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Con la dignidad intacta, cantaron victoria a la sombra de un McDonald’s

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Tijuana, BC.- Habiéndose desahogado la tensión que durante semana y media fue incrementando con Estados Unidos, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard pudieron cantar victoria a escasos 600 metros de donde termina la patria. Con el canciller en calidad de general campeador y un McDonald’s erigiéndose sobre el templete semilleno, la Cuarta Transformación dijo haber salido de la crisis comercial con la dignidad intacta, pero haciéndose responsable de la crisis migratoria.
 
El acuerdo, paradójicamente, disipó la convicción de unidad nacional que impulsó a más de uno a confirmar su asistencia y la reemplazó por cierta incertidumbre. “¿Y nosotros que cedimos?”, cuestionaron algunos de los gobernadores entre sí, aunque ya con cámaras y micrófonos de frente aplaudieron la visión de Estado de López Obrador y las habilidades negociadoras de Ebrard. Esto, claro, los que asistieron. Mientras Javier Corral fingió demencia y no respondió al primer llamado, Enrique Alfaro fue menos diplomático y, tras haber confirmado su asistencia, dejó plantado al presidente. Cuauhtémoc Blanco prefirió ir a cascarear a un juego de leyendas.  
 
La misma Tijuana no tenía ambiente de fiesta, sino de campaña, por lo que más de un ciudadano siguió de largo ante la concentración que cerraba la Avenida Independencia y Benito Juárez II. Esto aún tras la apabullante victoria de Morena en las elecciones del domingo pasado en la que se llevó gubernatura, Congreso y todas las alcaldías. Si bien detractores siempre hubo, las decisiones de Jaime Bonilla de revivir al PRI que el PAN sacó hace 30 años está dejando un mal sabor de boca. “Es el show de la política”, dijo Marco, un vendedor de quesos del mercado aledaño al evento, “son malabares y nosotros somos las pelotas”.
 
Con este enrarecido ambiente de la euforia que solo López Obrador sabe generar y sonrisas más fingidas de lo normal por quienes lo acompañaron en el templete, Ebrard hizo su regreso triunfal desde Washington. Juntos tomaron el templete entre ovaciones propias de cualquier celebración por la Selección Nacional. Curiosamente, el presidente acudió al acto de unidad sin su esposa, la sobrina de la embajadora Martha Bárcenas, pero ataviado en una chamarra verde que desentonaba con el de la bandera. Más bien, hacía juego con el uniforme de campo que portaba el general Cresencio Sandoval, quien encabezó la delegación de secretarios, gobernadores e invitados que acompañó a los festejados.
 
Ebrard, más presidenciable que nunca, fue el primero en hablar, reconociendo el lado pírrico de la victoria que celebraban, reconoció que México aceptará a los migrantes deportados desde EU como parte del trueque para evitar el enfrentamiento comercial. “No ganamos todo, pero sí ganamos que no haya tarifas y, como le dije al Presidente de la República: salimos con la dignidad intacta”, dijo a la sombra de un McDonald’s el canciller que, al partir rumbo a Washington, se twitteó listo para enfrentar a Trump cobijado por un letrero de Huawei. “Hacer el trabajo sucio”, murmuró la vieja guardia periodística que lo sigue desde que era la mano derecha de Manuel Camacho, “esa es la vida de Marcelo Ebrard”.
 
En su turno al bat, López Obrador respiró hondo al, dijo, no tener que responderle con la misma moneda arancelaria a Trump, a quien insiste en llamar su amigo. Definiéndose como un pacifista a la usanza de Gandhi, Marthin Luther King y Nelson Mandela, el presidente puso las facultades de su gobierno a las órdenes de EU para atender a los migrantes deportados en cuanto estos comiencen a llegar. Una interpretación de la Doctrina Estrada que incluso aplaudió el padre Alejandro Solalinde, el defensor de migrantes, quien celebró el acuerdo, sin hacer mención alguna de la Guardia Nacional en Chiapas.
 
El acorde fuera de tono llegó, una vez más, en voz de Porfirio Muñoz Ledo, tan acostumbrado a hablarle de cara a la historia que su maltrecho estado físico no le impidió ponerse de pie y declamar como cuando presidió al PRI o fundó el PRD. “Lo que es a mi criterio y moral inaceptable es el doble rasero entre la frontera norte y la frontera sur”, denunció el diputado presidente de San Lázaro, rompiendo por un instante la celebración en Tijuana mientras en Tapachula continuó el despliegue militar. Logrando profanar el aura sacra del momento que había impuesto el líder evangélico Arturo Farela al asegurar que Dios mismo iluminó a Ebrard y a López Obrador.
 
Para el anecdotario queda como Carlos Aceves del Olmo, líder de la CTM y quien debía hablar a nombre del sector obrero del país, desairó el evento y un breve pero incomodísimo silencio se adueñó del lugar hasta que el presentador nombró al siguiente orador, mientras una manta de la CATEM, de Pedro Haces, ondeaba sobre la cabeza de los invitados de honor. O como sus correligionarios, los gobernadores priístas encabezados por Alito Moreno, se sumaron a la 4T entre selfies con los secretarios de Defensa y Marina y caravanas al canciller.
 
También Pancho Domínguez se tuvo que tragar institucionalmente el sapo y hablar a nombre de la Conago, solo con 5 de sus compañeros panistas acompañándolo en el podio. Uno de los cuales, el local Francisco Vega, fue abucheado como si su segundo apellido fuera Trump. Mientras que otros dos, así como el morenista Adán López y el independiente ‘El Bronco’,  sumaron a la lista de mandatarios presentes que militan o militaron en el PRI. De los 23 gobernadores asistentes, 14 pasaron, como Muñoz Ledo, Ebrard y López Obrador, por las barracas del partido que lleva los colores de la bandera.

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