrido sobre avenida Juárez las mujeres. Al tiempo que el grueso de ellas avanzaban, algunas pintaban algunas esculturas en la Alameda Central, dibujando lágrimas en las que eran en honor a hombres.

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Unos metros más adelante, frente al Palacio de Bellas Artes, donde se ubicaban algunas mujeres policías custodiando las vallas que lo protegía, justo enfrente de la antimonumenta, algunas mujeres agredieron con patadas y lanzando agua a otras elementos que pasaban por el lugar. Dicha acción que fue reprobada por algunas, pero otras celebraron acompañando con la consigna: “¡La policía no me cuida, me cuidan mis amigas!”.  Sin embargo, en general fue un recorrido pacífico.

Mientras avanzaban hubo expresiones de mujeres indígenas quienes exigían al gobierno de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, colocar la escultura de «La joven de Amajac» donde antes estuvo la de Cristboal Colón como se había definido, pero que otros colectivos no quieren y demandan poner una de nombre “las mujeres que luchan”. En defensa de su idea, las integrantes de grupos étnicos venidas de diferentes partes del país dijeron al medio que  ellas tienen «los mismos derechos y también nuestras demandas son válidas”.

El grueso de la marcha, integrada principalmente por jóvenes, coreaba el ya clásico: “¡Alerta, alerta, alerta feminista, que América Latina será toda feminista!” y “¡señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente!”. Por momentos, la marcha conmemorativa se tornaba en una fiesta al haber colectivos que portaban tambores y música que invitaban a bailar a las asistentes; sin embargo, los relatos y casos de violencia, feminicidios y violaciones a decenas de mujeres se abrían paso.

Uno de los momentos más emotivos se vivió cuando en medio de la multitud, que intentaba avanzar, se escuchó un megáfono que pedía abrir paso para un grupo de madres buscadoras de sus hijas desaparecidas. Eso hizo que de inmediato todas las participantes se recorrieran a las orillas y empezaran a gritar “¡no están solas, no están solas!” ante los ojos a punto de la lágrima de las madres que sintieron el apoyo.

Otro episodio de este tipo fue la presencia de un hombre que se encontraba entre la multitud con un cártel que decía “por mi querida hermana que está en el viaje eterno”.  Ello detonó que al menos una decena de mujeres jóvenes pidieran darle un abrazo.

Tres horas después de iniciado el recorrido con más contingentes, aún no paraban de pasar e incluso de salir del Monumento a la Revolución y de la Glorieta de las Mujeres que luchan quienes se congregaron en esos lugares. Así, miles seguían tratando de llegar al Zócalo capitalino mientras gritaban consignas y dejaban rastro del clamor ciudadano de no permitir más violencia contra las mujeres, mismas que llegando a la plancha mostraron sororidad con sus compañeras que tomaban el micrófono para expresar sus vivencias como víctimas de un delito.

“A mí me violaron mi primer día de trabajo, el gerente y un técnico”, expresó Yesi, una joven de 20 años. Pero así como ella, también Mari de 19 años tomó el micrófono para compartir que ella había sido acosada también en su trabajo. “El cuñado de mi jefe me tocó, me metió la mano en mi blusa, bajo mi brassier”. Ante lo que algunas de las chicas la abrazaron mientras las demás le gritaban “¡Te creemos, hermana!”, “¡No estás sola!”. Y continuaban cantando una de las principales himnos de rechazo que marcaron este año “¡verga violadora a la licuadora!”.

Pero también hubo expresiones de mujeres que marcharon únicamente por acompañar a alguna amiga o simplemente por exigir acabar con la violencia contra ellas y poder caminar sin miedo. “Exigimos respeto para las mujeres, vengan de donde vengan, sean como sean. Porque hay respeto y justicia siempre”, dijeron dos jóvenes.

Tras llegadas a la plaza de la Constitución la mayoría de los contingentes empezaron a dispersarse, pero permanecieron algunas vestidas de negro que con martillos intentaron derribar las vallas que protegían a Palacio Nacional.

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