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Incendiario

Elecciones efímeras

Foto: Cuartoscuro

Mientras el oficialismo y la oposición se esfuerzan por que el día a día sea un referéndum entre ellos, en la cotidianidad las elecciones son un asunto más bien efímero, irrelevante. Siendo que el país sigue viviendo la misma añeja y brutal crisis de inseguridad que ya se perfila para dos décadas, esa que consume vidas, territorios y realidades enteras. Incluso consume a las mismas elecciones y demuestra lo absurdo e insultante que resulta el intercambio de insultos políticos.

Al momento de escribir esta columna, sumaban ya 88 políticos asesinados desde septiembre de 2020, cuando inició el proceso electoral. El 90 por ciento de estos laboraban, operaban o contendían por cargos municipales. Alcaldes, regidores, concejales, síndicos. El nombre más reciente de la lista es el de Alma Barragán, candidata de Movimiento Ciudadano a la presidencia municipal de Moroleón, Guanajuato.

Si de por sí estas campañas ya han brillado por su frivolidad, en donde los candidatos parecen estar compitiendo en Bailando por un Hueso en vez de por un cargo público, y por la crispación, generada por la profunda polarización política y social que tanto el partido oficial como las fuerzas de oposición tratan de capitalizar a favor, ¿se puede pedir a la ciudadanía de a pie que muestre interés cívico por la democracia cuando hasta en actos públicos se mata candidatos?

Con esta situación, uno pensaría que la seguridad sería una de las grandes banderas electorales de este año. Sin embargo, se quedan en el mero “vamos a recuperar la paz”, “no le vamos a tener miedo a la delincuencia”, “habrá más policías, más cámaras, más vigilancia” y demás lugares comunes que cualquiera que haya escuchado cualquier mitin de campaña desde el 2000 a la fecha ya conoce letra por letra.

El Observatorio Nacional Ciudadano buscó a los 107 candidatos a las 15 gubernaturas en juego el próximo 6 de junio para conocer sus propuestas en cuanto a seguridad y analizar su posible efectividad. La respuesta fue patética. Solo 13 abanderados aceptaron presentar su plataforma. La cosa se pone peor al ver que solo cuatro -Leoncio Morán, Adrián de la Garza, Ernesto Gándara y Claudia Anaya- tienen posibilidades de ganar. Ojo, posibilidad no es probabilidad.

A nivel municipal, ahí donde se está matando a los candidatos, dirigentes y funcionarios, la cosa no cambia. Este año se elige más de mil alcaldes en 30 entidades de la República. Solo 84 participaron en el ejercicio del ONC. 13 en CDMX, 12 en Jalisco y el resto distribuidos en el Edomex, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Nuevo León, Michoacán, Guanajuato, Baja California Sur, Coahuila, Puebla, Quintana Roo y Sonora.

De nuevo, la mayor participación proviene de esos candidatos don nadie abanderados por membretes partidistas desesperados por alcanzar el tres por ciento de la votación para mantener el registro y los recursos económicos que vienen con él. No son propuestas reales, lo ven como un acto de relaciones públicas para que se hable de ellos. No importa si prometen ponerle un guardaespaldas personal a cada ciudadano o mochar manos. Son irrelevantes.

Arriba, los que contienden por los cargos, Morena, PAN, PRI, por ahí asomados PRD, MC, PVEM y PT, no les podría importar menos. Si los más de 200 mil muertos por la pandemia solo son municiones para acusarse mutuamente de negligentes y carroñeros, ¿cómo por qué les habría de conmover que ejecuten a un candidato en Pueblo Quieto? Resulta más redituable alimentar la narrativa de que el otro quiere destruir el país que en realidad plantear algo para salvarlo.

La clase política todos los días se entera que no es intocable, muy por el contrario, redescubre el blanco que tiene marcado en la nuca, y ni así se digna a sentarse con la ciudadanía a discutir lo que se debe y, quizá más importante, lo que se puede hacer para detener la inseguridad. Considera mejor el marketing político, sacar tiktoks bailando, hacerse viral por mentarle la madre a alguien, decir que ya viene la dictadura, o el golpe, o el fraude, o lo que sea que venga esta semana.

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Eso también nos habla de cómo es el México ciudadano, el tan mentado pueblo bueno, puesto que ninguno de los candidatos punteros en la decena y media de gubernaturas en disputa ha hecho planteamientos reales. Vamos, ni el exsecretario de Seguridad que está a cuestión de días de concretar su triunfo en Sonora. Pero no por sus brillantes planes o por la emotiva campaña que ha hecho, esas son boberías.

Ahora bien, si a los políticos no les importa hasta que maten políticos, ¿pues qué puede esperar la gente? Esas masas sin forma con tantos rostros que terminan sin uno definido, que normalmente son mera escenografía en los mítines para mostrar músculo y contribuyentes para mantener vivo al decadente sistema político. ¿Se puede, sincera y razonablemente, esperar resultados cuando la baraja de alternativas es tan anémica?

Por el contrario, pareciera que algunos aspirantes se esfuerzan por demostrar que la línea entre el crimen y la política no es para nada clara. Tan solo esta semana se filtró un audio de Gabriela Gamboa, candidata de Morena en Metepec, amenazando a su rival y a la hija de este. Mientras que, en la Benito Juárez, candidatas de Movimiento Ciudadano denunciaron que hombres armados las amenazaron y destruyeron su propaganda, identificándose como colaboradores del PAN.

Lo verdaderamente escalofriante, lo que quita el sueño y espanta el hambre, va más allá de los asesinatos. Si las omnipresentes manos del crimen ya dijeron que tal candidato no puede llegar, ¿entonces cómo llegan candidatos a los cargos municipales? ¿Por el puro poder de la democracia? ¿O porque ya estrecharon esas mismas manos? Los que lleguen el 6 de junio, los que sobrevivan, los elegidos, tendrán tres años para actuar a sus anchas en esos municipios. Qué susto, ¿no?

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