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Cultura

Tradición de ir a panteones en Día de Muertos es más colonial que prehispánico

Tradición de ir a panteones en Día de Muertos es más colonial que prehispánico
Foto: Especial

México está a punto de entrar a su temporada de celebración y conmemoración a sus fieles difuntos; sin embargo, este año será distinto debido a que la crisis sanitaria aún mantiene a la población en confinamiento para reducir los casos de contagio. Entre las reglas que recientemente fueron impuestas es la del cierre de panteones en Día de Muertos para evitar aglomeraciones y eviten la propagación del virus.

Es por ello que este 2020 se «rompe» una tradición en la que cada año se visitaban los mausoleos donde reposan los restos de familiares; sin embargo, ¿sabes desde cuándo existe esta tradición en el territorio mexicano? Actualmente es común adornar tumbas y mausoleos con ofrendas llenas de platillos que le gustaban a los difuntos, con fruta, pan y calaveritas de azúcar y chocolate, además de bebidas como atole, agua, tequila, mezcal, cerveza, pulque o hasta refrescos y jugos; no obstante, la tradición es en realidad mestiza que llegó en la época de la colonia.

De acuerdo con información recopilada por la historiadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Noemí Cruz Cortés, la celebración como la conocemos no tiene sus orígenes prehispánicos, sino de la influencia española que con el paso del tiempo se tomó como tradición y es erróneamente atribuida a las antiguas civilizaciones.

La tradición inició durante los años 1519 y 1535, cuando se fundó el primer virreinato en lo que comenzó a llamarse como la Nueva España. Durante esta temporada, las personas comenzaron a agregar tradiciones impuestas por la iglesia dejando a un lado las creencias prehispánicas sobre la muerte, aunado a que las inhumaciones comenzaron a hacerse cerca de iglesias católicas traídas por los europeos.

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Es durante este siglo XVI cuando los colonizadores trajeron un ritual europeo meramente medieval que consistía en poner comidas y flores a fin de alimentar a los difuntos que regresaban al mundo terrenal y que se adaptó a lo que ahora se conoce como ofrendas. De igual manera, estas comenzaron a implementarse en los pueblos indígenas quienes acudían a los cementerios, pero con la idea de llevar alimentos y bebidas, que a la fecha continúa efectuándose como por ejemplo en el pueblo de Mixquic.

No obstante, la celebración era diferente para los pueblos nahuas y la visita al panteón no era parte de los eventos. Lo que se celebraban eran rituales a finales de octubre relacionados con la cosecha, asimismo, se efectuaba un ritual donde la idea principal era que el difunto pudiera cruzar las nueve pruebas del Mictlan. Se creía que los mortales que no fuesen niños, mujeres o guerreros debían cruzar dichas pruebas para pasar al descanso del alma. Al abandonar el mundo terrenal, descendían al inframundo donde incluso se enfrentarían a las mismas emociones.

El ritual iniciaba con cortar un árbol que se ubicaba en el bosque, el cual era colocado en la entrada a la ciudad donde se realizaban cantos y bailes. Durante veinte días, el tronco llamado Xocotl era reverenciado por la sociedad, se realizaban sacrificios y se dejaban frutos. Los pueblos prehispánicos tenían la costumbre de celebrar en tres ocasiones (agosto, octubre y marzo); no obstante, se tomó en cuenta la segunda fecha por parte de los colonizadores quienes también festejaban a sus muertos a principios de noviembre.

Esa tradición ya no es vista en gran parte del territorio mexicano, y en el pueblo Mixquic de Tláhuac se puede observar cómo la tradición que sobrevive es la impuesta en la época de la colonia donde también se impusieron zonas para inhumar a los seres queridos. Adornos sobre los mausoleos, pan de muerto, velas, bebidas alcohólicas y flores forman parte de la tradición que hace poco más de 400 años se implementó junto a la visita de cementerios para convivir una noche con los difuntos.

La celebración actualmente cuenta con algunos rasgos de las colonias prehispánicas, pero en definitiva se observa la fusión de ambas culturas que se decantan en crear lo que es el pueblo de México y sus tradiciones tan queridas por ciudadanos y extranjeros que disfrutan las noches de todos los muertos del 1 y 2 de noviembre.

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