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A Fuego Lento

Marcelo, el virrey

Foto: Especial

La figura de Marcelo Ebrard suma fuerza con cada tropiezo que sufre el gobierno de Andrés Manuel, principalmente porque es el hombre de confianza de Donald Trump en Palacio Nacional. Sucedió ante la crisis migratoria, en los impases que ha enfrentado del TMEC y ahora, ante la pifia que fue el ‘Operativo Culiacán’ (y el pésimo control de daños de la 4T), es el canciller quien velará por los intereses de la Casa Blanca en lo que a seguridad en México respecta.

Trump pidió la cabeza de Ovidio Guzmán para anotarse un gol en su carrera por la reelección para apaciguar la debacle que atraviese de cara a un juicio político. Sin embargo, Alfonso Durazo y el mismo Andrés Manuel vieron en esta la posibilidad de colgarse la medallita con el primer gran logro de su Guardia Nacional. El resultado fue un operativo improvisado y precipitado que puso en riesgo a toda una ciudad y por el cual cayeron derrotados ante el Cártel de Sinaloa.

Por más que twitteen y digan que la oposición pide un baño de sangre, el cual no concederán porque son un gobierno civilista y humanista, la 4T no engaña al vecino de arriba. Trump y sus hombres aprendieron del triste espectáculo de Culiacán que no pueden confiar en Andrés Manuel para esta clase de situaciones. Es ahí donde entra Marcelo, un experto en hacer el trabajo sucio y lavarse las manos al mismo tiempo.

Con la fachada de congelar el tráfico de armas, Ebrard asumirá un papel plenipotenciario en la seguridad nacional y la extraoficialmente reiniciada lucha contra el crimen organizado. Como los hizo para enfrentar las caravanas migrantes y como ha hecho para promover a México como una aduana de EU en materia de comercio exterior en medio de la guerra arancelaria con China, Marcelo operará las estrategias de Trump.

Marcelo, quien en junio viajó al norte como vicepresidente de Andrés Manuel y volvió envestido como virrey de Trump, tendrá a su cargo las carteras de seguridad, economía y migración, relegando a los secretarios correspondientes porque, como pasó con las caravanas, solo él puede coordinar semejante tarea. El lado positivo es que Andrés Manuel tendrá más espacio en su agenda para recorrer el país, supervisar programas de bienestar y regañar reporteros.

El general está “encabronadísimo”

Siguiendo con la pifia que fue el Operativo Culiacán, nos comentaron que el general Luis Cresencio Sandoval “está encabronadísimo” con Alfonso Durazo y el propio Andrés Manuel por la manera en que, brincándose las trancas, hicieron de lado a la Sedena y decidieron ir por Ovidio Guzmán solo con la aún no cuajada Guardia Nacional. Sumándose a una semana en la que el gobierno de la 4T no quedó bien ante las Fuerzas Armadas.

La impulsividad con la que Durazo, a extensión del presidente, operó la captura de Ovidio causó tal rabia en el general que no pudo aguantarse y en plena conferencia de prensa despotricó contra el secretario de Seguridad. Claro, no de manera directa, pero cada vez que se refería al operativo precipitado y fallido que subestimó las capacidades del Cártel de Sinaloa, el general utilizaba frases que no ha dejado de repetirle a Durazo desde que se enteró de lo sucedido.

Como el gobierno de Estados Unidos, las Fuerzas Armadas no compran la versión de que se evitó una masacre en Culiacán porque saben (o creen) que bajo sus instrucciones ese escenario se habría evitado y hoy podrían presumir la captura de Ovidio. Recordando que el Ejército y la Marina dieron con ‘El Chapo’ sin disparar una sola bala bajo el mando de Peña Nieto, así como hicieron picadillo a Arturo Beltrán Leyva por órdenes de Calderón.

En su lugar, tuvieron que dejar libre al objetivo porque, de manera incompetente, las autoridades no contemplaron la reacción de los sinaloenses, quienes apuntaron a lo más sagrado del militar: su familia. Un arranque propiciado por Durazo hizo ver a las Fuerzas Armadas como frágiles e inoperantes, arriesgó a sus seres queridos al no resguardar la zona militar y los dejó mal parados ante un enemigo que ahora se jactará con prepotencia de que dobló a la 4T.

Y es que el general conoce a sus tropas, quienes no están precisamente contentas ya que sienten que la 4T les ha amarrado las manos para hacer lo que fueron adiestrados a hacer. Además de que los alebrestó el que Olga Sánchez Cordero se refiriera a hechos como los de Aguililla y Topochica como ‘circunstancias que se presentan todos los días’. No ayuda, claro, que la secretaria de Gobernación sea mujer. El castrense sigue siendo un mundo de hombres.

Ya que Marcelo Ebrard asumirá el control de la estrategia de seguridad nacional a nombre del gobierno estadounidense, no será extraño ver un acercamiento entre el general y el canciller, así como un distanciamiento con Durazo. Después de todo, el gabinete de seguridad se entrevistó primero con el embajador Christopher Landau que con el mismo presidente López Obrador. Porque visitar un hospital rural era más urgente que darle la cara al humillado pueblo uniformado.

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