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Nación

Te nombré en el silencio: Una radiografía cinematográfica del dolor y la esperanza de las desapariciones en México

Foto: Pedro González Castillo

Así como la medicina requiere de estudios y análisis que sirvan como guía para conocer qué le ocurre al paciente y producir un diagnóstico acertado para combatir cualquier enfermedad. De manera similar, los problemas sociales igualmente requieren de una mirada profunda y un estudio preciso como un primer paso para remediarlos.

El largometraje documental Te nombré en el silencio (México, 2021), del director mexicano José María Espinosa de los Monteros (Culiacán, Sinaloa, 1989), nos plantea con gran precisión el tema de los más de 100 mil desaparecidos en las décadas recientes y de la solitaria búsqueda autogestiva de las víctimas que emprenden sus familiares, sin mayores recursos que la voluntad de encontrarlos con vida.

La película tiene como protagonista a la gestora de derechos humanos Mirna Nereida Medina Quiñones, una madre originaria de Los Mochis, a la que el fenómeno de la violencia en México alcanzó cuando su hijo Roberto Corrales Medina desapareció el 14 de julio de 2014. Tras acudir infructuosamente a distintas autoridades de justicia, comenzó la búsqueda de su vástago por su propia cuenta, junto con algunas otras madres.

Luego de haber recorrido buena parte de la región del norte de Sinaloa, hallando numerosos restos humanos en fosas clandestinas, finalmente encontró parte de los restos de su hijo tres años más tarde, el 14 de julio del 2017, en un predio de Ocolome, en el municipio de El Fuerte, tras seguir las indicaciones de un anónimo que dejaron en su oficina.

Su búsqueda no paró ahí, ya que continúa encabezando el colectivo de Las Rastreadoras de El Fuerte —bautizadas así por el periodista Javier Valdez, asesinado el 15 de mayo del 2017 en Culiacán—, que rebasa los 600 miembros, pues además de que continúa con la esperanza de encontrar sus restos completos sino porque el grupo de búsqueda que generó, apoya también a otras madres que enfrentan su misma situación. A la fecha han localizado a centenares de desaparecidos.

Otra paleta de sensibilidad

En entrevista para La Hoguera, José María describe su largometraje debut como “una radiografía” de un grupo de búsqueda, pero también “del dolor, de la pérdida, del amor y la esperanza” que se presenta en aquellos que intentan localizar a sus familiares desaparecidos. Las imágenes nos muestran cómo y dónde se busca, con qué herramientas y cómo las utilizan estas para hallar los restos mortales, que con los años han decidido a nombrar como sus “tesoros”.

Sin embargo “Chema” no tenía en un principio la idea de realizar un documental sobre este tema ni sobre el grupo. El primer acercamiento con la líder de Las Rastreadoras de El Fuerte ocurrió por un proyecto de documental cortometraje que abordaría el tema de la normalización de la violencia, por el que comenzó a investigar y conoció a periodistas, activistas y víctimas.

Al entrevistar a Mirna Nereida y mirarla directamente a los ojos, el cineasta sintió el profundo dolor por la pérdida de Roberto, lo que resultaba más importante que aquello que pudiera incluir en un cortometraje, así que decidió hacer un largometraje con el fin de explorar todos los matices en torno a este grupo.

Además, este trabajo le abrió “otra paleta” de sensibilidad, pues siempre se consideró un cineasta de ficción, pero al presentarse esta oportunidad y entender lo que estaba en juego supo que si bien no se definía como un documentalista, sí tenía las capacidades para contar esa historia.

Su trabajo no sólo fue programado en el ciclo Rastros y luces. Historias contra la desaparición así como en la sección Pulsos de la 15ª Gira de Documentales Ambulante sino en Doctubre del 15º Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsMX), sino que ganó el 25º Premio José Rovirosa al Mejor Documental Mexicano que entrega la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de su Escuela Nacional de Artes Cinematográficas, de la Filmoteca y de Cultura en Directo, todo en el 2021.

José María Espinosa de los Monteros, director de 'Te nombré en el Silencio'. Foto: Pedro González Castillo

José María Espinosa de los Monteros, director de ‘Te nombré en el Silencio’. Foto: Pedro González Castillo

Relatar sin revictimizar

Sentado al lado de Mirna Nereida, en el anuncio del estreno del documental producido por Cinema del Norte, EMT Films y No Ficción, en la cartelera mexicana, el pasado jueves 12 de mayo, en salas de la Ciudad de México, Jalisco, Sonora, Sinaloa, Morelos, Coahuila, Nuevo León. Guanajuato, Guerrero y el Estado de México, Espinosa de los Monteros recordó que no le representó una gran dificultad ganarse la confianza de su protagonista.

Desde el principio hubo una “buena química” con Mirna Nereida, aunque como cineasta sabe se requiere de algo más para lograr dicha empatía: “Creo que tienes que abrirte como director para que las personas se abran contigo. Cuando Mirna nos abrió las puertas, las otras madres dijeron que si ella confiaba en este chamaco, ellas también podrían confiar y abrir las otras historias dentro del grupo”, explica el director de los cortometrajes de ficción Whippet (México, 2016) y José X (México, 2017).

Acercarse a las víctimas para hacer un filme requiere un trato idóneo a sus declaraciones. Más allá del morbo que una escena dolorosa puede generar, el cineasta culichi expresó que si bien existe el riesgo de caer, sin quererlo, en la revictimización, tuvo “muchísimo cuidado” para evitarlo y reflejar cada caso sin prejuicios, respetando el dolor y sufrimiento de Las Rastreadoras de El Fuerte.

