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Nación

Vivir en un albergue

El Centro Cultural y Recreativo Niños Héroes funciona como albergue, después de que varios edificios aledaños a la colonia General Anaya, en Benito Juárez, fueron desalojados por completo sin tener tiempo siquiera de recoger sus pertenencias. “Protección Civil ya revisó el edificio y dictaminó que es muy riesgoso entrar. Nos dijeron que será imposible sacar nuestros muebles, incluso pasar por ropa porque el edifico puede colapsar”, comenta Viviana, habitante del edificio Paz Montes de Oca número 93, a unas cuantas cuadras del albergue donde se aloja.

El albergue ofrece a los damnificados comida, baño, colchonetas, atención médica e incluso asilo para sus mascotas. Sin embargo, “no es mi casa, quiero mi cama, mi almohada”, dice Arturo, 25 años, ya lleva dos noches en el albergue. Arturo vivía en Paz Montes de Oca 93. Llegó horas después del terremoto a su casa, desde la entrada pudo dimensionar la situación de su hogar. Corrió a su departamento en el tercer piso. En cuanto abrió la puerta supo que no iba a regresar.

Tomó algunos documentos, ropa para él y su familia, cepillo de dientes y se marchó sin decirle adiós a su hogar. “Nos organizamos para hacer guardia nocturna. Vimos que la madrugada después del temblor, algunas personas sin identificarse quisieron entrar al edificio. Vamos a vigilar, no es justo que en esta situación quieran robar”, explica un habitante de la zona afectada. Vecinos de la calle Paz Monte de Oca se han solidarizado, ofreciendo víveres, comida preparada, ropa; incluso han brindado sus casas como baños. “A mí me tocó el del 85 y sé lo que significa perderlo todo en un instante. A veces las autoridades no quieren o no pueden dar su ayuda, pero nosotros como hermanos debemos apoyarnos, como mexicanos hermanos”, señala Isabel, voluntario. Los habitantes del edifico al borde del colapso aún mantienen esperanzas, analizan la opción de alquilar una constructora para que coloque andamios en las columnas dañadas, sin embargo les cobran un millón de pesos y no cuentan con ningún permiso oficial.

“Por el día pues camino, me doy vueltas por la colonia, fui un rato al trabajo pero por la noche cuando es la hora de dormir, me doy cuenta que lo perdí todo. En el albergue me han ayudado mucho y se lo agradezco con el corazón, pero quisiera volver a mi casa”, dice Arturo.

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