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“T-MEC debe ser negociado como plataforma de desarrollo y acompañado por una política que incluya al sureste”: Pablo Cotler

Foto: Cortesía

El tratado de libre comercio de México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) debe servir como plataforma de desarrollo de todas las regiones del país, de acuerdo con la visión de Pablo Cotler Ávalos, académico del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México (CDMX).

En entrevista para La Hoguera, Pablo Cotler mencionó que su idea central es que México no debe negociar el T-MEC simplemente como una palanca de crecimiento económico, sino que debe visualizarlo como una plataforma de desarrollo. Explicó que el objetivo no debe ser simplemente exportar o vender más barato, sino producir con más valor, generar mejores salarios, incluir a más empresas y a las diversas regiones del país en la producción nacional.

“Puede ser una muy buena herramienta para crecer y desarrollarnos. El ingrediente que nos falta trabajar más es un buen diseño de política pública con un enfoque regional. Pero para que sea así tiene que trascender los gobiernos, tienen que ser políticas de Estado y para eso lo que se requiere es que quien esté en la presidencia realmente logre concertar con políticos de distintos partidos en una especie de estrategia común. Si no vamos a hacer eso, no vamos a salir adelante”, advirtió.

T-MEC: una puerta para México hacia el mercado de EU… a la que el sureste no llega

El doctor en Economía por la Universidad de Boston mencionó que si bien México es visto como una «potencia exportadora», no se ha logrado elevar significativamente el contenido local de la producción ni el valor agregado. Resaltó que esto último es lo que permite pagar mejores salarios, obtener mayores ganancias y poder reinvertir.

El especialista en sistema financiero y desarrollo económico planteó que a ello se le suma que los grandes beneficiarios de este tratado son básicamente la zona norte del país. Resaltó que el sur y sureste del país, para efectos prácticos, está totalmente desvinculado de toda la cadena de valor que implica todo un proceso productivo que termina en las exportaciones hacia el país vecino del norte.

El académico dijo que el país tiene dos economías avanzando a ritmos muy distintos, de modo que lo que se debe hacer es levantar el ritmo de la economía del sureste mexicano. En ese sentido, explicó que lo que se requeriría es lograr una mayor inversión pública para potenciar la región, así como empresas medianas y grandes que permitan generar un mayor mercado interno.

—¿Por qué falta una política para aprovechar el T-MEC en todo el país?

Cotler Ávalos consideró que —en términos generales– no ha habido en los últimos 20 años una política que busque aprovechar el tratado de libre comercio en Norteamérica para lograr un mayor desarrollo productivo y tener una economía incluyente. Consideró que los tratados con Estados Unidos han sido una palanca para fomentar las exportaciones, pero reiteró que —pese a que favoreció la industrialización de la economía mexicana— el problema es que el contenido local es relativamente bajo en los productos ofertados.

Cuestionado sobre el motivo de la falta de esta política cuando en el periodo mencionado han gobernado el Partido Acción Nacional (PAN), Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Morena, consideró que se trata de una mezcla de factores. Mencionó que en un inicio, quizás, se pensaba que el extinto Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por el simple hecho de abrir acceso al mercado estadounidense se iba a convertir en una palanca de crecimiento; no obstante, enfatizó que esto no detonó complejos industriales y manufactureros a lo largo del país por igual.

Resaltó que a inicios del siglo XXI hubo intentos de tener políticas focalizadas para incorporar al sureste en la dinámica productiva nacional. Sin embargo, sospechó que hubo un conjunto de trabas que impidieron su desarrollo, entre ellas la oposición de las poblaciones locales a inversiones para fomentar exportaciones.

Además, pidió no olvidar que en las últimas dos décadas y media el país ha vivido también los efectos de las crisis financieras internacionales de 2008 y 2020. Apuntó que estas, junto a los cambios de partidos en el gobierno, han llevado a los gobiernos a “distraerse” y dejar pasar la oportunidad de implementar una política sostenida de industrialización para todo el país, además de falta de «paciencia» de las autoridades.

Abordado respecto a por qué el sector empresarial no ha presionado para que exista, estimó que ello ocurre porque los responsables de cerca del 80% de las exportaciones, aproximadamente el 1% de las 50 mil empresas que participan bajo el cobijo del T-MEC, tienen todo lo que requieren para funcionar. Planteó que estas se han «enganchado bien» al tratado comercial y no tienen la necesidad de mirar al sur, de modo que a dicha problemática le toca intervenir al sector público.

—¿Qué se requiere para lograr conectar al sur con el T-MEC?

Pablo Cotler declaró que —a su consideración— lo que hace falta para que el T-MEC tenga impacto positivo en el sureste de México es empezar por mejorar las vías de comunicación, promover una «justicia moderna» ante percepción empresarial de que en esos estados no se cumplen las leyes, y un mejor sistema educativo. Sobre esto último, resaltó que ante la eventual llegada de fábricas, su operación requerirá de obreros con habilidades más cercanas a las industrias.

Este aclaró que ello no implica per se dejar de lado el empleo agrícola existente, pero sí podría implicar pensar en cómo transitar hacia una agroindustria. En ese sentido, resaltó que ello implicaría una parte técnica, pero también de ajustes a los derechos de propiedad para poder explotar bajo ese nuevo sistema tierras que ahora son ejidales o comunales.

Al preguntarle si los «polos de desarrollo» impulsados bajo los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum Pardo ayudan a conectar al sureste con el T-MEC, el académico universitario pidió analizar cómo se están gestando. Al respecto, resaltó que si son puntos determinados por el Estado, eso es un «mal arranque», ya que la localización de los mismos tiene que ser concertada con el sector productivo, el cual también analizará el potencial del sitio.

«Tiene que ser así porque no son empresas del gobierno las que van a ponerse en los polos de desarrollo, sino empresas del sector privado. Tiene que haber también incentivos para el sector privado para insertarse en esos espacios y debe haber inversiones en términos tanto logísticos como de seguridad”, expresó.

El experto indicó que en el marco de la revisión del T-MEC, México tiene una oportunidad importante de promover el establecimiento de «reglas de origen». Explicó que ello significa que el país podría obligar a las empresas norteamericanas a que no se queden solo en el norte del país, sino que bajen al sur del territorio.

“Por ejemplo, [también] necesitamos poner políticas industriales nacionales que de alguna manera impulsen el contenido nacional», dijo. No obstante, advirtió que esto choca con lo mismo que está buscando Estados Unidos, que es la reindustrialización. “Nosotros también deberíamos estar poniendo condicionantes. Nuestro riesgo es que no nos acepten esos condicionantes”, expuso.

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