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A Fuego Lento

Lozoya y Robles: las dos caras de un mismo desquite presidencial

Foto: Especial

El canto de Emilio Lozoya tiene a los gobiernos enteros de los dos ‘sexenios espurios’ sudando frío y no es para menos. Andrés Manuel encontró oro molido en el exdirector de Pemex y ahora le va a sacar provecho, iniciando con sendas arremetidas contra Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, a quienes tiene contra las cuerdas. Es aquí donde Rosario Robles, a un año de haber ingresado a prisión, nos amplía el panorama para explicar de qué va el desquite presidencial.

El jueves pasado, para ‘conmemorar’ su primer aniversario en Santa Marta Acatitla, Robles publicó una carta acusando que ella está presa no por los delitos de la ‘Estafa Maestra’ –que no, no es la misma trama de corrupción que la de Odebrecht, el peñismo permitió que más de un grupo hiciera su agosto-, sino por el desquite presidencial de su sucesor en la Jefatura de Gobierno de la CDMX. El asunto es que, con papelito en mano, la dos veces secretaria de Estado tendría un punto.

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De las 16 diligencias de la FGR por el desvío de 5 mil millones de pesos en Sedesol y Sedatu durante las gestiones de Robles, a ella solo se le abrió un proceso por omisión. Es decir, el ministerio de Gertz Manero la señala de “no haberse dado cuenta”. Sí, la misma excusa que sacó Peña cuando capturaron a Lozoya, o Calderón cuando Genaro García Luna terminó vestido de naranja ante un juez de Estados Unidos.

Incluso la propia secretaria de Gobernación y ministra en retiro de la Suprema Corte, Olga Sánchez-Cordero, reconoció que “por los delitos que se le acusan o imputan, cuando menos en la época en la que ella supuestamente los cometió, no hay prisión preventiva. Es decir, puede enfrentar su proceso en libertad”. Aun con este conocimiento, la titular de la dependencia encargada de defender los derechos humanos no ha movido un dedo en concordancia.

Por el contrario, tenemos está Emilio ‘L’, quien el martes tuvo a bien presentar una denuncia de hechos ante la FGR por los sobornos que la campaña presidencial de Peña, que coordinó Luis Videgaray, habría recibido de Odebrecht. Así como por los que, ya en el gobierno, habrían destinado a legisladores del PRI y el PAN para amarrar los votos de la reforma energética. Trámites para poner en marcha lo que ya era un escándalo, pues.

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Aunque el fiscal Gertz solo informó de estos casos, a la mañanera siguiente, Andrés Manuel ventiló que también Calderón estaba involucrado en la denuncia por los vínculos de su gobierno con Odebrecht, a quien incluso metió a Los Pinos para celebrar una reunión de su Consejo Administrativo. Aclarando, obviamente, que su gobierno no se involucra en la investigación y que hasta ya había perdonado al expanista por robarle la Presidencia de la República.

Ya para el viernes, el presidente dejó claras sus intenciones cuando consideró que sería benéfico para el combate a la corrupción el que la FGR difundiera el video con el que supuestamente Lozoya comprobaría todos estos actos ilícitos. “Sería extraordinario que la gente vea, si es sobre dinero, como se repartían el dinero, como se compraban las conciencias”, dijo en su mañanera, de nuevo asegurando que él no ha visto la grabación ni puede corroborar su existencia.

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¿Cuánto quiere Andrés Manuel un desquite presidencial con un videoescándalo similar al del 2004 orquestado para sacarlo de su primera carrera presidencial? ¿Por ver al brasileño Odebrecht, en vez del argentino Ahumada, dándole un maletín con billetes a Videgaray, el principal operador de Peña, y no a su principal operador, René Bejarano? ¿O por ver a los panistas nerviosamente tomar los fajos de dinero para metérselos en el saco y el pantalón?

Con Robles en la cárcel sin que realmente se le investiguen las irregularidades de sus actos. Con el gobierno de México insistiendo al de Argentina que quiere la extradición de Carlos Ahumada, como también pasó esta semana. Con Lozoya como el niño mimado de Gertz, incluso dando carpetazo a temas como la planta chatarra que compró. Tal vez es cuestión de tiempo antes de ver otro videoescándalo en El Mañanero. Perdón, en la mañanera.

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