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Nación

¿Damnificados por el sismo o damnificados del sistema?

Parque Pushkin
Foto: Cuartoscuro

Parque Pushkin. Un lugar donde juegan los niños y donde las parejas van a pasear en la tarde… más bien, iban. Desde el 19 de septiembre de este año está ocupado por tiendas de campaña de diferentes tamaños y calidades. Algunas son casas de acampar en forma y otras están hechas de lonas de plástico de colores, percudidas por la lluvia.

Está la ambigüedad: si las personas que habitan ahí son indigentes o verdaderos damnificados por el sismo. En entrevista, uno cuenta a lahoguera.mx que lleva ahí “casi un mes”, está recostado en el piso sobre un par de cobijas. Trabaja como valet parking y dice que quiso tramitar los 3 mil pesos al mes que daba el gobierno de la ciudad para pagar la renta, pero que cuando regresó por sus cosas al edificio que tuvo que desalojar ya se las habían “llevado”.

En otras tiendas, un joven de barba que tiene dentro botellas de cerveza pide, hostil, que no lo graben. Su tienda está mejor acondicionada que las otras, con más espacio y menos cosas tiradas.

El centro de acopio, compuesto por varias tiendas que en el interior forman un espacio amplio con diferentes cajas. Hay algunas botellas y bolsas, pero no se ve lo que hay en su interior. La encargada de este “centro de acopio” sale y pregunta quién la busca. Dice que no se puede grabar y tampoco dar entrevista, porque tiene que ir a dejar alimentos a una parte de la república. Dice que la han querido “sabotear” diferentes medios de comunicación. “Sólo puedes grabar en los alrededores, adentro no”, dice airada.

Al rodear las casas de campaña del Centro de acopio se aprecia que son cuatro. Unidas por puentes de lona. En la última hay un chico de unos 17 años. Se le pregunta de dónde viene. El muchacho no parece haber vivido en la calle, dice que sus padres son valet parking y que él va a la escuela. Permite entrar a su casa de campaña donde hay dos televisiones, varias cubetas de agua y un pequeño perro que comenzó a ladrar. El chico pone música de Moenia a todo volumen. Al preguntarle si sus papás han recibido alguna ayuda del gobierno dice que no, y que el centro de acopio que está enfrente no les ha proporcionado ayuda.

Al avanzar hacia un costado de la calle hay una casa de campaña que se ve mejor acondicionada. Se pregunta si hay alguien y una voz desde el interior responde que es el encargado de un edificio, pero no lo identifica. Se le inquiere sobre qué hace en la vía pública y comenta que está ahí porque dos meses antes había llegado a trabajar como encargado del edificio, “pero tembló y ahora estoy aquí”. No dice por qué no quiere mostrar su rostro. No me da su nombre y pide que se le deje en paz.

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