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Depredador: el sacerdote que atacaba en su automóvil

El sacerdote que atacaba en su automóvil
Foto: Especial

Hay una gigantesca biblioteca de expedientes sobre sacerdotes católicos que han aprovechado su posición de poder para ejercer toda una gama de abusos a jóvenes bajo su cargo y en sus comunidades.

En nuestra cuarta entrega de #EXPEDIENTEPENSILVANIA repasaremos otro caso de un sacerdote diocesano acusado de abuso sexual de varios menores. La información fue obtenida del archivo presentado por el Gran Jurado del estado y pertenece a una lista de miles y miles de abusos cometidos por religiosos de la zona.

Tres víctimas, un agresor

El padre James Gaffney comenzó a trabajar como sacerdote diocesano en 1985. Los registros de la Diócesis de Allentown indican que en 1980, un poco antes de ser ordenado, el sacerdote tuvo dudas sobre su vocación, por lo que escribió una carta a monseñor Muntone, autoridad de la zona: “Estoy convencido más allá de toda duda de que necesito tiempo libre y no volveré al Seminario Romano o a cualquier otro seminario este año”.

Ya en 1982 las autoridades eclesiásticas habían recomendado que Gaffney fuera retirado del “programa de formación” de la iglesia. La decisión fue tomada para no expulsar al religioso de manera definitiva del sacerdocio. El archivo apunta que durante las décadas de 1980 y 1990 el cura estuvo involucrado en “relaciones inapropiadas e incluso sexuales con mujeres adultas”. El texto del Gran Jurado destacó que una de ellas “tenía una discapacidad de aprendizaje” y que había sido encomendada al cuidado de Gaffney.

En 1999, una víctima del depredador informó a monseñor John B. McCann que ella había sido “abusada sexualmente por Gaffney” mientras éste estaba asignado como pastor asistente en la iglesia de Santa Úrsula.

La Diócesis no se esforzó por recabar mucha información sobre el caso, hasta que la madre revivió la acusación el 24 de abril de 2002.

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La propia víctima narró su historia de horror: le contó al personal de la cancillería eclesiástica que cuando tenía 14 años el sacerdote buscó su amistad, antes de abusar de ella. El cura le dio trabajo contestando teléfonos en la rectoría. Sin embargo, la amabilidad era una trampa: un día la desnudó y le pasó las manos por el cuerpo.

Gaffney, según los registros, “tuvo relaciones sexuales” con ella durante el tiempo en que ambos estaban en la parroquia.

Los monseñores McCain y Schlert confrontaron a Gaffney. Como ha ocurrido en otros casos, el acusado negó todo. Las autoridades le dijeron que pensara “cuidadosamente” en las acusaciones y que considerara tomarse una licencia. Al salir de esa reunión, Gaffney fue a su casa y a medio camino llamó a sus superiores: se tomaría el permiso para enfriar la situación. Aunque no aceptó haber cometido el abuso sexual.

No obstante, la estela de dolor que dejó Gaffney era más extensa y compleja. El 27 de septiembre de 2004, una segunda víctima presentó una demanda civil en el Tribunal de Justicia Pleas of Berks County.

En esta historia el sacerdote reafirmó su imagen de depredador. La segunda víctima informó que el abuso comenzó en 1990, cuando ella tenía dieciséis años y estudiaba en la escuela Reading Central Catholic, una High School. Allí el sacerdote era vicedirector.

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Lo que inició como un acercamiento de Gaffney como asesor, terminó en un cruel abuso sexual. En un principio la chica contó al sacerdote que sus padres se encontraban en proceso de divorcio y que ella estaba cruzando una depresión. Gaffney vio una una oportunidad en esta degradación emocional.

El hombre llevó a la chica a su coche en repetidas ocasiones, allí la impulsaba a discutir temas como el coito, el sexo oral y la masturbación. Luego de este preludio de dominación, Gaffney obligaba a la chica a tocarle el pene. “En una ocasión”, cuenta el archivo, “Gaffney expuso su pene erecto a la segunda víctima en su oficina en la escuela secundaria”.

