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Incendiario

La Línea 12 y el colapso de aspiraciones presidenciales

Foto: Cuartoscuro

La tragedia de la Línea 12 tiene conmocionada, enlutada y enojada a la Ciudad de México. La respuesta de la ciudadanía a la pérdida de más de dos decenas de vidas inocentes tendrá, o tendría que tener, repercusiones en las aspiraciones de quienes miran con ilusión el 2024. Particularmente porque este hecho atañe directamente a dos de los principales contendientes a relevar a López Obrador en Palacio Nacional.

Lo ocurrido la noche del 3 de mayo de 2021 será, sin duda, un parteaguas en la contienda interna que Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum libran desde que inició la cuatroté. Un mano a mano que había tenido su punto climático apenas el año pasado, cuando la dirigencia nacional de Morena se decidió entre el alfil del canciller y el abanderado del bloque que respalda a la jefa de Gobierno. Todos sabemos quién ganó ese round y, más importante aún, quién perdió.

Pero ahora, con víctimas fatales y una herida abierta en las venas de la Ciudad de México, la cosa parece cambiar. Para muestra, qué mejor que las declaraciones del propio primer mandatario. Quien desde marzo pasado dio el banderazo de salida para la sucesión al presumir que su movimiento cuenta con un relevo generacional listo para asumir las riendas del país. Haciendo guiños a los dos protagonistas de la historia de hoy.

Pues bien, en su mañanera tras los hechos de la Línea 12, en la que reunió a ambos, López Obrador fue claro. Cobijó a Sheinbaum, dándole un espaldarazo público y manifestándole su solidaridad, algo que normalmente se hace con las víctimas. Por su parte Ebrard, recién desempacado de su gira pandémica, se puso a disposición de las autoridades bajo la máxima de que “quien nada debe, nada teme”. Eso sí, solo, por su cuenta. El que entendió, entendió.

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Después de lucirse como jefe de la política exterior mexicana, lidiando lo mismo con Donald Trump que con el Covid-19, es una llaga reabierta de su paso por la Jefatura de Gobierno del DF la que pone en riesgo las aspiraciones de Ebrard. Sheinbaum es responsable puesto que es la mandataria en turno, pero a puerta cerrada, en los jaloneos internos de Morena, ella y su gente siempre podrán alegar que les dejaron una bomba de tiempo.

Por otro lado, dicen que a río revuelto, ganancia de zacatecanos. Si alguien debe estar preparando un plan de contingencia que le resulte favorable es Ricardo Monreal. Amo y señor del Senado, se había ido relegando en las discusiones sobre el sucesor de López Obrador pese a que logró el registro de su partido de respaldo, Fuerza por México, el cual no presenta muchas posibilidades de salir vivo de las urnas el próximo 6 de junio.

Opacado por Ebrard y Sheinbaum casi de manera natural, Monreal tiene las capacidades políticas para convertir la estación Olivos en su punto de inflexión. Tras las elecciones del mes entrante, seguramente contará con el respaldo de varios nuevos gobernadores. Lo que, aunado al hecho de ser el único aspirante de alto perfil que no se ve directamente afectado por la Línea 12, le terminará por ser redituable al momento de buscar reposicionarse.

Hablando del Senado, por ahí anda Miguel Ángel Mancera. El eslabón perdido entre Ebrard y Sheinbaum también comparte la responsabilidad al haber sido su administración la que intervino la línea dorada no una, sino dos veces. La primera en 2014, a menos de dos años de que entró en operación, y la segunda en 2017, tras los sismos que devastaron la ciudad y, de paso, sus intenciones de pelear la candidatura presidencial con Ricardo Anaya.

Dadas las cuentas pendientes que tiene con Ebrard, precisamente por los escándalos de la Línea 12, y los constantes golpes que Sheinbaum ha dado a sus colaboradores, así como la debilidad del PRD que tiene que recurrir a caudillos de la izquierda como Xóchitl Gálvez para mantenerse relevante, lo más seguro es que Mancera terminará por pagar los platos rotos. Por lo menos de manera testimonial, un “quinazo” para levantar los ánimos.

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Por último, no está de más decir que, pese a que hoy los dos candidatos más fuertes a ocupar La Silla en 2024 se ven afectados por un escándalo de proporciones mayores, este mismo ha dejado en claro que, pese a todo, la Presidencia de la República se quedará con Morena otro sexenio. Es que la brillante idea de los panistas capitalinos de ir a hacer campaña a un lugar aún con sangre a medio secar en el piso es algo de no creerse.

Federico Döring, Christian Von, Héctor Barrera, Orlando Garrido y Andrés Atayde, prestanombre en turno de Jorge Romero como líder del PAN-CDMX, hicieron gala de su nula capacidad política y su mucho menor sentido humano al tratar de capitalizar la muerte para sus campañas. Es verdad, López Obrador y Morena también politizaron tragedias, sobra ver el caso Ayotzinapa, pero hasta para eso se requiere habilidad. Los Ocean Boys claramente no la tienen. Bueno, no tienen muchas cosas.

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