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Internacional

Influencers y YouTubers: la nueva moda de intentar vivir de sus fans

Foto: Especial

La facilitación del acceso a redes sociales y plataformas de video gratuitas ha permitido la creación de nuevas formas de comunicación y la diversificación de contenidos y con ello el reconocimiento a nuevas personas. Sin embargo, ser YouTuber o influencer pareciera haber pasado a ser una aspiración de muchos para adjudicarse algo que no se es o no se tiene, entre otras cosas, la razón.

Durante las últimas horas se dio a conocer el intento de «linchamiento mediático» que unos supuestos YouTubers o influencers intentaron hacer con un establecimiento de la CDMX llamado «Bacon Bar». De acuerdo a unas capturas de pantallas Alejandro Carreño, uno de los integrantes del videoblog (vblog) «¿A dónde jalamos?», solicitó al establecimiento un «intercambio»: ellos dedicarían el contenido de uno de sus videos para dar «promoción» al lugar a cambio de consumo gratis para 4 personas.

La propuesta fue rechazada por los administradores de la página del establecimiento por lo cual decidió publicar su opinión del lugar denostando el servicio afirmando que la atención era mala. «Atención mala al cliente y contestaciones sin lógica aparte groseros y prepotentes», a lo cual el restaurante respondió lamentando el no cumplir con sus expectativas de «intercambio».

No obstante, hasta este día (18 de diciembre a las 2:40 p.m), el canal de estos supuestos «influencers» cuenta únicamente con 5 videos, siendo solo los últimos dos publicados en el presente mes y el resto durante 2018. A excepción del último de ellos, con 59 mil visitas, el resto alcanza como máximo las 11 mil visualizaciones, y cuentan con un total de 593 suscriptores.

El caso remonta también a otro caso que fue viralizado durante 2015, cuando la actriz mexicana Gala Montes, de entonces 16 años, escribió a una tienda para hacerse de un flotador en forma de dona proponiendo darles publicidad con sus 250 mil seguidores activos luego de que el establecimiento le contestara que el costo era de 950 pesos. «Creo que no entendiste. No quiero comprarlo, les hace falta publicidad y yo quiero dársela pero bueno si piensan vendérmela y tratarme de esa forma pues quédense como están. Chiao».

Sin embargo, los ejemplos no paran ahí. En España son varios los casos de presuntos influencers que han tenido el atrevimiento de solicitar servicios gratuitos a favor de «hablar bien» de los lugares. Dabiz Muñoz, dueño del restaurante DiverXO, con tres Estrellas Michelin, recibió la «atractiva» propuesta de la cuenta imfod_ de ser «recomendado» a cambio de «invitarlos a comer».

Esta cuenta, al momento, cuenta con 58 publicaciones y tan solo 3,953 seguidores. Caso parecido ocurrió en Australia con una cuenta llamada Jarra Sherlock, no obstante, el problema no parece ser solo de números de seguidores. Las cuentas «grandes» y la lógica de las campañas en redes sociales pareciera ser distinta a las realizadas con anterioridad por otros medios.

Si bien vemos a varios «youtubers» uniéndose a campañas de organizaciones sociales, otros más en televisión y radio promocionando algunos productos, muchas veces en sus plataformas nativas pueden resultar un fracaso a la hora de promocionar algo más del producto o servicio que originalmente brindan.

Ejemplo de ello fue el caso de Arii, una influencer con más de 2 millones de seguidores en Instagram, quien aprovechando su alcance decidió diseñar su propia línea de ropa. Sin embargo, en una publicación admitió su error al creer que al tener miles de reacciones estaría a punto de montar el negocio de su vida cuando en realidad los ingresos, generados por la compra de menos de 40 prendas no eran ni suficientes para poder enviar dichos pedidos.

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La culpa no siempre termina siendo de los aspirantes a celebridades del mundo digital. Dentro del mismo desconocimiento en la tradición de las nuevas plataformas se han dado campañas que parecieran más bien errores de las mismas marcas. Un ejemplo de esto fue el de Hershey’s, empresa de chocolates que en América Latina intentó mostrarse «solidaria» con la gente en situación precaria mediante «influencers» que les regalaban chocolates a estas personas para presuntamente ayudarlos, hecho que provocó risas, indignación y críticas por quienes veían ofensiva o ridícula la campaña.

Finalmente, en México también ha ocurrido el ascenso de otro tipo de YouTubers que han buscado sacar raja del cambio político. En los últimos meses se ha forjado una nueva especie de «barra de opinión» similar a la que en sus tiempos dominaba la discusión de la agenda política en los medios de comunicación compuesta por «expertos».

Aunque con todo el derecho de expresar sus filias políticas, estos han buscado ser reconocidos como medios por la presidencia de la República para obtener acreditaciones a fin de estar presentes en las actividades presidenciales, e incluso recursos de publicidad oficial, confundiendo su contenido a favor del presidente y popularidad con información noticiosa, especialmente al carecer de otros contenidos producto de reporteros, trabajos de investigación, redacción de notas de actualidad, entre otros requerimientos.

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