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Opinión

FIDENA: ¿por qué cambiaron las reglas?

AUTOR: Raúl Avilez Allende.*

La presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado un principio interesante en el combate a la corrupción: no basta castigar cuando el daño ya está hecho; hay que prevenirlo. La semana pasada, Raquel Buenrostro, secretaria Anticorrupción y Buen Gobierno, presentó en la mañanera los resultados de esa estrategia.

Sheinbaum lo explicó claramente: cuando Anticorrupción revisa una licitación que “no viene bien desde el principio”, la detiene, investiga qué ocurrió y, de ser necesario, el procedimiento se repite. Buenrostro fue más allá: se busca mejorar anexos técnicos y requerimientos para evitar que se sesgue o limite la participación de proveedores. La prevención, informó el gobierno federal, ha permitido proteger y ahorrar 83.8 mil millones de pesos en dos años.

Vale la pena mirar bajo esa lógica lo que está ocurriendo en el Fideicomiso Universidad Marítima y Portuaria de México (FIDENA).

El 20 de mayo se publicó la licitación LA-13-J4V-013J4V001-N-219-2026 para contratar la vigilancia de sus cinco centros de costo. El procedimiento comenzó a alargarse: el fallo fue diferido en diversas ocasiones hasta que finalmente, el 6 de agosto, la licitación terminó desierta.

FIDENA tuvo entonces que recurrir a adjudicaciones directas temporales para salir del paso ante la falta de adjudicación y evitar la interrupción de un servicio indispensable. Entre los proveedores contratados aparece SEPIVER, S.A. de C.V., para instalaciones de Mazatlán, Tampico y Veracruz.

Hasta ahí podría tratarse simplemente de una contratación que no salió como se esperaba. El problema aparece después. El 8 de septiembre FIDENA publicó una nueva licitación, la LA-13-J4V-013J4V001-N-304-2026. El objeto es prácticamente idéntico, pero las reglas ya no son las mismas.

Revisamos ambas bases y en el nuevo procedimiento aparecen cambios en la manera de acreditar experiencia y especialidad. Para determinados contratos privados se incrementan las exigencias documentales, incluso facturación, para comprobar su ejecución; se solicitan documentos relacionados con su conclusión y se modifica el número máximo de contratos susceptibles de valoración.

Dichos cambios no deben pasar inadvertidos. Más aún cuando encontramos una curiosidad difícil de explicar: en los requisitos para acreditar especialidad de una licitación para contratar vigilancia aparece una referencia a contratos de “servicios de simuladores o sistemas equivalentes”.

¿Un copiar y pegar de otro procedimiento? Puede ser. Pero justamente de eso habla la prevención. Las bases de una licitación pública no son un trámite burocrático menor: establecen quién puede participar, qué experiencia cuenta y bajo qué condiciones se gastará dinero público.

Por eso sería sano que la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno volteara a revisar este procedimiento antes de que concluya. No para prejuzgar ni señalar culpables, sino para aplicar exactamente el criterio que Buenrostro y la propia Presidenta acaban de defender: revisar antes del fallo y no cuando ya existe un contrato firmado.

Más aún, cuando hay otros asuntos en FIDENA que aconsejan mantener los ojos abiertos.

En enero se registró un episodio de malestares gastrointestinales entre cadetes de la Escuela Náutica de Mazatlán después del consumo de alimentos. Meses después se realizó una nueva contratación de alimentación para ese plantel. ¿Qué ocurrió con aquel contrato y cuál fue el resultado de la investigación sanitaria?

En limpieza también existen interrogantes. FIDENA contrató este año a Brilanta Service, empresa que meses después enfrentó en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) un procedimiento de rescisión administrativa por incumplimientos contractuales, entre ellos la falta de pago a trabajadores.

Vigilancia, alimentación y limpieza. Tres expedientes distintos, un mismo refrán: cuando el rio suena agua lleva.

*Especialista en Ciencia Política y Gobierno.
avilezraul@hotmail.com

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