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Cultura

Conoce a Tito, el último tatuador de Lecumberri

Foto: Tania Castillo

En una breve conferencia dentro del ahora Archivo General de la Nación, Tito, el último tatuador de Lecumberri, dio a conocer no solo sus vivencias en la penitenciaría sino también su experiencia en el mundo del arte corporal.

“Un tatuaje mío ya era libre”, así es como Tito ‘El Canadiense’ recuerda una parte de su estadía en la que alguna vez fue una de las prisiones “más pesadas” de la ciudad.

“Gracias a eso, aquí en la prisión, llegué a tener un estatus”, menciona el tatuador. “No había tinta, no había máquina”, recuerda antes de presentar su máquina de tatuajes de invención propia compuesta por un popote de pluma y un clip afilado.

“El tatuaje aquí, empezó conmigo”, afirma.

Sus primeros trabajos, recuerda, fueron siempre letras de molde: “el nombre de la madre, del hijo, de la mujer”, diseños burdos que fueron mejorando al paso del tiempo y la experiencia.

La historia del “ministro tatuado”, al desnudo 

Gran parte del mérito que se le otorga a este maestro del arte es su gran habilidad para poder hacerse de su material en un ambiente también hostil como la prisión; pues él mismo preparaba su propia tinta y buscaba improvisar con lo que tenía al alcance.

Menciona que con 3 pesos de loción preparaba la piel para después colocar el esténcil: una envoltura de mazapán.

Entre un recuerdo que se cruza y otros “diablos” como él lo menciona, ‘El Canadiense’, deja en claro su pasión por el tatuaje. “El tatuaje tiene mérito, quiero que lo entiendan”, dice.

Para un hombre que ha pasado la mayor parte de su vida estampando diseños en la piel, las palabras se quedan cortas para expresar su pasión por el arte. No obstante, deja claro que es algo “hermoso” y que debe ser “chingón”.

Así, es como el tatuador busca transmitir su mensaje a los nuevos tatuadores. Pues si se hace con amor, “por muy humilde que sea (el tatuaje), hecho en prisión; si lo haces con todo el amor, con toda la dedicación, con todo el deseo de dejar algo bello en la piel, será bien amado para quien lo lleva y para quien lo hace”.

“En la oscuridad de mi celda aquí florecieron mis rosas”, asegura Tito, quien no piensa dejar de tatuar. Así pues, ten la libertad de acercarte a su estudio, en La Raza y, si así lo quieres, hacerte una rosa canadiense.

En la mesa también estuvieron presentes Osvaldo Castañeda, defensor de los derechos de personas tatuadas y el doctor René López del Instituto Forense y Pericial de Latinoamérica.

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