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Ciencia

“Houston, we have a problem en Conacyt”: astrofísico José Franco

Foto: Cortesía Gilberto Rendón

La conversación con el astrofísico José Franco a propósito de su libro Alunizaje, en conmemoración del 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna el 20 de julio de 1969, sin remedio aterriza en la “tragedia” que a su juicio fue para México el rezago en la investigación espacial, en la situación de la ciencia y la tecnología en el país y en la dirección del Conacyt con María Elena Álvarez-Buylla Roces.

Houston, we have a problem en Conacyt”, resume Franco las críticas que se han venido acumulando contra la funcionaria, vinculando su gestión a la frase atribuida a uno de los astronautas de las misiones Apolo que se ha vuelto jerga cotidiana en el mundo para dar la alerta cuando las cosas no están bien. 

Sin abundar por el momento en los problemas en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, con la acotación de que es todavía muy pronto para juzgar la actual administración y refrendar su apoyo al presidente Andrés Manuel López Obrador, el astrofísico recuerda que justo la doctora Álvarez-Buylla Roces declaró alguna vez que la llegada del hombre a la luna no trajo ningún beneficio a la humanidad.

Nacido en Ciudad de México, José Franco es doctor en Física por la Universidad de Wisconsin-Madison y desde 1983 investigador de la UNAM, promotor nacional e internacional de la astronomía, ha publicado alrededor de 172 artículos de investigación, docencia y difusión, además de participar en proyectos como el Observatorio Astronómico Nacional de San Pedro Mártir, en Baja California.

Alunizaje, el libro del investigador y ex director del Instituto de Astronomía editado por Turner es un breve compendio con historia de la ciencia, poesía, mitologías y fotos, con la colaboración de la joven artista Lucía Hinojosa y con prólogo del escritor y director de Difusión Cultural UNAM, Jorge Volpi.

Mañana, sábado 20 de julio, a 50 años de la llegada de Neil Armstrong y Edwin, Buzz, Aldrin a la luna, y Michael Collins en la retaguardia a bordo del Apolo 11, el doctor Franco presentará a las 12 horas su libro con una charla en Universum, Museo de la Ciencia, en la zona cultural de Ciudad Universitaria. 

¿Qué es su libro Alunizaje: historia de la ciencia, de la cultura, de los viajes a la luna, poesía?

Es un homenaje a esta gran hazaña, pero yo no quería hacer un libro que versara solo sobre la ciencia y la tecnología asociada a este hecho: la luna ha sido la compañera de la humanidad, no solo es el objeto más brillante que tenemos en el cielo nocturno, sino, además, nuestro reloj y calendario a lo largo de la historia; ha marcado el paso de muchísimas cosas, de los grupos nómadas a los grupos que se asientan en cuevas, hacen pinturas rupestres y luego empiezan a generar aldeas en donde desarrollan la agricultura, la ganadería, la minería, etcétera. Y a lo largo de este trayecto, esta visión profunda de los mitos y los dioses que generan todas las culturas también se sintetiza en lo que es la luna. La luna no es meta para la ciencia y la tecnología, es un elemento que nos ha acompañado, y quise darle este sentido. 

No recuerdo si fue George Bataille quien hablaba del erotismo como elemento civilizatorio. ¿La luna es un elemento civilizatorio estando tan lejos?

Efectivamente, tienes toda la razón, es un elemento de civilidad, de construcción de civilización, definitivamente. Pero si te das cuenta también, de todos los objetos que están fuera de la tierra, pues no está tan lejos, es el más cercano, además también nos hemos apropiado de él. Es cercano, porque la noche, como lo digo en el libro, no solamente es una ventana al cosmos, al universo, sino también a la religión, a la teología, a la filosofía, a la introspección. Entonces, está muy cerca la luna.

Y para la imaginación, que usted destaca en su libro, está todavía más cerca.

Claro, claro está, nos subimos a ella a cada rato.

Jorge Volpi lo llama a usted “lunático” ¿En qué momento de su vida usted tuvo conciencia de la luna? 

Nos acompaña desde que somos pequeños, pero realmente no podría darte un momento, desde que tengo, no uso de la razón, sino de la memoria, recuerdo haber visto con fascinación las noches despejadas con la luna llena o en cuarto creciente o menguante, y siempre me pareció muy intrigante. 

Usted es astrofísico, ¿de qué manera influyó toda la carrera espacial, la luna, para que se decidiera por esta área de la ciencia?

El 20 de julio de 1969 yo ya estaba estudiando ciencias en la facultad de Física de la UNAM, entonces pues digamos esto no influyó sobre mi decisión de estudiar física.

Bueno, la carrera espacial empezó mucho antes.

En 1957, efectivamente, con el lanzamiento del Sputnik. Pero yo en aquellos momentos, por supuesto que me enteraba de las noticias, me parecían fascinantes, pero yo estaba más metido en los cómics, para mí eran más importantes. Y había un cómic, Los supersabios (de Germán Butze), en donde había unos estudiantes de ciencia que luchaban contra un científico que quería dominar el mundo, y eso siempre me pareció muy atractivo: que si uno sabía matemáticas, física, ciencia, pues tenía herramientas para resolver prácticamente cualquier reto que le pusieran a uno enfrente, y eso siempre me sedujo, siempre me atrajo. Así que digamos que yo me fui más bien hacia la ciencia debido a esta influencia de los cómics. Y pues llegué a la astrofísica porque uno va en ensayo y error metiéndose o a mecánica cuántica o a materiales o a física de altas energías, y de repente pues la astrofísica me parecía así como la síntesis de absolutamente todo, en donde veía yo esto que justamente tú señalaste, que había poesía, filosofía, este estar intrigado siempre por quiénes somos, hacia dónde vamos, etcétera.

