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Cultura

CINE: Juan José Campanella y las comadrejas inmobiliarias

juan josé campanella
Foto: Especial

El argentino Juan José Campanella se ha convertido en referente del cine en español latinoamericano desde finales de siglo pasado, más de una década antes de ganar el Óscar a Mejor película de habla no inglesa —como el que ganó Roma— por El secreto de sus ojos, con Ricardo Darín y Soledad Villamil.
 
Desde su debut en el cine hace 20 años con El mismo amor, la misma lluvia (1999), también con la pareja maravillosa de Darín y Villamil, Campanella ya planteaba las obsesiones que han marcado sus siguientes películas: las relaciones afectivas, la revisión del pasado, las diferencias generacionales…

Su último filme, El cuento de las comadrejas (que en mexicano bien pudo traducirse El cuento de las zarigüeyas) se estrenó ya en la Cineteca Nacional y salas comerciales; aborda desde la comedia negra y el humor amargo e inteligente estos tópicos, a los que se suma una preocupación por la voracidad criminal de los desarrolladores inmobiliarios, que emparenta a la cinta con Aquarius (2016), del brasileño Kleber Mendonça Filho, con la espectacular Sônia Braga, esplendorosa y sexy a sus 69 años.

En una vieja casona campestre viven en relación bizarra Mara Ordaz (Graciela Borges), ex diva del cine mudo, y su esposo Pedro de Córdova (Luis Brandoni), acompañados por el ex director de sus filmes Martín Saravia (Óscar Martínez) y su ex guionista Noberto Imbert (Marcos Mundstock). A ellos se suma el recuerdo fantasmal de las dos hermanas de Ordaz en retrato, esposas de Saravia e Imbert. 

Mara Ordaz, ensimismada en su antigua gloria bajo los reflectores y frente a las cámaras similar a la de Norma Desmond (Gloria Swanson) en Sunset Boulevard (Wilder, 1950), está harta de convivir con su ex guionista, quien pasa el día matando ratas, y su ex director, cazador de comadrejas a escopetazos.

De hecho, el descenso de Mara por la escalera de la casona es el recuerdo del descenso de Norma Desmond en el final de Sunset Boulevard, después del asesinato de su amante (William Holden).

Remake de la película de José Martínez Suárez Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976), El cuento de las comadrejas aborda desde la risaun problema social y urbano que aqueja a países latinoamericanos como Argentina, México y Brasil: los desarrollos inmobiliarios y corruptos que están provocando gentrificación y destruyendo ciudades, como la capital mexicana, por cuantiosas ganancias.

Campanella ha  dicho que el filme de Martínez Suárez es uno de sus favoritos, pero también buscó que  El cuento de las comadrejas abordara en sí misma el proceso de hacer una película, con gente de cine. 

La Maldad está representada por dos jóvenes amantes ambiciosos y sin escrúpulos, Francisco Gourmand (Nicolás Francella), próximo heredero de una firma inmobiliaria, y su alter ego femenino, Bárbara Otamendi (Clara Lago), quienes irrumpen en la estabilidad bizarra en que se han mantenido inexplicablemente los cuatro ancianos durante medio siglo, para empujar esta comedia a una tragedia.

Bárbara y Francisco engatusan a Mara Ordaz para inducirla a vender su casa, para hacerla un desarrollo inmobiliario, con el descaro de decirle que su propiedad es muy grande para que solo vivan cuatro ahí.

Sin embargo, esa entrada del Mal a las vidas de los ancianos era hasta  deseada, como lo dice Martín.

Con un guion de Campanella y Darren Kloomok, la cinta rinde homenajes al cine mudo, a Sunset Boulevard y, sobre todo, a una generación de estrellas, como son los cuatro protagonistas: Graciela Borges (1943), una de las mujeres más hermosas de la pantalla argentina, con más de medio centenar de películas y numerosos reconocimientos; Luis Brandoni (1940), a quien lo vimos en Mi obra maestra (Andrés Duprat, 2018) y No sos vos, soy yo (Juan Taratuto, 2004), que destrozó Eugenio Derbez en su remake; y Óscar Martínez, figura todavía con directores como Daniel Szifron (Relatos salvajes, 2014), Mariano Cohn y Gastón Duprat (El ciudadano ilustre, 2016) y Miguel Cohan (La misma sangre, 2019).

En este cuarteto también destaca la participación del humorista y fundador de Les Luthiers, Marcos Mundstock, un guionista frustrado, cerebral, capaz de tejer mejores tramas en la vida real que en papel.

A ellos se suma la bellísima actriz madrileña Clara Lago (Ocho apellidos vascos, Emilio Martínez-Lázaro, 2014), con doblaje en la voz al argentino, tal vez en su mejor actuación, como villana sin escrúpulos, fría, calculadora, ambiciosa, casi una más de las estatuas de la propiedad de Mara Ordaz, que no son mera escenografía, sino, como la afición futbolística del asesino de El secreto de sus ojos, otra clave para que el director juegue con pasiones humanas, el asesinato como una de las bellas artes.

Completa el elenco Nicolás Francella, hijo del veterano actor Guillermo Francella, quien encarna a Francisco Gourmand, hijo de un empresario inmobiliario que literalmente hechiza a Mara Ordaz, más que con sus encantos, con el reflejo de la actriz decadente en su vieja gloria como mujer deseada por los hombres. Amante de Bárbara (Clara Lago), urden la trampa para arrebatar la casa a la anciana, sin tomar en cuenta los fuertes lazos de ésta con su marido y sus ex cuñados, Martin y Norberto.

La esgrima verbal de los seis personajes, mezcla de humor negro, dobles sentidos, y dominio perfecto de un idioma en el que escribieron Borges y Cortázar, es de lo mejor del filme de Campanella.

“Uno no va a cazar comadrejas, las comadrejas vienen a uno”, les dice Martín a Bárbara y Francisco.

“A mí me gusta por eso jugar con mala gente, es gente como uno”, le dice Norberto a Bárbara en un juego de billar. 

En otro guiño más de humor y quizás de cierta presunción irónica por parte de Campanella, El cuento de las comadrejas incluye a un personaje mudo, pero clave en la trama: la estatuilla del Oscar que supuestamente recibió Mara Ordaz y que sin duda no es mera utilería, sino que debe de ser el original que ganó Juan José Campanella con El secreto de sus ojos en 2010, único filme argentino en lograrlo.

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