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Cultura

El director de orquesta tirano y conflictivo debe desaparecer: López Reynoso

El director de orquesta tirano y conflictivo debe desaparecer: López Reynoso

Iván López Reynoso (Guanajuato, 1990) considera que la figura del director de orquesta tirano, dictador, al estilo de Arturo Toscanini o Riccardo Muti, debe desaparecer si no es que ya se extinguió, y como remedio a la grilla en los ensembles antepone la música a todo.

La ascendente carrera de Iván López Reynoso ha estado asociada a la Orquesta Filarmónica de la UNAM desde 2011. Casi una década después su trabajo recibe el mayor reconocimiento en el ensamble universitario, cuya batuta asume a partir de enero de 2020 para convertirse en su primer director mexicano del siglo XXI, asociado a Massimo Quarta.

El 17 de septiembre pasado, el coordinador de Difusión Cultural UNAM, Jorge Volpi, y el director de Música UNAM, Fernando Saint Martin, adelantaron tres noticias relacionadas con la máxima orquesta de esta Casa de Estudios: que el italiano Massimo Quarta renovaba un año más su contrato para permanecer hasta diciembre de 2020 como director artístico, que por primera vez simultáneamente se contaría con un director asociado, López Reynoso, y que el año próximo la Ofunam dedicaría su programación a unirse a las celebraciones mundiales por el 250 aniversario del natalicio de Ludwig van Beethoven (1770-1827).

López Reynoso, violinista, pianista y contratenor también, se asociará así a la dirección artística del ensemble universitario, que desde el periodo 1989-1993, con José Medina, no ha sido encabezado por un mexicano.
 
La Ofunam ha tenido la figura de directores asociados sólo en dos ocasiones, la primera el año de su fundación en 1936, cuando José Rocabruna y José Francisco Vázquez compartieron el cargo, y la segunda, que abarcó de 1981 a 1984, estuvieron Enrique Arturo Diemecke y Eduardo Díazmuñoz. En ambas, en las que no hubo director artístico titular.

Créditos: Barry Domínguez

 
López Reynoso habla en entrevista sobre esta nueva responsabilidad, en la que está consciente de que al ser director está expuesto a las grillas internas de las orquestas, pero sostiene que eso puede solucionarse con no perder el piso ni llegar con actitud de superioridad con el conjunto de los músicos, sino como un compañero de trabajo
 
“Si la orquesta ve que el director hace bien su trabajo, no habrá problemas, siempre el mejor aliado es la música, si tú la música la pones en primer lugar y trabajas al servicio de la música, tú puedes estar tranquilo, pero en el momento en que tú te empiezas a poner como artista primero antes que la música, es donde ya las cosas no van a funcionar”, señala.
 
—¿Cómo se siente con su nuevo cargo en la Ofunam?
–Puedo decir que con toda la felicidad y el entusiasmo de recibir esta noticia, esta invitación a incorporarme al proyecto artístico de la Ofunam, que es la orquesta más importante para mí y para mi carrera, porque fue la primera orquesta profesional que confió en mi talento y mi trabajo. Cuando empezaba mi carrera por ahí del 2011 audicioné para ser director asistente, después fui becario de la subdirección de música, como el propio director huésped de la orquesta, y después de ocho años de colaboración me doy cuenta que yo le debo muchas cosas a la Ofunam y muchas partes de mi desarrollo artístico son gracias a esa oportunidad. Así que, para mí, estrechar esa colaboración y relación es una gran oportunidad, es un gran privilegio. Recibo con mucho gusto la noticia.

Créditos: Barry Domínguez

—También es una buena noticia para la Ofunam que ahora apuesta por un director joven y mexicano, sin ser chauvinista.
–Sí, es correcto. Ya tenía muchos años que la Ofunam no contaba con un director mexicano, aunque siempre ha contado con excelentes batutas extranjeras, que han aportado mucho al crecimiento de la orquesta. Yo vi de cerca el trabajo de los maestros Jan Latham-Koening y Mássimo Quarta, y puedo asegurar que la Ofunam está ahora en su mejor momento, que es una orquesta ya consolidada con un nivel realmente muy alto. Y por la oportunidad –como piensan el doctor Volpi y el maestro Saint Martin–, de promover, apoyar el talento nacional, el joven talento nacional, es para mí un privilegio incorporarme a este proyecto. En efecto, convertirme en el primer director de la Ofunam en el siglo XXI, es realmente un placer y estoy muy entusiasmado por empezar esta colaboración.

