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¡Qué espectáculo…!

Manuel Valdés, un ‘Loco’ muy cuerdo

Foto: Especial

Mi primer contacto con don Manuel ‘Loco’ Valdés fue en 1993, cuando trabajaba en la Segunda de Noticas de Excélsior, conocida como La Extra. Era junio de 1993 y estaba por conmemorase el XX Aniversario Luctuoso de don Germán Valdés Tin Tan

Don Tomás López Ortega, que en ese entonces era jefe de espectáculos de la edición, me hizo el favor de proporcionarme el número telefónico del “Loco” pues le comenté que iba a hacer un trabajo en el que quien conoció y laboró con “El Pachuco” hablara de él y que su hermano sería, por supuesto, el mejor testimonio.

Así, marqué el teléfono y al tercer timbrazo contestó el actor.

“Buenas tardes, ¿se encontrará el ‘Loco’ Valdés?”. La respuesta fue Inmediata: “¿Perdón?”. Por lo que reviré: “¿Qué si estará el ‘Loco’ Valdés?”. Simplemente contestó: “No”, y colgó. 
Encabronado, aventé el teléfono y don Tomás se me acercó para preguntar: “¿Qué pasó, todo bien?”. No, le respondí, “¡llamé al ‘Loco’ Valdés y según no estaba, ¡pero si fue él quien me contestó, le reconocí la voz!”.

Don Tomás me comentó: “Sí, escuché que preguntaste por el ‘Loco’ Valdés, pero a no ser que sean cuates tenías que preguntar por don Manuel Valdés”.

Efectivamente, había caído en la peor estupidez de un reportero, hablarle de tú a quien no se conoce por el hecho de ya no tener madre, es decir, mi segundo apellido había desparecido pues además de que sólo se publica uno, ahora estaba casado con el medio: Jorge Almazán, “de Excélsior”. 
Entendí la indirecta y marqué de nuevo. “Buena tarde, ¿se encontrará don Manuel Valdés?”; “¿Quién lo busca?, respondieron del otro lado de la línea. “Jorge Almazán, de Excélsior”; “Ah, dígame, en qué le puedo servir”. Y así inició una charla de casi 20 minutos.

Foto: Especial

El segundo contacto ocurrió en 2007. Laboraba en la sección de espectáculos del periódico Esto y me mandaron a cubrir la apuesta del “Loco” Valdés contra Sergio Corona a días de celebrarse el llamado “Clásico nacional” de futbol entre “Las Chivas” de Guadalajara contra “Las Águilas” del América, en la Puerta de Los Leones de Chapultepec, en pleno Paseo de la Reforma.

Antes de comenzar el show, le comenté a los dos actores que si al término podría hacer una entrevista con ambos, aceptaron. 

Al concluir, don Sergio me dijo que lo lamentaba, pero el evento tardó más de lo debido y no podía quedarse pues tenía un compromiso previo: “Te dejo mi número para que me llames mañana y nos ponemos de acuerdo para la entrevista, ¿te parece?”. Días después charlamos en su oficina.

Don Manuel estaba acompañado de uno de sus hijos, aguanté todo el tiempo y al final, creyendo que también me mandaría a la goma, le dije a su vástago: “Pues creo que ya bailó, no me va a dar la entrevista”. Si hijo me comentó: “Tranquilo, vamos a ir a comer al Sanborns que está a un lado del hotel Four Season (hoy ya desapareció), vamos, mi padre te invita a comer”. Le dije: “¡No!, ¿cómo crees?, será para la próxima!”. En ese momento se acercó don Manuel y le comentaron que no había aceptado ir a comer. 
“¿Cómo que no quiere?, ¡no, no, no, no, no, venga, vamos”, me tomó del brazo y comenzamos a caminar sobre Reforma. 
Ya en el restaurante, después de pedir la entrada, me preguntó: “A ver, dígame, ¿qué quiere saber? ¡No es cierto!, dígame, ¿qué necesita?”. 

Como preámbulo le comenté que en algunas películas lo había visto a él y a su tocayo Víctor Manuel “El Güero” Castro como bailarines.

“¿En serio?, ¡qué época! Así es, ahí nos conocimos. Pero mire, le voy a platicar…”.

La tercera y lamentablemente la última vez que charlamos fue en septiembre de 2015, días antes de conmemorarse los 100 Años del nacimiento de Tin Tan para un reportaje en el desaparecido Dominical de Milenio. 

Esas tres ocasiones que este oficio me dio el chance de platicar con él me demostraron que don Manuel fue una persona sencilla, agradecida y que su gran héroe era su hermano. 
De estas oportunidades, aquí algunos extractos:

Foto: Especial

“¡Uuuf, el gran don Germán! Era una persona maravillosa, admirable con toda su gente, con su familia, mamá y papá, sus amigos. Repartía dinero a diestra y siniestra entre toda su gente, en ese tiempo ganaba mucho dinero, y nos trataba a todos muy bien.

