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Cultura

Kurt Cobain, a 25 años de su muerte, en ausencia total de dolor y deseo

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En la mañana del viernes 8 de abril de 1994, un empleado de la compañía Veca Electric, llamado Gary Smith, ingresó al número 171 de Lake Washington, silenciosa avenida de los suburbios de Seattle. Su trabajo consistía en la instalación de un sistema eléctrico de seguridad, pero, sin quererlo, habría de hacer mucho más: lo que en un principio creyó que se trataba de un maniquí tirado, finalmente adquirió los tintes de un demacrado personaje público que no despertaría jamás.

Bastó sólo un vistazo a los objetos regados en la habitación para hallar una identificación con el nombre de KURT DONALD COBAIN. Tras varios días de haber sido reportado como desaparecido, el mítico líder de la banda de grunge Nirvana fue encontrado muerto.

Aunque para entonces el nombre de Cobain ya hacía tiempo que era muy conocido entre los círculos de melómanos y que además contaba con una base internacional de fanáticos relativamente sólida, su fama crecería de forma exponencial a partir de esa fecha.

44 días atrás, el miércoles 23 de febrero, fue visto por última vez a nivel mundial gracias al programa Tunnel de la televisión italiana, conducido por Serena Dandini. Había cumplido la ‘peligrosa’ edad de 27 años apenas tres días antes. Peligrosa y tristemente recordada edad que en poco más de un mes lo haría acreedor a un sitio junto a otras cinco leyendas del rock que habían muerto tras cumplir los 27.

El martes siguiente, primer día de marzo, Nirvana subió por última ocasión al escenario. El público de Múnich, Alemania, no se imaginó que aquel concierto sería un evento histórico: el día en que Dave Grohl, Krist Novoselic y Kurt Cobain tocarían juntos por última. Nirvana reventó Múnich con «Breed», y la audiencia coreó «In Bloom», estalló con «Territorial Pissings» y, al final, la encargada de clausurar la trayectoria de los originarios de Aberdeen, fue la recordadísima «Heart-Shaped Box».

Esa misma noche, Kurt cayó inconsciente. Hospitalizado en Roma durante varios días a causa de una sobredosis de flunitrazepam, que supuestamente había mezclado con champán, desde ese momento sus amigos y compañeros de banda, así como su esposa Courtney Love y uno que otro periodista audaz, supieron que no se trataba de un hecho aislado, mucho menos fortuito.

Las siguientes dos semanas, en palabras de la propia Love, se convertirían en un tormento para la familia Cobain, cuyo más reciente integrante había llegado poco menos de dos años atrás: Frances Bean Cobain, hija única de la pareja y, para el primer tercio de 1994, único motivo de su unión.

Aunque nunca se confirmó el intento de suicidio de aquella noche en Múnich, el 18 de marzo Kurt amenazó, por primera vez de forma explícita, con quitarse la vida. Ese mismo día, viernes, se supo que el vocalista de Nirvana poseía un arma de alto poder.

La situación se tornaría tan seria que pasada una semana diversas personalidades de la música, como Michael Stipe, vocalista de R.E.M, Dylan Carlson, guitarrista de Earth, Danny Goldberg, ex representante de Nirvana, e incluso la misma Courtney Love, quien para entonces consolidaba su carrera al frente de Hole, se reunieron con el afán de convencer a Kurt de entrar a rehabilitación por su fuerte adicción a las drogas.

En lo particular, había sido la Heroína la culpable de su ingreso al Centro de Recuperación Exodus de Los Ángeles, California. Aquel 30 de marzo, fue descrito como uno de los episodios más extravagantes en el comportamiento del front-man de Nirvana: de acuerdo con las autoridades del Exodus, Cobain habría brincado la reja, de casi dos metros de altura -tamaño considerable para una persona de 175 centímetros de estatura-, horas después de haber recibido la visita de su hija Frances y que, acto seguido, tomó un taxi que lo condujo al Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, desde donde voló a su residencia en Seattle.

De tal suerte que el primer día de abril, de nueva cuenta viernes, es cuando se puede ubicar el verdadero ‘principio del fin’ de Kurt Cobain. Esa misma tarde fue reportado como desaparecido. Tendría que pasar una semana para que por fin dieran con su paradero.

Hasta el día de hoy, resulta casi imposible saber con certeza qué fue lo que pasó durante los últimos días de vida de Kurt; cuántos mitos hay, cuántas historias que, por más congruentes, no acaban por satisfacer esa necesidad. Inclusive el cineasta Gus Van Sant se atrevió a rendir un homenaje a la figura, para entonces excesivamente idealizada, de Cobain a través de su filme de 2005 «Last Days», protagonizada por Michael Pitt y despedazada con toda la furia mediática de la crítica no sólo cinematográfica, sino musical que, como a tantas otras versiones no oficiales de ‘los últimos días’, tacharon de tremendamente ingenuas.

Quizá esa primera semana de abril de 1994 no esté ni cerca de ver agotadas sus versiones. Ni siquiera lo dicho sobre los acontecimientos del martes 5 de abril cuando, alrededor de las 11:30 horas, fue accionada la escopeta semiautomática Remington M-11 calibre 20 al interior del 171 de Lake Washington.

Lo cierto es que el cuerpo con vida de Kurt Cobain estuvo tan solo en los días anteriores como en los tres inmediatamente posteriores a su muerte.

Finalmente, todos coincidirían en la misma escena: una caja de madera no más grande que un teléfono de los tempranos años noventa repleta de jeringas, pequeñas dosis de heroína, un encendedor, una cuchara y un cigarrillo partido a la mitad; una bolsa negra con cartuchos de escopeta y, junto al cadáver, la Remington M-11.

El foco del siniestro teatro estaba sobre Kurt Cobain, nacido en Aberdeen, estado de Washington, un 20 de febrero de 1967. Tumbado sobre el suelo de la habitación que tantos recuerdan por la imagen capturada desde el exterior, pero la que basta para identificar sus tenis negros, sus calcetas blancas, su pantalón de mezclilla azul y su camisa clara.

Perforada con el mismo bolígrafo de tinta roja que la escribió, una nota de despedida arrojaba más dudas que luz sobre el fatal desenlace. Y daría lugar a más de una pregunta en los 25 años posteriores.

«Se me ha acabado la pasión, y recuerden que es mejor quemarse que apagarse lentamente. Paz, amor y comprensión. Kurt Cobain».

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