Metrópoli
La historia de “El Triste”: una de las miles que deambulan por las calles de la metrópoli
Él es Diego Blanquel Ramírez, mejor conocido en los barrios bajos de Ecatepec como «El Triste». El sobrenombre se debe a que «cada que platicaba con alguien, me ponía a llorar», explica.
Su historia es semejante a la de miles de personas que han sufrido violencia intrafamiliar en la Ciudad de México y el área Metropolitana. De acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), elaborada por Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las entidades que presentan los niveles más altos de este problema son la Ciudad de México, Estado de México, Jalisco, Aguascalientes y Querétaro.

«Casi diario veo a «El Triste» moneándose. No suelta el activo», relata la señora Mireya. Foto: Aarón Sánchez
Los conflictos entre sus padres lo llevaron a abandonar su casa y a dormir en las calles. Allí, en el barrio, buscó auxilio y se refugió en las drogas desde que era adolescente. Él, al igual que muchos otros jóvenes, ha probado diversas drogas, pero sus favoritas son los inhalables. Al cuestionarle, «¿por qué te gusta drogarte con el PVC?»; “El Triste” responde: «Porque me gusta el olor a pintura».
«Casi diario veo a «El Triste» moneándose. No suelta el activo», relata la señora Mireya, quien ayuda, en ocasiones, al joven indigente. Y es que el consumo de cualquier tipo de drogas en el territorio nacional aumentó y la dependencia a estas sustancias es mayor en los hombres entre 12 y 65 años de edad, señala la última Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) también elaborada por el INEGI. De manera que el consumo de drogas pasó de 7.8% en 2011 a 10.3% en 2016.
Diego, actualmente, está desempleado. «Es un muchacho tranquilo, nada agresivo. El único defecto son sus adicciones», precisó la señora Mireya. «El triste vive de lo que le da la gente. Yo le regalo ropa de mis hijos, a veces mi mamá le regala comida. Algunas vecinas hacen lo mismo. Aunque nos causa tristeza su historia y su día a día, la gente de aquí le ha tomado aprecio», detalló.
«La vida en las calles está cabrona, Carnal. A veces me pegan por diversión», aseguró “El Triste”. La gente de la zona ha intentado buscar el apoyo de las autoridades para «que se rehabilite», pero no han dado con el lugar indicado.
Algunos de los pasatiempos favoritos de “El Triste” son el futbol y escuchar misa, porque «la congregación me da comida», explicó. En su mochilita del Partido Verde Ecologista de México, desgastada y vieja, guarda la ropa que le dan y su «tesoro»: una biblia, nos compartió, la cual lee en la iglesia o en los parques públicos.
Al ya no querer recordar su pasado, “El Triste” ha decidido abandonar su sobrenombre para que desde ahora la gente se refiera a él como Diego.
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