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Cultura

Un año sin Cohen

Un año sin Cohen
Fotografía especial

Hace un año, el 7 de noviembre, el poeta, escritor, compositor y cantante canadiense Leonard Cohen dio su último respiro. Partió de este mundo, pero grande, como fue, nos dejó cientos de poemas y letras para regocijo de presentes y futuras generaciones.

He oído que había un acorde secreto
que tocaba David, y al Señor le gustaba.
¿Pero a ti la música no te importa, verdad?
Era así:
la cuarta, la quinta,
desciende la menor, la mayor asciende,
el rey confuso componía el Aleluya.

Cuenta la historia que Cohen pretendía vivir su retiro con los fondos que había reunido a lo largo de su carrera, pero su representante, y alguna vez amante, Kelley Linch, sustrajo de su cuenta cinco millones de dólares. En 2005 el músico la demandó y en ese momento desató a la bestia.

Hice lo que pude, no fue mucho,
no sentía nada, traté de alcanzarlo.
Dije la verdad, no vine para engañarte.
Incluso cuando todo se derrumbe
permaneceré frente al Señor de la Música
y no pronunciaré más que el Aleluya.

En estos días que han cobrado relevancia los casos de acoso vale la pena recordar la tortura que vivió Cohen luego del despido, y más tras la demanda, la cual ganó Leonard, cuando Linch comenzó a llamar y escribir correos amenazantes al poeta. Fue tal el miedo que vivió Cohen que sospechaba de los autos que disminuían la velocidad cuando caminaba por las aceras.

Todo el mundo sabe que los dados están cargados
Todo el mundo lanza con los dedos cruzados
Todo el mundo sabe que la guerra ha terminado
Todo el mundo sabe que los buenos perdieron
Todo el mundo sabe que la pelea estaba amañada
Los pobres se quedan pobres, los ricos se hacen más ricos
Eso es lo que pasa
Todo el mundo lo sabe

En 2011 Cohen debió demandar de nuevo a Kelley, pero esta vez por acoso. El fiscal mostró en el juicio 10 carpetas de correos electrónicos amenazantes, todos de febrero de ese año. La mujer fue sentenciada a 18 meses de prisión y cinco de libertad condicional. Se le prohibió tener armas durante 10 años y a tomar terapia para el manejo de la ira.

Me amaste como a un perdedor.
Pero ahora estás preocupada porque probablemente he ganado.
Sabes cómo detenerme, pero no tienes la disciplina para hacerlo.
Cuantas noches recé por ésto: dejar que mi trabajo comenzara.
Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín.

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