¿Cómo llegó a esa colaboración con Lucía Hinojosa? No quiero ser spoiler, pero ella al final, con sus fotos, nos da una cachetada sobre nuestra percepción de la luna.

Ja, ja, ja. Ella es una artista muy muy joven, muy imaginativa, e hizo en realidad cuatro proyectos para el libro, uno quedó fuera porque como venía en blanco y negro el libro, algunas fotos quedaban un poco diluidas por la calidad de la impresión; hubo otra con números de computadora que daban las posiciones de cada uno de los cráteres de la luna, que los trabajó de manera artística. Cuando hablamos de colaborar, ella estaba haciendo fotografías de la luna, en donde dejaba el obturador abierto, movía la cámara para que se moviera la luna, porque estaba pensando en poner un pentagrama con estas fotografías de la luna movida. Esta idea me pareció maravillosa y hablamos y decidimos colaborar. 

Comentaba sobre la cachetada porque creemos que una de sus fotos es de la luna, pero no, ella nos revela al final que no lo es.

Ella la tomó en un desierto en Israel, le pareció que podía ser una cosa que se asemejara, obvio ella no viajó a la luna, pero quería tener algo hecho por ella, no una foto de la luna, pero algo que sí trabajara. Ah, pero tomó algo de César Cantú, un astrofotógrafo muy bueno aquí en México, y lo trabajó.

Eso demuestra que la Luna siempre nos ha engañado en la historia de la humanidad. Usted incluso aclara esa falsa situación del lado oscuro de la luna.

Bueno, Pink Floyd contribuyó a que la gente le llamara así. Pero la luna no tiene un lado oscuro.

¿Por qué se acabaron las misiones Apolo, en 1972, cuando estaban en su mayor esplendor? 

Porque son muy caras. Mandar a una persona a la luna, sobre todo en el momento en que se dieron las cosas, fue muy muy caro, en algún momento hablo del estimado de la inversión que hizo Estados Unidos de 1962 a la fecha, que son más de 800 mil millones de dólares, es carísimo cada viaje a la luna, porque además en aquella época no existían los cohetes reusables que se acaban de desarrollar.

Son más caras las guerras, y con más muertos.

Pues sí, pero no lo ve de esa manera la industria militar, porque en el caso de la industria espacial, su objeto es activar la economía generando insumos para la humanidad, y en el caso de la industria militar pues es venderle armas a otros países, lo cual es un gran negocio.

¿De qué manera influyeron aquellos mitos y rumores de que nunca se llegó a la luna?. 

No, no tiene nada que ver. En su momento, cuando la gente puso dudas, estos interrogantes sobre si se había llegado o no, fueron sanas para la sociedad, importantes, porque obligó a las agencias a dejar muy claro, transparentar que efectivamente se había llegado a la luna, dar evidencias. Pero no tuvieron ningún impacto en que se dejara de ir a la luna, fue una cuestión económica muy cara e insostenible. 

¿Qué opina usted de que México se haya quedado muy rezagado en ese conocimiento del espacio y con todos estos problemas de presupuesto hacia la ciencia que ahora se están agudizando?

Me parece una tragedia porque el conocimiento pues es la herramienta que tienes para resolver todos los problemas, sociales, áreas de producción, todo. Entonces el no poder poner atención en el conocimiento, desafortunadamente, y hacer que la política sea lo que rija el destino de una nación, pues es trágico. Y bueno, pues estos rezagos nos han costado, nos siguen costando y nos van a costar muchísimo dinero, porque somos dependientes tecnológicamente de los países líderes del mundo.

¿Y sobre el Conacyt y la dirección de la doctora María Elena Álvarez Buylla Roces?

Ahorita estamos hablando de la carrera espacial, del libro. Tú sabes muy bien que ella dijo en su momento que la carrera espacial y la llegada del ser humano a la luna no había tenido ningún beneficio, lo cual muestra una ignorancia supina. Eso sí puedes ponerlo, ya que estamos hablando de eso, esa declaración obviamente es errónea y simplemente demuestra que desconoce de lo que está hablando.  

Para continuar hablando sobre su libro. ¿Qué piensa cuando escucha la frase: “Houston, we have a problema”? Me parece una frase muy importante de las últimas décadas, que trascendió. Perdone si exagero.

Ja, ja, ja. No, no exageras. Así es. Es una frase que se ha convertido en un referente para cuando algo no va bien. Y efectivamente, la gente cuando se da cuenta de que algo está mal, pues muchos dicen, efectivamente: “Oye, Houston, we have a problema”. Y, además esto es apropiado para la ciencia, para Conacyt, en este momento, de hecho, ahora que lo mencionas. No sé si lo pensaste debido a esto. Pero si me preguntas qué opino ahorita del Conacyt, pues “Houston, we have a problem”. 

Bueno, la verdad no pensé la frase en ese sentido, más bien yo tenía en mente aquella historia  sobre los extraterrestres.

Ja, ja, ja. Pues espero que en La Hoguera  no me pase como a Giordano Bruno.

Bueno, yo no soy ningún inquisidor.

Ja, ja, ja. Era una broma.

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