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Cultura

‘Príncipe de paz’, un filme sobre cuerpo y ciudad desde la precariedad

Foto: Especial

El novel cineasta Clemente Castor puso un pie en la tierra, Iztapalapa, y otro en el cielo para su primer largometraje, Príncipe de paz (2019), con la conciencia de que sería una obra desde la precariedad, sin afán comercial, para satisfacer a un público que no busca en el cine un principio, una trama y un final.
 
La película se estrenó en México el pasado viernes 23 de octubre en Cineteca Nacional, después de haber desfilado en el extranjero por  el Vienna International Film Festival, el 34 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y el Ficunam 2019, en el que fue galardonado con el Puma de Plata por la Mejor Película Mexicana, tras su premiere internacional en el 30 FIDMarseille, donde recibió las Menciones Especiales de la Competencia Internacional y del Centro Nacional de las Artes Plásticas.
 
El joven realizador cuenta en entrevista que la teología y un antiguo tiradero de basura en Iztapalapa inspiraron su ópera prima, sin un afán de que el resultado fuera religioso.
 
“Me interesaba el espacio donde se filmó la mayor parte de la película, el parque Cuitláhuac, en Iztapalapa, que en los años 50 del siglo pasado era el mayor tiradero de basura de América Latina y en los 80 se rellenó para convertirlo en parque público. Sin embargo, la migración a la capital terminó asentando personas que creaban economía a partir de la pepena de residuos. Y así se formó la colonia al lado, Renovación, que se sigue dedicando a lo mismo, todo el tiempo encuentras ahí chatarra, residuos.

‘Príncipe de paz’ se estrenó en México el pasado viernes 23 de octubre en Cineteca Nacional, después de haber desfilado en el extranjero. Foto: Especial


 
“Además, el parque no está a nivel del suelo, como lo rellenaron, está varios metros elevado, y no ves casas o edificios, sino sólo el cielo y el parque. Y como no hay una buena administración, en agosto (época en que me interesaba filmar), por la lluvia crece la yerba un montón, es gigante, y me interesaba mucho ese espacio tomado por la naturaleza y por la gente”, narra el realizador poco antes del estreno.
 
Clemente Castor, además de estudios de literatura y de teología, pasó un año en el Sarajevo Film Academy, de Bosnia, cuya creación auspició el cineasta húngaro Béla Tarr y de donde también egresó otro realizador mexicano, Sergio Flores Thorija –3 Mujeres (o despertando de mi sueño bosnio). 2017.
 
Justo también buscó incorporar conceptos de la teología en Príncipe de paz, cuyo personaje –dice Castor–  es una suerte de profeta con su cuerpo y con el espacio.
 
“Estaba estudiando teología y había un concepto que me interesaba mucho: el ‘cuerpo místico de Cristo’, que habla de que todos los bautizados forman parte de ese cuerpo. Y me interesaba mucho esa imagen, como un cuerpo donde todos los habitantes tienen una función. Quería hacer una analogía con el lugar, donde justo los personajes están transitando y tienen una función dentro de ese cuerpo. Y uno de los temas principales de la película es justo eso: el cuerpo, los límites, los bordes del mismo cuerpo y del espacio. Y hacía dentro de esta ficción se relacionaba con el esqueleto del gigante que encuentran los protagonistas adolescentes en este mismo parque”, refiere el cineasta oriundo igual de Iztapalapa.

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Castor asume que su película parte de la precariedad, no sólo por el contexto capitalino en la que se ambienta, sino por los pocos recursos con los que contó para filmarla. Pero subraya que tampoco le interesaba reproducir el modelo de producción de cine cooptado por el dinero, que a su juicio quieren imitar colegas mexicanos de Hollywood, sino que su preocupación era conocer a la gente de las locaciones, a quienes se acercó durante dos años, a los adolescentes protagonistas, a los espacios.

La producción de ‘Príncipe de Paz’ estuvo a cargo de Verónica Posada, Andrew Martín, Arturo J. Kafuri, Alejandra Villalba y Alejandro Alatorre. Foto: Especial


 
“No me gustaba la idea de representar como se suele hacer a la periferia de la ciudad, a la clase obrera. Nosotros teníamos otro modelo de producción. Por eso la película tiene una estructura no tan narrativa, sino de sensaciones. Hay películas para todo mundo, Príncipe de paz no es de corte comercial, no entramos a ninguna cadena comercial de exhibición, sino que se presenta en lugares como Cineteca Nacional o Cine Tonalá, donde hay un interés de cierto público para ver este tipo de filmes”, sostiene.
 
“Queríamos hacer una película donde las sensaciones fueran más importantes que una trama lineal o progresiva”, reitera Clemente Castor, autor también del guion y del montaje con Sean von Dahn.
 
La producción estuvo a cargo de Verónica Posada, Andrew Martín, Arturo J. Kafuri, Alejandra Villalba y Alejandro Alatorre, en coproduccion de Cristian Manzutto. La fotografía es de José Luis Arriaga.  Sonido, de Jorge Zubillaga, y la dirección de Arte, de Sofía Cravioto.
 
El filme presenta, en secuencias que  incluyen el uso constante de fotografía fija y close up, las historias de jóvenes de comunidades marginales que encuentran el supuesto esqueleto de un gigante en el campo, ante lo cual, según Castor, se ven sobrepasados por un choque entre las complejidades de la vida en los márgenes de una gran ciudad y el entendimiento, tanto místico como mundano, del cuerpo.
 
Príncipe de paz fue realizada con la participación de actores no profesionales y, de acuerdo con su creador, juega con el lenguaje cinematográfico de manera libre y pasea entre el registro de la pobreza y un ensayo sobre los espacios que habitamos, sea el corporal o aquello a lo que llamamos hogar.
 
El cineasta descartó la incorporación de actores profesionales para representar a jóvenes de Iztapalapa al juzgar “ridículo” el hecho de que gente que no es de la zona quiera jugar esos papeles y simular el lenguaje, y puso de ejemplo de esa situación a la película Chicuarotes (2019), de Gael García Bernal.

Flyer de la película ‘Príncipe de Paz’. Foto: Especial
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