La culminación del abuso ocurrió cuando el cura llevó a la chica a su residencia privada. Allí la sometió a tener relaciones sexuales. También la obligó a realizar “numerosos actos sexuales en ella y le exigió que realizara actos sexuales con él”. El documento no especifica en qué consistieron específicamente estas prácticas.

En el juego de abusos machistas entró una tercera víctima, quien denunció los ataques del cura el 2 de diciembre de 2004. Según su testimonio, Gaffney abusó de ella entre 1986 y 1987, cuando éste fue asignado a la iglesia de St. Catharine de Siena en Mount Penn, en el condado de Berks.

La tercera víctima trabajaba contestando teléfonos en la rectoría por la tarde. Ella “tenía una muy pobre vida hogareña”, explica el documento, “y Gaffney la aconsejó”. Mientras ella trabajaba, Gaffney la abrazó, la tocó y la beso “inapropiadamente”, “lo que le provocó excitación sexual” al cura. La Diócesis mandó a la tercera víctima a atesoramiento y “dirección espiritual”.

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En un informe eclesiástico emitido el 18 de julio de 2011, las autoridades católicas consideraron que los informes de abuso de la primera y la tercera víctimas “fueron creíbles”, mientras que el abuso de la segunda víctima tenía “derecho a presunción de verdad”. Los encargados del caso coincidieron en que en las tres historias había elementos en común con “el patrón de comportamiento consistente por parte del padre Gaffney”.

En dicho informe se narró: “Aunque Gaffney se ausentó en 2002 (del ejercicio como sacerdote), continuó recibiendo seguro médico y de otro tipo para los próximos nueve años de la Diócesis”. Las autoridades de la iglesia recomendaron que fuera despedido del estado clerical y que “nunca pudiera ejercer el ministerio público el resto de su vida”.

Al texto se agregó un diagnóstico de “personal calificado y profesional” que determinó que el cura era un “peligro potencial para los menores”. Sin embargo, Gaffney pasó a obtener un empleo como profesor universitario en Albright College.

El texto del Gran Jurado de Pensilvania menciona que el mismo Gaffney reveló detalles sobre el contacto sexual que mantuvo con una menor de edad en su automóvil, en la propiedad de la escuela en la que ejerció los abusos y en otros lugares.

Los abusadores se encuentran

El archivo explica que el caso de este sacerdote es especial, porque él fue un testigo clave para acusar a otro sacerdote que abusó de menores y que tuvo una producción especial de pornografía infantil.

El mismo Gaffney reveló que, mientras hacía una pasantía en St. Joseph’s en Summit Hill en 1980, “localizó pornografía infantil dentro de la parroquia”.

En las imágenes se veía al padre David Soderlund, encargado del recinto, “masturbando a un niño de 12 años”. En ese momento, relató Gaffney, informó su hallazgo a la Diócesis y a monseñor Muntone. Tras una búsqueda, Gaffney y Muntone localizaron más fotografías de abusos sexuales cometidos por Soderlund.

Por este motivo se llevó a cabo una reunión con el Fiscal del Distrito del Condado de Carbon, quien prometió no enjuiciar a Soderlund si éste era “transferido y recibía tratamiento”.

Después de una “breve destitución del ministerio en permiso de salud, Soderlund fue devuelto al ministerio”. El documento del Gran Jurado explica que los volúmenes de evidencia de niños abusados sexualmente que emergieron del caso de Soderlund desaparecieron.

Gaffney fue llamado como testigo ante el Gran Jurado de Pensilvania el 14 de septiembre de 2016 y nuevamente el 8 de mayo de 2017. Gaffney declaró que ningún miembro de las fuerzas del orden público alguna vez lo había contactado respecto a su conducta hasta que recibió una citación para comparecer ante el Gran Jurado por el saco de Soderlund.

Gaffney admitió haber tenido contacto sexual con al menos una estudiante. El abogado de Commonwealth le recordó a Gaffney que estaba bajo juramento y le ordenó que profundizara en su declaración: “¿Usted tuvo contacto sexual con otros niños (o niñas) como sacerdote?”

“Sí, es posible”, contestó frente a la gente que lo observaba en la sala.

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