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La Zona Cero: las huellas un día después de la tragedia

La Zona Cero: las huellas un día después de la tragedia
Foto: Elia Cruz Calleja

Un día después de la tragedia del incendio por la volcadura de una pipa con gas, las actividades en el punto cero transcurren con normalidad. Autos van y vienen en todas las vías del distribuidor vial del Puente de la Concordia. Gente sale del Metro, el Trolebús y el Cablebús Santa Martha apuntando las cámaras de sus teléfonos hacia la zona del desastre. Comentan, platican con el de a lado una historia de la que ellos pudieron haber sido víctimas porque como miles de personas, ellos cruzan, transitan, la zona todos los días.

Se escucha el claxon de autos que pasan a toda velocidad por la lateral de la avenida México – Texcoco, con dirección a la Ciudad de México, camionetas del transporte público del Estado de México que gritan “¡aeropuerto, aeropuerto!” en su afán de “subir” más pasaje, justo frente a la curva maldita en la que se volcó la pipa que provocó, hasta ahora, la muerte de 9 personas y 86 heridas con quemaduras serias.

Nosotros, esta reportera, camina por la banqueta de esta ajetreada avenida que grita normalidad, pero que mientras observo a la distancia los árboles negros, quemados, llenos de hollín, por la desgracia, me topo con la realidad más de cerca, una pequeña construcción improvisada sobre la banqueta que funcionaba como base del transporte público, totalmente calcinada. Restos de sábanas, hule, lona, en el piso, desechos, derretidos.

Foto: Elia Cruz Calleja

Foto: Elia Cruz Calleja

Sigo caminando, observo a personas que señalan diferentes puntos tratando de explicar a sus acompañantes las escenas dantescas que observamos todos el día previo. Me cruzo la avenida, logro subir un montículo que separa esta de la siguiente vialidad del distribuidor, la vía rápida de la zona baja de La Concordia con dirección a la incorporación de la calzada Zaragoza, cerrada ya desde hace meses por las obras de construcción del Trolebús Chalco que no termina de quedar listo, pese a que fue inaugurado desde mayo pasado.

Llego a solo unos metros del punto donde la pipa cayó. Me detengo un momento, veo a compañeros reporteros haciendo guardia. Converso con uno de ellos y después de unos minutos de contemplar las columnas, la estructura del puente del Trolebús elevado que va de Santa Martha sobre toda la avenida Ermita Iztapalapa totalmente oscuras como resultado del fuego y que una cuadrilla ya limpia, ya pinta apoyados de una grúa. Decido continuar, camino hacia el lugar donde se originó la tragedia que terminó con la vida de inocentes que únicamente tuvieron la mala fortuna de estar ahí en el momento equivocado. Se truncaron vidas, familias.

Foto: Elia Cruz Calleja

Foto: Elia Cruz Calleja

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En el punto cero, que está justo en la curva de la incorporación de la carretera México – Texcoco hacia la autopista México – Puebla, el asfalto aún luce negro, quemado —sin baches como se llegó a mencionar—, síntoma de las altas temperaturas alcanzadas, pero también se ve mojado, en señal de una llovizna ligera que habría pasado unos minutos antes, o quizá una pipa de agua intentando limpiar un poco los residuos. No lo sé.

Foto: Elia Cruz Calleja

Foto: Elia Cruz Calleja

Desde la parte alta veo, otra vez, los árboles del epicentro, totalmente calcinados de la corteza, se pueden ver cuarteados. A mis pies, una barrera de seguridad de concreto totalmente separada de su lugar, se ve que se resbaló ante el peso de la pipa que cayó sobre ella. Observo también un grupo de cuatro personas de limpieza de la empresa que le da servicio al gobierno de la ciudad. Limpian un espacio donde se ven cenizas. Bajo y les pregunto qué es lo que echan a unas bolsas negras: responden que son residuos de lo que era una casa improvisada con mantas en la que vivían tres personas en situación de calle: dos hombres y una mujer. Desconocen sus nombres, solo los tienen presentes porque todos los sábados los veían ahí cuando acudían a barrer la zona. Pero también me señalan un sitio a unos 50 metros de ahí donde aseguran que también vivía otro indigente, este, presuntamente el del video desgarrador donde se ve un hombre adulto que grita ayuda porque no puede ver debido a las quemaduras por las llamas que fue alcanzado.

Foto: Elia Cruz Calleja

Foto: Elia Cruz Calleja

Dejo por un momento a los empleados de limpieza para subir otro pequeño montículo de pasto que tiene en la cima árboles, uno de ellos que sirve como respaldo de un memorial improvisado que montaron estudiantes de una secundaria que fueron a colocar una fotografía de su profesor Eduardo Noé García Morales, que murió porque fue alcanzado por las llamas cuando se encontraba en un microbús. Junto a la foto yacen 10 veladoras blancas, tres ramos de flores también blancas, una docena de paletas, dos carteles que rezan: “#Fuerza Iztapalapa; UACM #PuentedelaConcordia”, y un San Judas Tadeo que colocó una señora.

Foto: Elia Cruz Calleja

Foto: Elia Cruz Calleja

Camino un poco a lo largo de lo que hasta ayer por la mañana eran jardines verdes bajo el altísimo puente de la Concordia de al menos unos 20 metros de altura. Veo árboles, arbustos, y hasta las pesadas ballenas del puente llenas de humo, cuando me percato que las también altas columnas que sostienen el puente, a ras de piso se encuentran recién pintadas, sí, ¡pintadas! A solo unas horas de ocurrida la tragedia ya fueron pintadas para que no se ve el impacto del calor y el fuego.

A paso lento camino de regreso. Hablo con vendedores ambulantes al pie del paradero de Santa Martha, muchos no quieren decir nada frente al micrófono, solo comparten que el momento de la dispersión de la nube de gas y el posterior flamazo “era una pesadilla”. Después de mucho insistir, finalmente, un conductor de una ruta que va de Santa Martha a Nezahualcóyotl, el señor Germaín Alcántara, acepta platicar su experiencia. Relata que cuando vio la nube de gas e inmediatamente el fuego, corrió como pudo porque tenía miedo de que el incendio se extendiera metros más adelante, con dirección a Los Reyes, porque ahí hay una gasera y una gasolinera. Temía lo peor. Nos relata también que él conoce a la señora Alicia Matías, la conocía, esa mujer que con su cuerpo protegió la vida de su pequeña nieta. La vio salir de debajo del puente en el que trabajaba como checadora.

Foto: Elia Cruz Calleja

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