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Internacional

Rutas divergentes: resultados económicos de México y Bolivia

Rutas divergentes: resultados económicos de México y Bolivia
Foto: Especial.

Evo Morales llegó a la presidencia de Bolivia en 2006 luego de haber obtenido 54% de los sufragios; en ese mismo año Felipe Calderón Hinojosa se hizo con el poder presidencial en una contienda electoral que hasta la fecha sigue despertando sospechas de fraude electoral entre varios sectores de la sociedad mexicana.

La llegada de Evo a la presidencia se dio en medio de una vuelta a la izquierda en América Latina; Hugo Chávez en Venezuela, Néstor Kirchner en Argentina, Luiz Ignácio Lula da Silva en Brasil, José Mujica en Uruguay, Rafael Correa en Ecuador. Morales se mantuvo en la presidencia durante 13 años y fue reelecto en 3 ocasiones, durante ese periodo en México la corriente política en el país fue afín al neoliberalismo anglosajón.

Durante el mandato de Evo en el ejecutivo, Bolivia creció económicamente, se volvió un país más equitativo y nacionalizó sus recursos estratégicos. En México las cosas fueron diferentes, durante las pasadas dos décadas el estancamiento del crecimiento económico, el ensanchamiento de la desigualdad social y la pauperización de la planta productiva nacional han marcado la tendencia en el país.

Según datos del Banco Mundial, en esos 13 años el Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia se cuadruplicó; pasó de 11.5 mil millones de dólares en 2006 a 40 mil millones de dólares en 2018, mientras que en México pasó de 975 mil millones en 2006 a un billón 200 mil millones de dólares durante ese periodo, una ganancia de menos de 30%.

Durante los pasados 5 años del mandato de Evo, la economía boliviana creció en promedio 4.5 puntos porcentuales anuales, lo que la coloca por encima de cualquiera de sus vecinos del cono sur. México durante ese mismo periodo logró en promedio un crecimiento anual de 2%.

Los indicadores de desarrollo social también fueron benéficos para el país suramericano, la pobreza descendió 22% en 10 años; en 2005 el 63 % de la población boliviana era pobre, mientras que para 2015 el porcentaje de pobres en el país era de 39%. En México durante el mismo periodo la pobreza aumentó 6 puntos porcentuales, mientras que la pobreza extrema lo hizo en dos puntos porcentuales.

Además durante ese periodo, la redistribución de la riqueza también se equilibró, Bolivia pasó de ser el país más desigual del cono sur con 58.8 puntos en el indice Gini a tener una coeficiente de 44 puntos para este años, mientras que México es más desigual con un 48 puntos en la misma escala.

De 2006 a 2018 en Bolivia la tasa de desempleo disminuyó 3%, mientras que en México, durante el mismo periodo se contrajó menos de 1%.

En México la deuda externa como porcentaje del PIB aumento de 12. 3% en 2006 a 28.6% en 2018, por su parte Bolivia durante el mismo periodo redujo su deuda externa en 24 %.

El peso mexicano en 2006 se cotizaba en 10.6 pesos frente al dólar, para el 2018 la magnitud cambiaria fue de 19.7, mientras que el peso boliviano logró reducir un punto porcentual la diferencia frente al dólar.

El político de origen aymara inició un ola de nacionalizaciones sobre algunos sectores estratégicos. En 2006 nacionalizó el petróleo lo que implicó que las multinacionales tuvieran que pagar un impuesto de entre 50% y 85% sobre el valor de la producción. Diversos analistas consideran que esta acción fue decisiva para el empuje económico del país.

Según datos del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) la política boliviana de nacionalización de diferentes sectores estratégicos tuvo un impacto positivo en la economía sudamericana pues generó una riqueza de alrededor de 74 mil millones de dólares entre 2006 y 2017, lo que equivale a un ingreso adicional de 2 PIB del año 2017.

En México, debido a la caída del precio del petróleo, que es independiente de las políticas nacionales, y a la baja de la producción del crudo, que depende directamente de dichas políticas, la importancia del hidrocarburo en el ingreso nacional pasó de 45% en 2008 a 16% del ingreso federal para el 2018.

La situación anterior llevó al gobierno federal en curso a proponer polémica reforma energética, que según sus detractores, está encaminada a la privatización de los hidrocarburos mexicanos.

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