“Por él nos metimos al ambiente artístico don Ramón, Antonio y yo. En mi caso, empecé a trabajar en la primera película de don Germán, en 1945, El hijo desobediente (Humberto Gómez Landero), tuve que ponerme un sombrerote y un abrigo para aparentar más edad, tenía 14 años. 

“Y fue maravilloso estar ahí porque la escena donde se suponía que viajaba se filmó en una estación de ferrocarril. La cinta era algo así como su historia de cuando salió de Ciudad Juárez con el maestro Paco Miller en ‘La gira de las estrellas’. Mi primera póliza, que así se le llamaba al sueldo, fue de 13 pesos.

“Después me seguí de bailarín porque el ambiente me encantó, era mágico, y don Germán me dijo que me preparara y en ¡Ay qué bonitas piernas! (Calabacitas tiernas) (Gilberto Martínez Solares, 1949), fui uno de los cobradores que llegan antes de que abran el centro nocturno y fue la primera vez que hablé en el cine, dije: ‘¡Ya estamos hartos de embustes y majaderías!’.

“La segunda película en la que hablé fue en La marca del zorrillo (Gilberto Martínez Solares, 1950), hacía un ‘Chinaco’ y tenía que decir: ‘La casa está rodeada por soldados del Gobernador’, pero por los nervios, grité: ‘La casa está rodada por soldados del Gobierno’, a don Germán le ganó la risa… la repetimos y quedó. 

“Él nos protegía mucho. Cuando estaba en la cumbre, jamás olvidó a su familia, era excelente con mi padre (Rafael Gómez Valdés Angelín), agente de aduana, Mamá (Guadalupe Castillo, ama de casa), mi hermano el mayor, Rafael quien trabajaba en un banco; mi hermana Guadalupe, dedicada al hogar; Pedro, cronista deportivo en Ciudad Juárez y después se fue a Los Ángeles; Armando trabajaba en la Secretaría de Economía; ‘Don Ramón’, actor; Cristóbal estudiaba, Antonio ‘El Ratón’, de actor y yo el más chico. Para don Germán era ‘Manuelito’.

Foto: Especial

“Cuando me compré mi primer carro, se subió don Germán y yo estaba en el volante, iba tan rápido que me gritó: ‘Manuelito, estás loco, no tan recio que nos vamos a matar, desgraciado’, y de ahí lo de ‘Loco’.
Compartimos muchas cosas, como Acapulco, eran días hermosos.

“Es muy bonito que un hermano te ayude y él no sólo hizo eso, sino me orientó en todo, y cuando trabajamos juntos nos divertíamos, como en Dos fantasmas y una muchacha (Rogelio A. González, 1958), con Ana Luisa Peluffo; Locura de terror (Julián Soler, 1960), con Sonia Furió, y Los fantasmas burlones (Rafael Baledón, 1964), con el gran (Antonio Espino) ‘Clavillazo’ y (Adalberto Martínez) ‘Resortitos, Resortín de la Resortera, para servirle aquí y en donde quiera, pero no por donde quera’

“Definitivamente de don Germán tengo un recuerdo muy clavado en el corazón, lo que hizo por mí y mi familia es algo que no se puede expresar… lo recordaré por siempre. 

“De Ensalada de Locos, ¡uf!, fuimos muy felices con mis queridos Alextronic y Lechutronic, me acuerdo que cuando estábamos grabando la entrada del programa le eché harina en la cara a Lechuguita y Alejandro le aventó un huevo que le dio en el ojo sin querer, pero si fue un buen guamazo, ja, ja, ja…”. 

Foto: Especial

Un detalle que tuvo para este servidor fue en la charla en el Sanborns. La plática fue tan “sabrosa” que me atreví a comentarle de aquella ocasión que me colgó el teléfono. 
“Pues no me acuerdo, pero si fue así, le ofrezco una disculpa, es más, de hoy en adelante nos hablamos de tú, cómo la vez manito?”, y me platicó, de cuates, algunas anécdotas de cuando grabó los comerciales para los zapatos Vagabundo de Canadá con su personaje «Pepe Nador», la pelona que enseñaba en los de K2, «la más joven, la menor», y de un fin de semana con dos actrices que por fortuna se mantienen vigentes y Lilia Prado, y en la que también estuvieron Emilio ‘El Tigre’ Azcárraga y Mauricio Garcés, en lo más alto del Hotel Intercontinental Hilton. Pero eso ahí se queda. “¡Tan tan!”. 

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