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4T ha aumentado nombramientos políticos en la diplomacia; verla como botín compromete defensa de connacionales: experta de la Ibero
El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) inició su gobierno en diciembre de 2018 diciendo que la mejor política exterior sería la interior. Sin embargo, la operación de esta ya en el extranjero ha mostrado el reforzamiento de patrones que, de acuerdo con una experta, pueden llegar hasta a comprometer la consecución de metas de México, como la defensa de los connacionales en otros países.
En entrevista para La Hoguera, Laura Zamudio González, doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana e integrante de la Dirección de Estudios Internacionales de la misma, explicó que la diplomacia es el arte de la ejecución de la política exterior. Compartió que todas las diplomacias, entre ellas la de México, requieren de una combinación tanto de elementos técnicos como elementos políticos.
“Ambas dimensiones se tienen que ir forjando, construyendo, preparando. Para que tengas buen diplomático o negociador requieres alguien que sepa de instrumentos de negociación, mecanismos de mediación, procedimientos de alerta temprana, pero también alguien que sea sensible al contexto político, que conozca sistemas políticos”, planteó.
La también maestra en Economía y Política Internacionales resaltó que el país, al tener un sistema presidencialista muy marcado, dota a la persona titular del Poder Ejecutivo Federal de atribuciones para nombrar a embajadores y cónsules. Apuntó que si bien se requiere de la ratificación del Congreso de la Unión para esas designaciones, este no suele representar en realidad un eventual contrapeso a decisiones presidenciales como sí ocurre en un sistema parlamentario.
El botín diplomático: nombramientos políticos en aumento, pero no raros
La también historiadora comentó que, debido al sistema, la tónica de los presidentes ha estado siempre muy presente en la designación de cargos diplomáticos. Afirmó que en el pasado, pese a los cambios sexenales, había una tradición —tejida en torno a una serie de principios constitucionales— de hacer un 30% de nombramientos políticos para las representaciones del país en el extranjero y 70% desde la cancillería.
No obstante, consideró que esa serie de nombramientos políticos en la “Cuarta Transformación” debe haber aumentado hasta representar aproximadamente el 50% de los cargos de ese tipo. Apuntó que estos no caen en la ilegalidad, dado que no hay ley o reglamento político que dicten las capacidades técnicas que deben tener las personas seleccionadas para esos cargos, ni que establezcan que provengan exclusivamente del Servicio Civil de Carrera.
En el caso de AMLO, la académica expresó que hubo numerosos nombramientos muy polémicos, enfatizando que exgobernadores y hasta viudas de amigos del expresidente fueron colocadas en cargos diplomáticos. Entre los más cuestionados, recordó el de la actriz y cantante Jesusa Rodríguez como embajadora de Panamá, aunque finalmente esta declinó la invitación del político tabasqueño tras una serie de críticas.
Con la presidenta Sheinbaum Pardo, indicó, ha habido otra serie de nombramientos que habrá que verlos en funciones, aunque tampoco son muy aceptables. Reconoció que se han dado marcha atrás algunas decisiones en esa materia, lo cual muestra que hubo capacidad de reconocer errores, aunque enfatizó que muchos otros no se modificaron.
La doctora no se cierra a la posibilidad de que haya figuras políticas o culturales en los cargos diplomáticos. Apuntó que esto sería viable en caso de que sean personas reconocidas con capacidad probada de negociación o gestionar crisis, así como con habilidades para forjar alianzas o compromisos. Pese a ello, sostuvo que, aun así, deberían ser “los menos y más capacitados”.
Como ejemplo, rememoró que en 1983 surgió el Grupo Contadora, por iniciativa de México y Colombia para promover la paz en Centroamérica, a propuesta de gente como el exprimer ministro sueco Olof Palme, el premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez y los premios Nobel de la Paz Alfonso García Robles, exsecretario de Relaciones Exteriores, y Alva Mydral, socióloga y diplomática sueca.
El costo de preferir lo político sobre lo técnico
Zamudio González compartió que los excesivos nombramientos políticos dañan la figura presidencial y a los servicios civiles de carrera. Sobre este último, recordó que han sido pensados para sociedades democráticas de alternancia en el poder, evitando así que los cargos públicos se vuelvan un “botín”. En ese sentido, consideró que no se puede permitir que queden atrapados por aparatos políticos y que cada partido –cuando llegue al poder— cambie a su gusto los cargos diplomáticos cada 6 o 12 años.
Advirtió que ver la estructura diplomática como un “botín político” genera una pérdida de efectividad en detrimento de las metas de la política exterior mexicana. Mientras tanto, a largo plazo, los cambios bajo esa tónica representan la pérdida de experiencias, conocimientos y curvas de aprendizaje.
Junto a ello, opinó que se pone en riesgo a la gente que se tiene que proteger en el exterior, especialmente al considerar el vecindario complejo en el que está inmersa la nación. Por ejemplo, indicó que México tiene 53 consulados en Estados Unidos, mismos que deberían proteger a 38 millones de mexicanos en un momento tan difícil como las deportaciones masivas y la visión xenófoba de Donald Trump.
Cabe resaltar que aunque el último nombramiento cuestionado fue el de Genaro Lozano Valencia como embajador en Italia, previamente se habían dado otros para los consulados. Por ejemplo, en junio la Comisión Permanente del Congreso de la Unión avaló al general Luis Rodríguez Bucio, excomandante de la Guardia Nacional y exsubsecretario de Seguridad, como cónsul en Dallas, Texas; mientras tanto, Naftalí Pérez González fue aceptado como cónsul en San José, California, tras encabezar el programa ‘Jóvenes Construyendo el Futuro’.
“Si no tenemos ese expertise, capacidad, conocimiento, para manejar esto, pues no estamos dando la protección que merecen como sucedió en el caso Avena. Con este se demuestra que es necesario tener un sistema sólido, fuerte, bien financiado, con recursos, capacidades administrativas, técnicas, habilidades y liderazgo para generar un resultado”, destacó.
Cuestionada sobre qué propone para atajar todos estos vicios y riesgos, la catedrática expuso en primer lugar la necesidad de forjar una estructura fuerte en toda la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). Esto a fin de que las capacidades administrativas ayuden a blindar a la institución para que los cambios derivados de nombramientos políticos no causen demasiado daño.
Asimismo, sugirió que los nombramientos sean para aquellos que, idealmente, hayan pasado mayor tiempo capacitándose. Recordó que en teoría los embajadores y cónsules deben pasar por el Instituto Matías Romero para después rotar en distintos países y diversos cargos, dado que es una carrera de largo plazo.
Finalmente, expresó que desde el ámbito académico y de la sociedad civil se debe combatir la visión de que los embajadores suelen despilfarrar recursos y no aportan nada al país. Pese a ello, consideró que sí ha habido casos así, los cuales deberían ser castigados.
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