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Cultura

Así es la UNAM: reconcilia por un domingo la cultura china, oficial y disidente

La Orquesta Filarmónica de la UNAM (Ofunam) ofreció su concierto de temporada. Foto: José Juan de Ávila

Así es nuestra UNAM. Un domingo cualquiera uno va a sus instalaciones del Centro Cultural Universitario, un faro al sur de la capital -faro al estilo baudelaireano de esa palabra luminosa-, y se topa con gratas sorpresas, aunque sean aquellas que ya estaban agendadas en su cartelera.
 
La casa de estudios ofreció el domingo 6 de octubre un concierto de música contemporánea con instrumentos tradicionales de compositores, director y solistas chinos, y en paralelo seguía abierta en su último día la exposición del disidente chino Ai Weiwei, Restablecer Memorias.
 
Entre la sala Nezahualcóyotl y el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) media una distancia de no más de 20 metros. En esos foros la UNAM casual o deliberadamente logró culturalmente reconciliar al arte contemporáneo de China, separado por la política e ideología.

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Fue el último día para ver la muestra de Ai Weiwei, que estaba abierta desde el 13 de abril pasado y que será un recordatorio eterno de la trascendencia histórica del asesinato de varios estudiantes y desaparición forzada de otros 43 el 26/27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

Este domingo finalizó en el MUAC la muestra de Ai Weiwei, artista contemporáneo chino que con su obra homenajeó a los 43 de Ayotzinapa. Foto: José Juan de Ávila

La sala del MUAC estaba llena para ver la obra del disidente chino, aunque sin largas filas como ocurrió en otros recintos con muestras como las de Yayoi Kusama en el Museo Tamayo (Obsesión infinita, 214) o Wassily Kandinsky en Bellas Artes (Pequeños mundos, 2018). Los guías y el personal de seguridad, encabezado éste por Martha Galindo, hacían un espléndido trabajo para que la visita a la sala del MUAC no sufriera aglomeraciones y fuera grata.
 
El público que asistió el domingo a la muestra de Ai Weiwei era variopinto, de todos los extractos sociales y culturales: lo mismo había fans de Maluma, que de los Rolling Stones. Ancianos en sillas de ruedas, que niños acompañados de sus padres, que escuchaban con gran interés las explicaciones de los guías de la muestra, que lograban captar la atención de todos.
 
Las obras expuestas de Ai Weiwei, según la curaduría, “unen la inquietud que representa la destrucción del patrimonio cultural y nuestra relación con los ancestros; el trauma que significa el atentado contra el futuro, el cual supone la violencia contra los jóvenes (de Ayotzinapa)”.

La obra del artista chino destaca “el trauma que significa el atentado contra el futuro, el cual supone la violencia contra los jóvenes (de Ayotzinapa)” Foto: José Juan de Ávila.

Justo la pieza central del artista disidente chino surgió a partir de su visita en 2016, en la que se enteró de la desaparición de los 43 alumnos de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero, y el asesinato de nueve, a manos de policías coludidos con criminales.
 
Ai Weiwei realizó un filme documental y una serie de retratos fabricados con piezas de Lego, con los que explora las consecuencias personales y sociales de la desaparición de los normalistas. “El proyecto apuesta por la construcción de la memoria como lazo invisible que nos liga con los ancestros y traza un deber hacia las generaciones que nos suceden”.
 
Al mediodía del domingo, la Orquesta Filarmónica de la UNAM (Ofunam) ofreció su concierto de temporada, en el contexto del 41 Foro de Música Nueva Manuel Enríquez, que incluyó seis piezas de compositores chinos contemporáneos, con el chino Tao Lin como director huésped.

Video: José Juan de Ávila


Las seis obras, dos para orquesta sola y cuatro para solistas de instrumentos tradicionales chinos, tres mujeres y un hombre, se ganaron al público, que celebró también la presencia en sala de los seis jóvenes compositores, con lo que China dio una probada de su poderío cultural contemporáneo, como país comunista.  
Las obras fueron Distancia, de Liqiang Dong (1963), Las nubes arrastradas por el viento, de Ping Chang (1972), con Han Li, como solista del guzheng; El viento que pasa a través del vasto mundo, de Jia Guoping (1963), con Weiwei Lan, en la pipa; Obertura sinfónica, de Yonggang Chen (1969); Sueño del pabellón de las peonías, de Weiya Hao (1971), con Ning Jiang, en la flauta de bambú; y El río de las nubes, de Wenchen Qin, con Yang Zheng en el rarísimo sheng, un órgano de boca de bambú que produce sonidos muy parecidos a los de las ondas Martenot.
 
Los solistas y el director, todos con gran experiencia internacional, surgieron del Conservatorio Central de Música de Pekín y tocan con la Orquesta Sinfónica Nacional de China.
 
La bellísima Han Li incluso tocó en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, en 2018, y la conmemoración de los diez años de los Juegos Olímpicos de Verano.

Video: José Juan de Ávila


 
La también muy hermosa Weiwei Lan -coincidencia que comparta nombre con su compatriota que exponía hasta el domingo en el MUAC-, ya había sido solista con la Ofunam, de hecho.
 
El concierto también se realizó, como es habitual, también la noche previa, el sábado 5, pero no coincidió con la exposición de Ai Weiwei, pues a esa hora está cerrado el MUAC:
 
Ai Weiwei (Pekín, 1957), hijo del poeta Ai Qing, ha sufrido la persecución de autoridades chinas prácticamente desde que nació, cuando su familia fue exiliada a un campo de trabajo. Activista, fotógrafo, escultor, pintor y artista del performance y del performance y del readymade, justamente exhibió también en el MUAC su readymade histórico-político El Salón Ancestral de la Familia Wang, de 2015), “un templo de madera de la dinastía Ming que registra la destrucción del patrimonio cultural chino bajo la violencia de la revolución, la pérdida de la sociedad rural tradicional y la comercialización de antigüedades”, según la ficha curatorial.
 
“Esta ruina de cuatrocientos años de edad ejemplifica las complejas negociaciones entre lo nuevo y lo viejo; es también la obra que marcó el periodo de vigilancia constante que el artista sufrió en Pekín tras su detención en 2011, antes de exiliarse en Europa”, agrega la curaduría.
 
Ayer 6 de octubre, por un domingo, la cultura China milenaria, la contemporánea, la política y disidente coincidieron y se reconciliaron en la Universidad Nacional Autónoma de México.

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