—¿Cuáles serán sus prioridades y principales retos como director artístico asociado?
– El principal atractivo, el principal reto es seguir desarrollando, creando, fomentando nuevos públicos. Yo sí te puedo decir que la sala Nezahuacóyotl tiene cada vez más gente joven en las butacas, hay una renovación de público y repertorio que me parece muy importante continuar, que se siga abarcando tanto el repertorio antiguo como el repertorio moderno, sin excluir desde luego las grandes obras del repertorio sinfónico. A mí me parece que la Ofunam debe ser un referente nacional de la combinación perfecta entre vanguardia y tradición, yo creo que eso tiene que ser nuestra principal labor.
Puso de ejemplo que en 2020 tendrán una gran oportunidad con la programación por el 250 aniversario del natalicio de Beethoven, en el que la Ofunam interpretará sus cinco conciertos para piano, además de sus nueve sinfonías, para cada una de las cuales, la dirección de Música a cargo de Saint Martin encargó una obra a sendos compositores mexicanos de diferentes generaciones para  establecer un puente con el compositor alemán.

—¿Cómo definiría su estilo como director?
–Es una buena pregunta. Tal vez no tendría un adjetivo particular para describir mi manera de trabajar, pero lo que sí no soy es ni tirano ni conflictivo. Esa figura del director autoritario y tirano y dictador debe desaparecer, si no es que está desapareciendo o ya desapareció. Y quedan muy pocos así, Porque nos damos cuenta que dependemos de los músicos con que trabajamos para poder hacer nuestro propio trabajo. El director de orquesta baja las manos y no suena nada si no tiene una orquesta en frente. Yo dependo de mis músicos para poder hacer mi trabajo. No hago magia. No puedo dirigir un disco, para dirigir un disco, me quedo en mi casa. La visión que tengo un poco de la profesión del director de orquesta hoy en día es mucho más de mediador o de moderador en un debate entre la música y los músicos. Eso es mucho más real y mucho más humano.

Créditos: Barry Domínguez

López Reynoso dirigirá los conciertos de la gira del tenor Javier Camarena el 17 de octubre en el Show Center en Monterrey, Nuevo León; del 24 de octubre en el Conjunto Santander de las Artes en Zapopan, Jalisco, y de la clausura del Festival Internacional Cervantino, el 27 de octubre en la Alhóndiga de Granaditas, Guanajuato, con la Filarmónica de Acapulco.
Antes, encabezará una gala de ópera este viernes 10 y domingo 13 de octubre en el Teatro Degollado, de Guadalajara.

—¿Y cómo es a la hora de dirigir a figuras de la ópera, como Javier Camarena?
–Me ha ayudado mucho ser cantante, en este caso también soy juez y parte, porque al entender el canto, al entender las necesidades de mis compañeros, de mis cantantes, de mi reparto, tengo mucha afinidad, es por eso que amo el repertorio vocal, no lo veo desde un punto de vista simplemente técnico de director de orquesta, sino también como colega, como intérprete, como hombre de teatro, de escena, he participado en diversos espectáculos escénicos, en puestas en escena. Yo lo veo de una manera mucho más redonda, es por eso que me apasiona tanto y mi prioridad siempre será seguir haciendo ópera.

—Y justo hablando de canto, usted se presenta otra vez con Javier Camarena.
–Es correcto. Fíjese que mi relación artística con el maestro Camarena me honra. Comienza en 2012 en mi debut en el Palacio de Bellas Artes, con él, como solista y con otros muchos grandes cantantes mexicanos. En esa gala estuvieron Rebeca Olvera, Mónica Chávez, Carlos Almaguer, David Lomelí, y Camarena, debuté con padrinos de lujo. Desde entonces tengo una relación artística y personal estrecha con Javier. Es un cantante que adonde va hace historia, en teatros que se presenta hace historia. Es un personaje muy importante no solo nacional sino internacional. Colaborar con él siempre seguirá siendo un aprendizaje; para mí es muy interesante, lo digo con toda humildad, como su director de cabecera en sus galas, ver cómo ha desarrollado su repertorio, hacia dónde está cambiando su carrera, está abordando siempre nuevos roles. Recientemente incluye ahora a Rodolfo de La Bohéme, en los conciertos que vamos a hacer este semestre, por primera vez, y El pirata, de Bellini, que son cosas que tiene programadas para corto o mediano plazo. Me enorgullece y me honra esta colaboración, en la que he podido ver cómo Javier va creciendo como artista.

A pesar de su juventud, el pianista, violinista y contratenor cuenta con una importante trayectoria internacional como director, que empezó con su debut en el Rossini Opera Festival de Pesaro, Italia, con El Viaje a Reims- Fue el primer mexicano en dirigir ahí.
Ha dirigido a la Oviedo Filarmonía, la Filarmónica de Gioachino Rossini, la Orquesta de la Comunidad de Madrid, la Sinfónica de Navarra, la Orquesta Estatal de Braunschweig, la Sinfónica del Estado de México, la Filarmónica de Jalisco, la Sinfónica de Minería entre muchas otras. Ha trabajado con grandes artistas de la lírica internacional como Javier Camarena, Ildar Abdrazakov, Alessando Corbelli, Alfredo Daza, Celso Albelo y músicos de la talla de Michael Barenboim, Gabriela Montero, Ryu Goto, Alex Klein, entre otros.

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