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Cultura

“Todavía tengo mucho que aprender en mi oficio”: Eugenio Caballero

Foto: Mauricio Roher

El director de arte Eugenio Caballero pudo ganar un Oscar, dos Goyas, un Bafta, dos Arieles, sin contar numerosas nominaciones más a esos premios y otros; haber trabajado en una treintena de películas con cineastas como Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Jim Jarmush, J. A. Bayona o Sebastián Cordero, pero aun así dice tener todavía mucho que aprender en su oficio y descarta convertirse en un realizador.

Poco antes de viajar a Europa a dar cátedras sobre sus especialidades en el cine, Caballero volvió a la ciudad que lo inspira para crear, donde nació hace 47 años, el ex Distrito Federal, a presentar la versión editorial a su cargo de la exposición de la colección de Guillermo del Toro, En casa con mis monstruos, un libro diseñado por Alejandro Magallanes y coeditado por Turner y la Universidad de Guadalajara.

En entrevista con lahoguera.mx, además de hablar sobre el libro y la muestra abierta de junio a octubre en el Museo de las Artes Universidad de Guadalajara (MUSA), Caballero refiere cómo encuentra su mundo artístico en el de los cineastas con quienes ha trabajado y señala que se siente muy cómodo en el diseño de producción, cuya más reciente experiencia fue la multipremiada Roma, de Alfonso Cuarón.

Caballero estudió Historia del Arte e Historia del Cine en la Universidad de Florencia. Ganó el Oscar por la dirección artística del filme de Del Toro El laberinto del fauno, junto con Pilar Revueltas, y por Roma también recibió una nominación por el diseño de producción con Bárbara Enríquez.

Foto: Mauricio Roher 

¿Cómo los monstruos pueden ser inspiradores?

Los monstruos es uno de los temas que le interesan a Del Toro, pero hay muchos más contenidos en el libro. Los monstruos, de acuerdo al entendimiento que Guillermo tiene, y eso se trata de reflejar en el volument, son mucho más que una cosa que asusta; son una metáfora de la diversidad, de la posibilidad de ser distinto, de una belleza que es distinta; la posibilidad de tener también una aproximación a ciertos temas que habitualmente no son los aceptados, como justamente esto: tener intereses no tan comunes y de alguna manera poderlos desarrollar y formar una visión y una obra alrededor de esto, que es lo que hace Guillermo; es decir, los temas que le interesan a Guillermo del Toro, la muerte, la magia, lo grotesco, lo monstruoso, todas estas cosas que son temas difíciles y que él de alguna manera los ha entendido, los ha masticado, y a partir de ello los ha hecho una obra que para mí es inspiradora. 

Mencionaba que son sus primeras incursiones en el mundo editorial y de curaduría en un museo. ¿con qué dificultades se topó al curar una exposición y un libro?

Sí, ambas cosas son nuevas para mí. Yo lo que soy es un cineasta, me dedicó a diseñar películas. Entonces, todo fue un proceso de aprendizaje. Sabía qué quería o trataba de comunicar, pero los medios cambian. Para mí, en general, es tratar de entender lo que necesita la gente con la que trabajo para poder llevar a cabo su trabajo. Es decir, qué necesita el diseñador del libro de mí, que es lo mismo que necesita mi equipo de curaduría o de museografía en la exposición, básicamente una visión de decir: “Quiero llevarlo por este lado, ¿cómo hacerlo?”, y empezar a desarrollar los conceptos y a aprender también los distintos códigos de las diversas disciplinas que son radicalmente distintas. 

En el cine usted incursiona en el mundo de los cineastas, por ejemplo, de los más importantes de México en la actualidad, Del Toro, Cuarón ¿Pero, cuál es el mundo de usted?

El mundo mío es esto. Lo que yo hago en el cine, por ejemplo, es dotar a las películas de un mundo, que sirve única y exclusivamente para esa película, es decir, aunque sea muy realista, en el momento en el que tú decides qué meter en ella, se vuelve el total del mundo de la película. Si es fantasía, pues tienes que construir todo; si es una que aborda el pasado, pues tienes que recrear eso. Ese es mi mundo: crear estos mundos siguiendo la visión de distintos directores, pero poniendo de mi parte, por ejemplo, la meticulosidad y mi entendimiento de cómo tienen que ser estos mundos y cómo tienen que verse. Aunque mi disciplina pareciera que es solamente visual, es narrativa sobre todo. Para hacer este libro, o la exposición del MUSA, mi motivación es más que estética, lo estético es resultado de una cuestión narrativa que queríamos contar: qué queríamos contar, cómo lo íbamos a hacer, cómo íbamos a llevar a la gente al mundo de Guillermo, a su casa, cómo íbamos a compartirle a los chavos los conceptos sobre los temas que a él le interesan. Todo estas cosas son resultado de esas primeras preguntas.

Al trabajar con distintos cineastas, ¿cuál fue la dificultad principal que tuvo con cada uno para plantear ese mundo tan meticuloso?

Todos son distintos. Y todos los directores con los que he trabajado, Jim Jarmush, J. A. Bayona, Sebastián Cordero, cada uno tiene una visión y una dinámica de trabajo distintas. La dificultad es entender cuáles son las necesidades de cada uno de ellos y tratar de proveérselas sin sacrificar lo que yo pienso de las cosas; es decir, yo he encontrado una habilidad en eso, en seguir la visión de un director, que es más allá de la estética, que tiene que ver con la historia, los personajes, y acompañarlo a decir las mismas cosas pero con mis herramientas, es decir, con el color, la forma, los objetos, espacios. 

El diseño de arte siempre queda relegado en el reconocimiento de las grandes obras del cine, pero usted está poniéndolo en un alto nivel estético en los filmes en los que ha trabajado.

Y narrativo. Bueno, eso ha pasado así, yo hago mi trabajo lo mejor que puedo y le pongo todo lo que soy yo y lo que creo que requiere un proyecto. Un proyecto requiere hacerse las preguntas correctas, que no siempre es muy evidente cuáles son, pero si tú vas escuchando las propias necesidades tanto del director como del proyecto mismo, y después das una resolución meticulosa; es un trabajo donde uno pone el alma, y eso es justamente lo que sé hacer, y eso es lo que me gusta que hacen los directores con los que trabajo. El resultado de las películas de estos directores tiene que ver con que cada uno de ellos deja parte de su alma en cada una de sus obras, no lo hacen nada más por hacer una chamba.

Y usted también pone su alma.

Bueno, eso es lo que les he aprendido.

¿Ha pensado en dirigir usted las películas, en dar ese cambio, como lo acaba de hacer con la exposición y el libro?

No, la verdad, no. Me gusta mucho, me siento muy cómodo con mi nicho en el cine, porque de alguna manera he logrado contar las historias que me interesan también desde una disciplina que no es fácil de entender. Y ese nicho me gusta mucho también, siento que todavía puedo desarrollarme más, todavía tengo que aprender mucho de mi oficio, antes de dar cualquier otro paso. 

¿Qué le inspira más?

¿Qué me inspira más? ¿En el mundo? Son muchas cosas, me inspiran mis hijos, muchos trabajos que veo alrededor, el cine me vuelve loco, la música, la literatura, son cosas que me inspiran mucho. También me inspira mucho la Ciudad de México, por eso no me he ido. Con todo y sus monstruos.

Video: José Juan de Ávila

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