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‘Mientras la vida me lo permita’: Rosario Ibarra de Piedra

‘Mientras la vida me lo permita’: Rosario Ibarra de Piedra

La galardonada no tuvo que hacer acto de presencia en la Casona de Xicoténcatl para inundar el antiguo Senado de la República con su esencia de lucha y reclamo. Doña Rosario Ibarra de Piedra, ausente por motivos de salud, convirtió la entrega de la Medalla Belisario Domínguez en un episodio más en su cruzada por justicia y verdad. Aprovechando, de paso, para darle al presidente Andrés Manuel López Obrador un recordatorio imborrable de su compromiso con estos ideales.

El cuadro que se dibujó en el Salón de Plenos de Xicoténcatl era único. López Obrador, el eterno opositor, encabezó ek acto como el presidente más poderoso de la última generación. Frente a él, sus secretarios de la Defensa Nacional y Marina representaban a las Fuerzas Armadas, el pueblo uniformado, a un costado del homónimo del decano del periodismo independiente, Julio Scherer. La cuarta transformación en primer plano del acto republicano.

Sin embargo, dominaba la escena Rosario Piedra Ibarra, hija y representante de la homenajeada, portando un gafete con la imagen de su hermano Jesús, desaparecido hace 45 años. Mismo tiempo que su madre ha dedicado a denunciar los males del autoritarismo y clamar por los derechos humanos. Afuera del salón, sus invitados, familiares de víctimas de la ‘guerra sucia’ y el ‘periodo neoliberal’ siguen el ejemplo de doña Rosario.

Claudia, la otra hija de doña Rosario, lee la carta que de puño y letra su madre envió para la ocasión. Rebelde hasta en la solemnidad de la medalla Belisario Domínguez, escribe al “señor Presidente Andrés Manuel López Obrador, querido y respetado amigo: No permitas que la violencia y la perversidad de los gobiernos anteriores siga acechando y actuando desde las tinieblas de la impunidad y la ignominia, no quiero que mi lucha quede inconclusa”.

No pierde oportunidad de recordar los excesos, abusos y burlas de décadas de mal gobierno, pero tampoco se resiste el comunicar el hartazgo de uno de sus nietos, quien en días pasados le externó su molestia ya que, a un año de haberse iniciado la cuarta transformación, esta tampoco ha sabido responder. Aún con la confianza y fe depositadas en el hombre que durante años marchó a su lado desde la oposición, a quien le deja un recordatorio único en su tipo de esos días.

“Dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos y añorados hijos y familiares, y con la certeza de que la justicia anhelada por fin los ha cubierto con su velo protector”, dijo en voz de su hija la ausente doña Rosario. El poder mismo dio un suspiro ahogado que congeló la escena hasta que la rompieron las consignas de ‘¡hijo, escucha, tu madre está en la lucha!’ de los familiares.

Concluida la sesión solemne, se montó la Guardia de Honor ante la escultura de Belisario Domínguez que recuerda que al poder se le habla de frente. Escasos 15 metros separaban a López Obrador y a los más altos representantes del Estado mexicano de un mar de gente que ha acumulado generaciones de rabia, desesperación y dolor. Lado contrario, la Banda de Guerra del Ejército, en uniforme de guerra, que acalló sus reclamos con el ‘Toque de Silencio’ en memoria del senador chiapaneco.

El minuto de silencio pasó como si se aguantara la respiración bajo el agua. Al final, el presidente, el ‘querido y respetado amigo’, echó por la borda protocolo alguno para atender a los dolientes. “Es una responsabilidad que voy a cumplir, voy a hacer todo lo que humanamente me sea posible para dar con los desaparecidos”, dijo al asumir la responsabilidad de que ningún grupo de interés creado impedirá que se sepa la verdad de los crímenes del pasado.

“Un abrazo cariñoso, sabré cumplir con su encomienda, voy a estar a la altura de las circunstancias”, respondió a la solicitud de la homenajeada. Quien, una vez más, supo sublevar a quienes lloran de injusticia para hablarle de frente al poder, así fuera por medio de una carta. La cual concluyó, en una sublime ironía, con una petición de permiso para su rebeldía. “Mientras la vida me lo permita, seguiré en mi empeño hasta encontrarlo. ¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!: Rosario Ibarra”. Ella, sin hacer acto de presencia, como los desaparecidos, a quienes no les permitieron la vida, presentes hoy y siempre.

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