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Cultura

“La crisis griega nos enseñó cómo funcionar fuera del Estado”: Sylvain L’Esperance

Foto: Redacción

Alrededor de 60 horas de filmación durante dos años; un documental de casi cinco horas, sólo tres funciones en México para verlo. El cineasta quebequense Sylvain L’Esperance, experimentó con el lenguaje cinematográfico para narrar en Combat au bout de la nuit (Combate al final de la noche, 2016) la lucha del pueblo griego, y de sus refugiados de África del Norte y sirios, en la crisis política y económica desatada en ese país como consecuencia de los planes de austeridad impuestos desde 2010.

De visita en México para presentar su documental de 4 horas 45 minutos como parte de la muestra Quebecine, L’Esperance comenta en entrevista que el título se inspiró en el poema homónimo de Tassos Leivaditis (1922-1988), con el que arranca la película, la única voz en off, voz lírica de un combatiente y poeta mediterráneo, símbolo de la izquierda griega, prisionero en varias ocasiones por su activismo político y poemas tachados de subversivos, en cárceles de islas como Lemnos o Macronisos.

Sí, dice L’Esperance. Estoy consiente que el título de mi película remite a la novela de Louis-Ferdinand Céline Voyage au bout de la nuit (Viaje al final de la noche), pero nada tiene que ver, sino todo lo contrario, porque en ésta ya no existe la solidaridad humana, a diferencia del poema de Leivaditis, que inspira la realización de mi documental y que muestra cómo la solidaridad humana, en una crisis donde el Estado deja de funcionar, permite crear estructuras que operan sin la participación justa del Estado.

Después de conocer la crisis griega de cerca, consecuencia de las condiciones de austeridad, despidos y aumento de impuestos dictados al gobierno por la troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) L’Esperance también tiene su propia definición de capitalismo y neoliberalismo: “Es la expoliación de bienes públicos por un pequeño grupo de individuos, es una suerte de democracia totalitaria cuya finalidad es proteger los intereses de los individuos de ese pequeño grupo. La cara del neoliberalismo es la destrucción de la sociedad por parte de ese grupo”.

El filme, que se programó en Cineteca Nacional el 18 de febrero, el martes 20 (17:30 horas) y el domingo 25 (14 horas), mezcla el cine directo con la experimentación del lenguaje. Según L’Esperance, quien participa también en la Cátedra Bergman de la UNAM con una ponencia sobre el documental, es una forma de mostrar que el cine puede abrir intersticios para promover cambios sociales. Su próxima película, también en Grecia, será más poética que política; inspirada en el filósofo Empédocles, el primero que reflexionó sobre la igualdad entre los seres vivos, entre los hombres y las mujeres.

Después de sus documentales en África del norte Sur le rivage du monde (2012) y Un fleuve humain (2006), el cineasta quería realizar un filme sobre lo que ocurría en las naciones del Mediterráneo, inspirado en cómo las revueltas de la Primavera Árabe (2010-2012) podían alcanzar a Europa.

“Desde hace varios años, en Europa se vive bajo el yugo de la austeridad. Y esto se reproduce en distintos grados por todo el planeta. Cuando comencé la investigación, llegué a Grecia y me di cuenta de que ahí se juntaban todas estas dimensiones: la austeridad era de las más grandes de Europa y del mundo. Grecia, además, recibe muchos refugiados del norte de África, por tanto sentía que se convertía en un microcosmos del mundo y que era ahí donde debía filmar el documental”, comenta L’Esperance.

Cineasta quebequense Sylvain L’Esperance

¿Quiénes fueron las principales víctimas de la crisis griega?

La principal víctima fue el pueblo griego con la llegada de los memorandos de la troika. El primero llegó en 2010 e hizo que la economía griega estuviera bajo el control de la troika; a partir de ahí se destruyeron muchos programas sociales, por ejemplo, las jubilaciones, la salud, la educación, funcionarios perdieron su sueldo. Pero mi intención no era describir a las víctimas, sino sus luchas en esta atmósfera.

¿Por qué en su documental las mujeres son las protagonistas de esta lucha?

