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Chispazos

¿Podría 2018 ser el año de López Obrador?

Foto: Cuartoscuro

El próximo año traerá consigo una enorme efervescencia política y estará marcado sobre todo por unos comicios que servirán para elegir al Presidente de la República; a ocho gobernadores; al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México (CDMX); a 500 diputados y 128 senadores federales; a 1,596 presidentes municipales; a 972 diputados locales; a 24 juntas municipales (en Campeche); y a 16 alcaldes y 160 concejales (en CDMX). La atención se centrará, sin embargo, en la contienda por la Presidencia, en la cual los candidatos o precandidatos más visibles hasta el momento son Andrés Manuel López Obrador (Morena/PT/PES), Ricardo Anaya (PAN/PRD/Movimiento Ciudadano), José Antonio Meade (PRI/PVEM/Panal) y Margarita Zavala (Independiente).

En dos encuestas publicadas este mes, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llevaría una ventaja clara. En la primera, realizada por Defoe-Spin, AMLO superaría en una proporción de 2 a 1 a Meade y a Anaya ostentando presumiblemente un 30 por ciento de la intención de voto. En el segundo sondeo, éste de Parametría, si hoy fueran las elecciones, AMLO las ganaría con un margen de 10 puntos sobre la coalición PAN/PRD/MC y la del PRI/PVEM/Panal. Una tercera encuesta, de Consulta Mitofsky, posiblemente un poco más comprometida, declara un “empate técnico” entre AMLO (22.6% de la intención de voto), Anaya (23.1%) y Meade (21.4%).

Estas encuestas no son más que meras instantáneas que captan un momento particular y poseen una carga subjetiva enorme; por esa razón, sería peligroso tomarlas como predicciones certeras. No obstante, estos estudios de opinión retratan lo que, a mi parecer, podrían ser las claves para propiciar una victoria de AMLO en las urnas. La primera clave que se desprende de estas encuestas sería la evidencia de un claro hartazgo de la ciudadanía con los partidos dominantes y más tradicionales (PRI, PAN, PRD). Aunque López Obrador emana de esa misma maquinaria rancia, el discurso que se ha forjado a través de los años como el luchador social víctima de “la mafia en el poder” lo posiciona como una alternativa “fresca” ante una gran porción de los electores. Un segundo factor esencial que favorecería a López Obrador en las elecciones de 2018 es la larga y profunda campaña electoral que ha realizado por todo el país desde 2005. En estos 12 años, AMLO ha recorrido prácticamente todo el territorio nacional logrando mantenerse vigente en los medios, ya sea para bien o para mal.

La tercera clave en estas tendencias pre-electorales sería el cambio demográfico que ha vivido nuestro país en los últimos seis años. En los comicios de 2012, AMLO obtuvo alrededor de 37 por ciento de los votos de los ciudadanos mayores de 18 y menores de 30 años edad. Es decir, captó casi 4 de cada 10 votos de la Generación Y o Millenials. En 2018 se incorporarán por primera vez al padrón electoral unos 10 millones de votantes conformados no solo por el remanente de los Millenials que no pudo votar hace seis años, sino también de los Centennials o pertenecientes a la Generación Z, cuyo rasgo predominante es cambiar el estado de las cosas, estar más involucrados con su entorno social y preocuparse por el futuro, características que podrían ayudarle a AMLO en este segmento más que a cualquier otro candidato. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional Electoral, entre Millenials y Centennials sumarían alrededor de 35 millones de votantes de entre 18 y 34 años.

La cuarta pista que descifro en las encuestas citadas tiene que ver también con el mismo dato demográfico de los Centennials: son la primera generación nativa digital. Esta realidad significa que los dispositivos móviles, internet y las redes sociales son algo obvio y esencial para estos jóvenes y, por esa misma razón, están hiperconectados y consumen una gran cantidad y variedad de contenidos. En este rubro, López Obrador está mucho mejor ubicado para captar la atención de los Centennials que sus contendientes, ya que tiene un mejor posicionamiento en medios digitales, además de que es mucho más mediático, carismático —para sus seguidores— y controversial —para sus detractores—.

Tabla 2. Evolución de apoyo a los partidos autoritarios. 1980-2016

Fuente: Timbro, Authoritarian Populism Index 2016, https://timbro.se/allmant/timbro-authoritarian-populism-index-2016/

Como última clave me centraré en los cambios sociales y políticos que se han venido gestando en las últimas dos décadas en las sociedades globales. El mismo hartazgo que experimentan muchos mexicanos hacia los partidos tradicionales es lo que sienten muchas otras naciones acerca de sus respectivos sistemas políticos. Este hastío, entre otras cosas, ha facilitado en Europa el surgimiento de partidos políticos cuyas posturas son cada vez más orientadas hacia el populismo autoritario (ver tablas 1 y 2).

A esta transformación hacia el populismo también podría responder, en parte, la derechización de AMLO y su subsecuente controversial alianza con el Partido Encuentro Social (PES), que ha causado escozor entre propios y ajenos. Esta misma propensión hacia el populismo autoritario fue la que hizo posible la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, la que ha apuntalado a muchos partidos de extrema derecha y la que eligió a Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Este “estallido del populismo” podrá ser el nuevo enemigo a vencer, como lo denominan Mario Vargas Llosa, Enrique Krauze et al, pero —sin duda— lo ha ejercido López Obrador en su beneficio y podría ganarle las próximas elecciones. A final de cuentas, 2018 sí podría ser el año de AMLO.

* Periodista con estudios de doctorado en Relaciones Internacionales en el London School of Economics and Political Science. Consultor.

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