El Manual de cobertura de hechos con víctimas, cuya primera edición fue publicada por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de la Secretaría de Gobernación en noviembre de 2017, sugiere a los medios, por ejemplo, no filmar ni fotografiar escenas de violencia así como tampoco publicar información sin su consentimiento; invisibilizar a la víctima al ponerle menos atención en comparación con otra; culpar a la persona por su propia victimización; criminalizar al individuo a partir de juzgarlo por su condición; estigmatizar a la víctima asignando una característica o etiqueta por pertenecer a cierto grupo poblacional, ni hacer reportajes agresivos o poco sensibles que puedan hacer que la persona se sienta poco digna o que corra peligro su seguridad.

Para cumplir estas recomendaciones el Espinosa de los Monteros buscó y logró que el documental no solamente muestre la “oscuridad” del dolor que tienen las madres, sino también la “luminosidad que emana de ellas”, mezcla de la que se siente orgulloso. Ello queda reflejado tanto la tensión de lo que implica la búsqueda y los elementos para rehacer su vida, pese a su labor cotidiana para lograr la justicia y la verdad.

Mirna Medina fundó en 2014 Las Rastreadoras del Fuerte en Sinaloa, tras la desaparición de su hijo Roberto. Foto: Pedro González Castillo

Mirna Medina fundó en 2014 Las Rastreadoras del Fuerte en Sinaloa, tras la desaparición de su hijo Roberto. Foto: Pedro González Castillo

Los riesgos de la filmación

Un tema tan delicado como el de los desaparecidos, le permitió a “los plebes”, como cariñosamente Mirna Nereida identifica al equipo de la película, sentir el miedo y ser testigos de los riesgos a los que se exponen diariamente las buscadoras. Una de las escenas más icónicas del filme es el momento en el que se encuentran de frente con una camioneta de la que desconocen su procedencia y temen que no sean autoridades sino miembros del crimen organizado.

José María recuerda que escenas como estas demuestran el temor de los integrantes de la producción, como el sonidista cuya voz preocupada se escucha en esa escena proponiendo esconder la cámara, misma que decidieron dejar en la película dado que corrobora la valentía de la activista, al pedir que sigan filmando.

“Mirna dice que no es valiente, pero yo creo que sí, dice que tiene miedo. Pero la valentía justamente es eso, tener miedo y seguir empujando hacia adelante y en ese momento sí se te frunce un poquito, por supuesto, ¿no? […] Yo creo que otro documentalista, otra persona menos sensible o con poquito más de orgullo, hubiera dicho: ‘No, quítala porque nos está mandando’, pero eso para mí es un detalle más que la perfila, un matiz más que abona la riqueza de la narrativa”, expresó para La Hoguera.

Aquella no sería la única ocasión en la que la sensación de peligro estuvo presente, pues buscando un cuerpo en una casa abandonada empezaron a escuchar balazos: “La calma fue lo que a mí me sorprendió y tanto admiro. No hubo pánico, hubo como una cierta calma. Se buscó más rápido, no se encontró y nos fuimos”, rememora.

Tronar la burbuja de indiferencia

Espinosa de los Monteros comentó que su intención inicial, misma que sostuvo durante la realización de este trabajo, fue la concientización del tema de las desapariciones. A diferencia de otros documentales, este no fue hecho para el gremio cinematográfico o para las asociaciones civiles y las organizaciones no gubernamentales (ONGs), sino que fue hecha como “un traje a la medida” para las grandes audiencias, no por ambición personal sino para mostrar lo que ocurre en el Noroeste del país.

Es por ello que espera que la película funcione como una semilla en la mente de la gente para evocar reflexiones y generar empatía con las víctimas de desaparición y sus familiares, para que la sociedad en general se dé cuenta, de alguna manera, que es un tema que le compete ante esta situación extraordinaria.

“Yo espero que, como dice Mirna, al ver esta película se truene esa burbuja de indiferencia, de entumecimiento y que entre todos podamos entretejer soluciones para empujar y llevar la justicia a los grupos de búsqueda, no solamente Las Rastreadoras de El Fuerte sino a las de todo México”, opina el director a quien le queda muy claro que no le está precisamente dando la voz a Mirna, sino que representa una lucha que ya resuena en todo Sinaloa y en toda la República.
Es así que considera su trabajo documentalista como una especie de amplificación que intenta continuar incrementando mediante una campaña de impacto para posicionar la película en las salas de cine y llegar a la mayor cantidad de audiencia posible, misma que puede consultarse en su página electrónica oficial: www.tenombreenelsilencio.com.

Foto: Pedro González Castillo

Espinosa de los Monteros  busca con su filme mostrar una de las historias al interior de México y concientizar a la población sobre el fenómeno de la desaparición. Foto: Pedro González Castillo

Historias fuera del centralismo

En Culiacán, José María fundó y dirige la productora independiente Cinema del Norte, con la que volverá al cine pero con historias de ficción, como era su plan original, ya que pretende «descansar el corazoncito un poco” y volver al proyecto que había comenzado a escribir previo a este documental: Bailando para no estar muerto, una historia situada en su ciudad natal y que versará sobre jóvenes adictos a las metanfetaminas en la cultura de la música electrónica en medio del contexto de violencia que permea a esa urbe.

Aunque en un género distinto, el propósito de todos los proyectos que ha creado desde su productora es ampliar la paleta de sensibilidades del cine nacional, ya que la mayor parte de los filmes mantienen una visión centralizada, cuando él desea mostrar que existen otras realidades a lo largo y ancho del país.

“Nosotros queremos hablar de Sinaloa, de los culichis, de cómo somos, de cómo andamos, qué comemos. Todo a través de estos productos y de esta ficción que está direccionada hacia allá, hacia la descentralización del cine y hacia un anhelo personal de contar una historia muy cercana a mí”, finaliza Espinosa de los Monteros.

 

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