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A Fuego Lento

El fantasma de Garza Sada y la sombra de Echeverría

Foto: Twitter

Un simple comentario de Pedro Salmerón bastó para activar las alertas de los grupos empresariales más importantes del país, así como del partido más cercano a ellos, el PAN. Dejando ver que en la iniciativa privada nacional aún existe una profunda cicatriz por el asesinato de Eugenio Garza Sada a manos de una pandilla comunista. Y, peor aún, que sí le temen a que Andrés Manuel sea un potencial Luis Echeverría corregido y aumentado.

Queda claro que Garza Sada sigue siendo un símbolo del empresariado mexicano. Por su éxito en los negocios, su legado como filántropo, la proyección que representó para Nuevo León como un eje económico y, claro está, por su martirización a manos de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Por eso, el que un miembro del gobierno de la 4T osara calificar a los asesinos como ‘valientes jóvenes’ no tardó en provocar la más visceral de las indignaciones.

Y es que Salmerón, si bien un funcionario de segunda línea, dirige uno de los institutos encargados de preservar la memoria histórica del país en un sexenio que se ha puesto como meta reivindicar las primeras ‘tres transformaciones’ del México para poder empatarse con ellas. Pero, con su ingenuo comentario, propio de una asamblea universitaria, solo logró demostrar que memoria histórica no es lo mismo que la memoria colectiva. Esa que juzgó a la Liga hace años.

Más allá de la ingenuidad de Salmerón, las voces del CCE y demás organismos empresariales se turnaron contra el presidente. No contra Andrés Manuel, sino contra Luis Echeverría Álvarez. El que se podría definir como el último presidente de izquierda que tuvo México antes de entrar en la ‘larga noche neoliberal’ (Ramírez Cuevas dixit). Mismo que vivió su sexenio, mitin en mitin, junta en junta, reunión a reunión atacando a los ‘riquillos’, precursor del hoy ultrapopular ‘fifí’, desembocando en una especia de ‘campaña cristera’ entre el poder político y el poder económico.

Los empresarios sabían que una vuelta a la izquierda tras 3 décadas y media de gozar las mieles de la derecha representaría cambios sustanciales de forma y fondo. Sin embargo, optaron por hacer lo que hacen los hombres de negocios: negociar. Tratando de llevar la fiesta en paz con Andrés Manuel, quien en la misma mañanera o mitin puede aplaudirles su disposición al diálogo sobre los gasoductos de la CFE para, luego, enardecer al pueblo diciéndole que ninguna empresa grande pagaba impuestos.

Para entender las inversiones que hacen los empresarios respecto a Andrés Manuel es importante considerar que, seguramente, ya habían analizado todos los factores de riesgo en torno a él. Partiendo de que su mentor político al interior del PRI fue Leandro Rovirosa Wade, uno de los principales operadores e ideólogos de LEA. Así como que fueron los echeverristas Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo quienes le abrieron las puertas del PRD, donde se coronaría como el último gran caudillo de la izquierda.

Si esto fuera poco, Andrés Manuel también optó por meter a su gobierno a los herederos de clanes surgidos de régimen de LEA. Empezando por Esteban Moctezuma, hijo del subsecretario de Patrimonio del gobierno echeverrista, y Luis Antonio Ramírez, director del ISSSTE, también es vástago de Heladio Ramírez, el líder campesino del sexenio. Sobra recordar la relación entre don Luis y don Manuel Bartlett, así como su enemistad con don Raúl Salinas Lozano, padre del innombrable némesis de AMLO.

De manera torpe e infantil, el gobierno de Andrés Manuel tocó una fibra sensible para un sector de la población que, al sumársele, por fin le permitió llegar a Palacio Nacional con el Congreso de la Unión en la bolsa, pero que también fue un factor determinante para frenarlo las primeras dos veces que buscó el cargo. ¿Es de ley que la izquierda se confronte con el poder económico y que la derecha se revuelque con él? Solo queda esperar a que, entre mítines y mañaneras, AMLO LEA el miedo de los empresarios.

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