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Cultura

Día de Muertos en México, encuentro de dos culturas

Foto: Lenin Mosso

En México, la celebración del Día de Muertos ha representado el encuentro entre dos culturas; por un lado, la proveniente del mundo prehispánico y por el otro, la de origen europeo. Se ha vuelto un importante signo de la identidad cultural mexicana.

En 2003, el Día de muertos fue nombrado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en ingles); dicha designación reafirma la representatividad que estas celebraciones tienen en nuestro país, tanto para los mexicanos como para los extranjeros.

La declaratoria considera que El Día de Muertos es “una festividad sincrética entre la cultura prehispánica y la religión católica que dado el carácter pluricultural y pluriétnico del país, ha dado lugar a expresiones populares diversas (…) y a las que, con el paso del tiempo, se han añadido diferentes significados y evocaciones de acuerdo con la comunidad en donde se celebre”.

Con la destrucción de la cultura (material e inmaterial) prehispánica que implicó la conquista española, actualmente es difícil rastrear el sentido que esta gran variedad de pueblos daban a la muerte. Sin embargo, los mexicas, grupo con mayor desarrollo material a la llegada de los españoles, son sobre los qué hay una mayor documentación. Y es sobre este grupo que se han desarrollado las ideas del origen prehispánico de El Día de Muertos.

El investigador de Instituto Nacional de Antropología e Historia Eric Mendoza Luján, en su texto ‘Que viva El Día de Muertos. Rituales que hay que vivir en torno a la muerte’, menciona que entre los mexicas existía un calendario agrícola de carácter ritual que se apareja con el calendario católico. Esta temporalidad estaba basada en el inició y fin de la época de lluvias, la cual da origen a las dos festividades más relevantes en el mundo indígena: los ritos de fertilidad, que coinciden con los carnavales de primavera católicos, por un lado, y el culto a los muertos por el otro.

En el ritual indígena mexica existían dos fiestas dedicadas al culto a los muertos: Miccailhuitonatli (Fiesta de los muertecitos), conmemorada en el mes de agosto de nuestro calendario, y la Fiesta grande de los muertos, celebrada en octubre.

La también investigadora del INAH Elsa Maldonado en su artículo ‘La festividad de Todos Santos, Fieles Difuntos y su altar de muertos en México, patrimonio intangible de la humanidad’ considera que es insostenible la idea de que existe una continuidad entre el culto prehispánico a los difuntos y la celebración actual de El Día de Muertos. La investigadora sostiene que la celebración de El Día de Muertos en México es una interpretación de las festividades católicas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, las cuales tienen su origen en los mundos romano pagano y medieval católico, principalmente.

Para Maldonado la idea de que El Día de Muertos tiene raigambre prehispánica tiene su origen en la ideología nacionalista promovida durante los años cuarenta por el cardenismo. En este periodo se buscó crear una identidad nacional basada en el glorioso pasado indígena, y el trabajo de los intelectuales del régimen, según la autora, fue darle una interpretación prehispánica a las costumbres populares en torno al culto a los muertos.

Esta idea fue potenciada por el turismo nacional e internacional que ha dejado gran derrama económica al país durante estas celebraciones. En lugares como Pátzcuaro, Michoacán, Mixquic, en la Ciudad de México o algunos pueblos de los valles centrales de Oaxaca, reciben a decenas de miles de personas durante estas festividades.

Por su parte, el historiador Stanley Branders en su trabajo titulado ‘El Día de Muertos el Halloween y la búsqueda de una identidad nacional mexicana’ considera que la celebración tiene un fuerte contenido político, ya que permite a los mexicanos contraponerse a España y Estados Unidos, que históricamente han sometido al pueblo mexicano.

En ese sentido, el historiador encuentra que en la actualidad la relación entre El Día de Muertos y el Halloween se ha convertido en una metáfora de la relación entre México y Estados Unidos. El Halloween ha devenido símbolo del imperialismo yanqui en su faceta cultural.

A pesar de sus diferencias los autores concuerdan en que la forma en que los mexicanos interpretan y rinden culto a la muerte es peculiar
en el mundo, y que es y seguirá siendo un potente hito de identidad para los mexicanos.

El Día de Muertos como todo ritual, cohesióna a los miembros de una sociedad en tanto que les permite reconocerse e identificarse con los mismos símbolos; en ese sentido, estas celebraciones, reinterpretan y adaptan estos símbolos a las circunstancias que vive una sociedad particular.

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