Comencé mi documental en 2014, pero ya había manifestaciones importantes desde 2010, manifestación monstruosas en la plaza Syntagma de Atenas, sobre todo de 2010 a 2012. Sin embargo, nada había cambiado, la austeridad continuaba. A partir de 2012, hubo una especie de agotamiento y un sentimiento de fatalismo empezó a instalarse. Más tarde 595 mujeres que trabajaban en la limpieza en el ministerio de Finanzas fueron despedidas; no estaban sindicalizadas, y el gobierno pensó que despedirlas iba a ser cosa fácil, sin repercusiones. Pero contra toda expectativa, tanto del gobierno como de los sindicatos, estas mujeres comenzaron a organizar una resistencia y se convirtieron en un símbolo que justo expresaba lo que todo el pueblo griego sentía. Llegué a Grecia cuando esa lucha estaba cobrando fuerza.

¿Qué fue lo más difícil para usted de comprender como cineasta de la crisis griega?

Quizá no fue tanto la dificultad, más bien lo que me llamó la atención ahí fue la potencia de la lucha de las mujeres y eso me energizó, me abrió las puertas para acercarme a todos esos movimientos, grupos y personas. Y me dio una directriz para mi película y así pude acceder a todos esos grupos de refugiados, a los sin techo, a desempleados. Lo más difícil fue reunir todas esas luchas en una sola película.

¿Por qué se interesó por los refugiados? ¿Qué importancia tienen los refugiados en una crisis como la griega cuando ellos mismos son ya una crisis?

Desde el principio de mi película tenía claro que iba a otorgar una importancia a los refugiados similar a la de los griegos. Quería observar la crisis griega a través de la mirada de los refugiados, entender cómo en un mundo que se está colapsando podemos recibir y procesar una crisis de refugiados. Quería ver cómo un mundo estaba emergiendo dentro de este caos, como estaba empujando dentro de este caos económico o político, en esas luchas en las que la gente pelea por tener un trabajo, un porvenir. Las trabajadoras de limpieza echadas a la calle se convertían un poco en el espejo de esos refugiados que eran también echados a la calle. Y empecé a ver como había una demanda común por la justicia social y que había lazos que se estaban tejiendo entre los refugiados y los griegos. Quisiera que el espectador pudiera alcanzar a construir eso.

Dice que Grecia fue microcosmos. ¿Qué nos enseña la crisis griega?

La segunda parte del documental muestra cómo están la economía y política actuales. Cómo los poderes nos llevan a un callejón sin salida, no hay negociación posible, la única salida posible es la austeridad para ellos. Por tanto, hay una necesidad de transformar este poder. Después de la capitulación de (Alexis) Tsipras (agosto de 2015), hay un personaje en mi documental que nos dice que la única forma de transformar este poder es con una revolución. Cuando pensamos en una revolución, imaginamos pueblos en manifestaciones, como la Primavera Árabe, imaginamos que esto nos lleva siempre al caos, al fracaso. Pero la revolución de la que nos hablan los protagonistas del filme no es de este tipo, sino que se ubica en los intersticios; se asume que la política no va a cambiar; sin embargo, los intersticios nos permiten vivir fuera del sistema: las fallas del sistema generan esos intersticios, por ejemplo, la solidaridad en las clínicas médicas, la solidaridad en la salud o en la distribución de alimento. Esas solidaridades nos permiten vivir fuera del Estado, fuera de las políticas actuales.

Dice que se inspiró en la Primavera Árabe, ahí se buscaban cambios políticos. En Grecia, no obstante, se buscaban cambios en el sistema económico, en el neoliberalismo.

Sí. Hay que preguntarse qué hacer en el momento en que el Estado o el sistema de salud, ya no puede brindar salud o que las escuelas ya no tienen materiales de educación o que los jubilados ya no tienen acceso a su pensión. Lo que está sucediendo ahí es la ausencia del Estado, y esta ausencia del Estado da luz a una especie de organización que compensan esas organizaciones, que compensan la ausencia del Estado. Y entonces nos damos cuenta que podemos ofrecer salud fuera del sistema de salud, que podemos ofrecer educación fuera del sistema de educación, entonces nacen posibilidades nuevas y nos damos cuenta que podemos funcionar fuera de este sistema. Por tanto, es difícil nombrar lo que viene porque estamos acostumbrados desde siglos a ser tutelados por el Estado para vivir, es difícil ver lo que viene, pero estamos viendo gérmenes de lo que puede suceder.

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