Cultura
Carolina Herrera y las identidades perdidas
“Los colores de los vestidos que me gustan dicen tanto de las bocas silenciadas…” Mónica Nepote, sobre el trabajo de la tejedora y artista zapoteca Natividad Amador
Hasta ahora que Carolina Herrera retoma parte de los diseños tradicionales del país es cuándo volteamos a vernos a nosotros. ¿Dónde estábamos antes?
La palabra tejido y texto comparten una raíz latina donde se piensa en la imaginación, en el urdimbre. México ha sido cuna de tejidos, técnicas y movimientos que han ido entrelazando el mensaje e historia de nuestro país.
Diseñadores nacionales han retomado los conocimientos, los han valorado, aprendido de ellos e incorporado a su trabajo, no solo de forma individual sino colectiva, al sumar a las mujeres y hombres que han preservado lo intangible al paso del tiempo: su conocimiento.
Las narrativas se cuentan, los diseños vienen y van, y las imágenes perviven. Carolina Herrera ha “rendido tributo”, en sus propias palabras, a una forma de expresión que nace en nuestras tierras. Duramente criticamos y señalamos pero, ¿cuántas veces nosotros mismos no hemos hecho aun cosas peores con los diseños indígenas? Los hemos negado, visto con superioridad, con recelo; nos defendemos demasiado bien ante la invasión extranjera pero no la propia.
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En la memoria yacen brillantes técnicas que a través del diseño se reinventan y vuelven a la vida. Lo que se reclama a Carolina Herrera no es la inspiración que haya tomado para la realización de sus vestidos a través de nuevos cortes, sino copiar de forma masiva (y aunque suene contradictorio) elitista, dando solo el trabajo a maquiladoras masivas que no respetan al artesano con su tiempo. El arte de los tejidos mexicanos yace en el tiempo, en su historia, en el respeto para durar toda una vida.
Dos visiones de moda: la frívola y, por otra parte, la aún viva. La primera no reconoce, se enardece por nombre y no por técnica, conocimiento o innovación; la segunda reconoce, hermana, humaniza y vuelve constantemente a su historia para recordar no con melancolía, sino con anhelo de seguir construyendo un sueño.
Respeto, es lo único que se exige. Que los tejidos hablen, brillen, que cada diseñador se haga de su voz y por la colaboración responsable que construya. Los talleres son tradición, cultura, voz y cambio. Derechos humanos, libertad, compasión y dignidad coinciden en el mensaje de los diseñadores y artesanos quienes trabajando de la mano buscan no solo comercializar sino recordarnos como cultura viva, como seres humanos. Aquí, yace lo noble de la idea y movimiento de plasmar el poder creativo de la poesía a través de las prendas, de la ropa, dandole una nueva perspectiva y lectura que posiblemente no hemos querido observar.
Nuestro trabajo continua para volver aquellos cuentos y sueños en realidades, en aquellos hilos que transforman la realidad de una nación e inspiran a otros para construir nuevas ideas y formas.
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